Poemas de Jennifer Marline Rodríguez

De su libro Claroscuros de mi memoria

IV

Predigo una tormenta que se avecina
Y amenaza con derrumbar estas paredes,
edificadas, pacientemente,
desde la prudente serenidad que me corona.
Presiento que quedaré sepultada bajo mi esfuerzo
cuando se deshagan las paredes.
Desespero.
Construyo una escalera de palabras
cuyos escalones se tienden hacia el otro.
Peldaños que pueden escalarse despacio, aprisa,
con furia o frialdad, con miedo o angustia.
He resbalado en esa escalera,
como si cada eslabón fuese tan frágil,
como si la cadena estuviese pendiente,
dispuesta para que yo me cuelgue en ella.
La saeta crepuscular hiende mi corazón.


Parto rauda

Emulo el caudal de viento que arrastra salvajemente el caballo iracundo
en su lomo
El estruendo de un río cuya huida imparable pretende el infinito
Soy ese infinito
Habito las palabras del silencio hacia las miradas ajenas
Visto el eco de este pasillo cual una capa que abrigase mi frío
Y la capa se ondea en los giros a los que me aventura el camino
Y el aire la arrastra la agita y deja una estela de magia
Es un velo destinado en su vaivén a descubrir un secreto innombrable
Desacostumbro mis pisadas de los vagos rumores de la palabra
Me aviso a un silencio estático
Llueve.
Es un viernes señero que resume todos los otoños.
Me abro hacia la tarde, sin los antiguos miedos,
Desando las existencias que me poseen para liberar mi ser hacia esta inmensa plenitud.
Me embriago de-bocados-de-agua-de-esta-lluvia que se tiende como alfombra ante mis pasos.
Los goterones ahogan mis ojos.
Compilo las memorias de cada bocado mientras recorre mi cuerpo.
Me embarco en la sonrisa, sobre las frías aguas de la soledad y la distancia, ¿en qué peñascos me harán anclar cuando, turbias, estas aguas me arrojen indolentes hacia la isla que puebla a las almas?
Parto, ingrávida,
sin el peso de un pensamiento, de un sentimiento, de esta voz…
sin el peso de un latido.