Pertenencias


(Te quiero. Fausto Ortiz)

A ratos siento que nada me pertenece
ni siquiera la cordura.
Todo se pierde en el beso,
en la nostalgia de los años,
en el tímido rumor de la alegría.
A ratos la canica se olvida que rodar
era su juego preferido
y se consuela en el rincón
en donde guardo todos mis enseres.
La vida dejó de correr,
olvidó que existían los propósitos
y se rindió con pesadumbre
en el paraje más cercano;
sin exigir explicaciones, sin mediar acuerdos,
simplemente se cansó de correr tras utopías.
Así se me cansaron las cosas,
los recuerdos, el cuerpo, las ideas,
y el amor pasó a ser una postal
que no logro precisar en mi memoria.
Desde entonces, a ratos pienso
que nada de lo acumulado ha sido mío
y que "tener" es un verbo demasiado inmenso
del que tan sólo conozco sus orillas,
sus bordes generales,
su inconstancia y su afán de seducción.
A ratos
este todo del que a veces presumo
se disuelve sin nostalgia y sin remedio
en el huerto que me espera
cuando nada alargue la costumbre.


© Rosa Silverio 2005
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