Sobre De vuelta a casa

Columna: Libros Dominicanos
Sección: La Vida/Listín Diario
Francisco Comarazamy

Una laureada del certamen literario ‘Terminemos el Cuento’’, organizado y sostenido por LISTÍN DIARIO, ha publicado un tomito de versos bien y hermosamente cincelados como todo lo que brota del corazón. El título es llano pero expresivo: ‘‘De vuelta a casa’’.

Muchas personas no se dan cuenta en lo más mínimo de que al pronunciar esta palabra -corazón- tan corriente, al parecer, el poeta de verdad apuesta a ella y se pregunta ¿habrá algo más sensible, en la vida, que la poesía? La poesía de Rosa Silverio hace en ocasiones que él desatienda la filosofía para internarse en las idealidades de la belleza, el hilillo de los nobles sentimientos, la praxis imprescindible, la cifra del instinto y la compensación de la ordinariez de la vida, para llevar la poesía a como quiso que fuera Cervantes: ‘‘una bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, que se contiene en los límites de la discreción más alta’’.

Pero esta joven autora no es solamente poeta, sino una cuentista cuya producción ha sido acogida con beneplácito, citando, entre otros, ‘‘Pasta seca’’ y ‘‘Mariluz hoy no se levanta’’, en los cuales hay también poesía incrustada en cada línea.Para expresar la bondad de cualquier cosa se dice ‘‘para muestra un botón’’. Y aquí tenemos en ‘‘Mariposa’’, poema con que ella abre su florilegio: ‘‘Ya te vas, mariposa, agitando la magia entre tus alas,/ cabalgando mi sueño en tu lomo de espuma./ No importa que el tiempo se demore,/el rastro de tu vuelo no muere/cuando a tu madeja se la antoja dormir...’’

Otro ejemplo de la calidad de su poesía es el breve canto ‘‘Si yo muriera’’: ‘‘Si yo muriera/ se dormirían para siempre las flores, el angosto camino se volvería más ancho,/ la vida se quemaría mientras le abro las alas al sueño;/sabría la lengua ensalivar mejor la palabra,/el gusano conocería alimento/después de veinte y tantos años de ayuno’’.Los dibujos con que Rosa Silverio anima su poesía, que son frenéticos dentro de una amplia simbología, pertenecen a Antonio Guadalupe y Rafaela Luna, cuyas imágenes son como envíos completivos de la inspiración de la autora, a veces plena de tristeza y en otras de alegría y ansias.