Criatura



Escucha, criatura, si fueras mi hijo, te vestiría todo el cuerpecito de rosas, correría hacia aquel monte y traería canela y almizcle para perfumar tu cuello, apartaría los cristales que nublan tu mirada y no dejaría que alguna mano áspera estropeara tus mejillas. Si fueras de mi vientre, criatura, si tu semilla hubiera germinado en la aridez de mi terreno, tapizaría de espuma todos tus caminos, soplaría una brisita fresca para empujar la hoja más allá de la arboleda donde cultivaron tu huerto.

Si fueras mío, de cualquier mujer, y no de la jaula en la que se ahogaron tus sueños, serías fuerte y feliz, dejarías la huella de tu sonrisa y nunca sabrías de las arrugas que envejecieron tu mente. Mira, niño, si acaso el mundo no te hubiera ensanchado la mirada, me rompería los brazos para hacerte una cuna, exprimiría mis gajos en tu boca y te llamaría grano de azúcar, muñeco de trapo, juguete de madera...
© Rosa Silverio 2002
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