Rosa

Columna: Cola de León
Sección: El Domingo/Listín Diario
Luis Beiro

Rosa Silverio sobrevive a su propio fantasma. Con 24 años y un libro de versos ha salido a abofetear la forma de vida que rechaza. Vuela ‘‘buscando alejarse de sí misma, ansiando beber del misterio que guarda en su seno la luz’’ porque quiere crecer del otro lado del tiempo. Ella insiste en revivir alcances obsoletos, como si el mundo no pudiera romper su grandioso desdoblar. Rosa Silverio no teme escribir poesía porque su mano ‘‘se suicida lentamente, como la última nota de una marcha fúnebre’’ ante los ojos de una sociedad que cada día cree menos en sí misma. Vive en Santiago, el centro del mundo, y desde allí organiza magníficos estruendos. Rosa Silverio sabe que la vida termina cada anochecer, y no teme trastocarse en ‘‘lámpara que destila olvidos’’. Su primer libro de poemas, ‘‘De vuelta a casa’’, trae la poética de la magia dicha en alta voz; se ríe de nosotros, nos remuerde el color comprometido y nos enciende la memoria encima de la mesa alucinante.

Ella trata de confundirnos cuando dice que ‘‘se ha hecho tarde para hilvanar mariposas’’. Pero mucho cuidado con esta muchacha que no inventa romances para príncipes blancos: ahora, ella ‘‘se asemeja a los pliegues de papel que yacen marginados en los rincones de su casa’’. Rosa Silverio ‘‘ha vuelto a casa’’ para enfrentar sus magnitudes: canta para ‘‘aquellos que aúllan en la noche’’ y también hace rodar ‘‘las cabezas de las fieras’’. Me gusta que no sea débil ni emblemática. Me gusta que sea ella misma desde su temprana madurez. Bienvenida a este juego de ser distintos: le sobran aguaceros y serpientes.