El niño de Somalía



Hace muchos años que conozco a Pascual. Él ha sido un buen amigo y gracias a su luz he descubierto algunas de las maravillas de la vida.

Durante una época de mi existencia tuve períodos de tristeza muy largos y cada vez que le decía a Pascual que me sentía mal él me preguntaba quién estaba peor: un niño de Somalía o yo.

Mi buen amigo me decía: Siempre que te sientas mal piensa en si eres tan desdichada que tu tristeza y tu dolor pueden compararse con las penurias y el infortunio que vive una criatura nacida en Somalía.

Esto me ayudó muchísimo pues siempre que me sentía fatal tenía que terminar reconociendo que mi circunstancia no era tan trágica como la de un pequeño Somalí.

Hace mucho que dejé de pensar en el niño de Somalía con el que me comparaba. Pero en esta navidad su recuerdo ha vuelto a mi memoria puesto que por un lado he estado pensando en la alegría y abundancia de estas fiestas, y por el otro he estado muy preocupada por la vulnerabilidad de los infantes que tienen que vivir en un mundo que cada día se vuelve más violento y peligroso para ellos.

He pensando en todos mis amigos y en mí misma. En nuestras quejas frecuentes ante la menor nimiedad; en que Joanne nunca tuvo un arbolito, Junior pasará otra navidad lejos de su familia, mi tío Isidoro llamará a mi abuela llorando en estos días, Luis tiene el corazón roto, Joel está solo, Elizabeth de seguro recordará a su madre quien hace mucho cerró los ojos para siempre, y yo... bueno, mis padres se separaron en navidad.

Todos nosotros tenemos una pena, alguna herida que no ha cicatrizado, alguna carencia, alguna nostalgia o algo que lamentar. Pero si nos fijamos bien, si miramos con detenimiento el vaso, nos daremos cuenta de que "no es lo mismo" puesto que lo que nosotros vemos medio vacío, quizás otros lo ven medio lleno.

Nosotros, o la mayoría de los que incluyo en este "nosotros", tenemos unas circunstancias mucho más favorables que aquellos, los desheredados, "los del montón salidos" (como diría un poeta dominicano). Quizás esta no sea nuestra mejor navidad y las pasadas tampoco hayan sido tan buenas, pero les aseguro que es mucho mejor que la de los niños y niñas de Somalía, cuya única suerte es la de nacer y estar vivos, pues para su desgracia viven en un país cuya cultura y belleza es relegada al último plano debido a que la miseria y el hambre se imponen.

Desde hace años Somalía depende de la ayuda extranjera, la guerra civil ha cobrado la vida de miles de nativos, la mayor parte de la población no recibe asistencia sanitaria y la expectativa de vida se ha reducido a 44 años los hombres y 47 años la mujer.

En una web sobre Somalia encontré la opinión de Chris Daley, logista de una ONG en Gaalkaayo quien dice: "La palabra que utilizaría para describir Somalia es 'brutal'. Desde que nacen hasta su muerte, cada momento de la vida de los somalíesestá marcado por la brutalidad. Me atrevería a decir que la vida aquí tiene muy bajo precio. Resulta muy fácil perderla."

Si dedicamos un tiempo de nuestro día a meditar, nos daremos cuenta de que la situación de la niñez somalí es realmente desafortunada y cruel. En comparación con la suya, la nuestra parece una fiesta.

Pero el asunto no se queda allí... no es sólo el pequeño de Somalía. Hay más niños y niñas sufriendo en todo el mundo. Según un artículo publicado en la BBC Mundo, firmado por Mariusa Reyes, se calcula que en Centroamérica hay unos siete millones de menores trabajando en oficios no aptos para ellos. Tan sólo en Guatemala hay aproximadamente un millón de criaturas menores de catorce años "manipulando pesticidas en los campos, picando piedras en las orillas de los ríos o fabricando fuegos artificiales para el negocio millonario de la pirotecnia".

Por otro lado, según la UNICEF , más de dos millones de infantes son explotados sexualmente en el Sudeste Asiático. En Lituania entre un 20 y un 50% de las prostitutas son niñas de 11 ó 12 años, en la India hay aproximadamente 500,000 niñas explotadas sexualmente, en Tailandia un tercio de las mujeres prostitutas son menores de edad, en México hay 16,000 niños y niñas que son ofertados en diferentes puntos turísticos, y qué decir de República Dominicana... Aunque no hayan estadísticas pues en este país ni siquiera se sabe cuántos habitantes hay, si uno se asoma por Samaná, Puerto Plata, Punta Cana o Boca Chica, las niñas son ofrecidas como si fueran reses. Es bien sabido que este es el refugio para muchos pederastas europeos, canadienses y estadounidenses que son perseguidos por la justicia, o que vienen aquí a realizar sus videos y a buscar más menores para violar.

Pero en este puntito caribeño "colocado en el mismo trayecto del sol" no sólo hay explotación sexual. En esta época muchos padres irresponsables le compran a sus hijos fuegos artificiales y cuando éstos pierden un ojo, un brazo o la vida, se lamentan pero a los pocos días vuelven a comprarles más explosivos.

En esta época también salen los bravucones que andan armados (en RD tener un arma es sinónimo de poder y muchos andan con sus pistolas sin permiso y/o sin habérsele hecho un reconocimiento sicológico) a disparar al aire para festejar la navidad y debido a ello muchos niños han perdido la vida. Como a Juancito Pérez nadie le conoce y talvez no les duela (porque nos duele más lo "conocido y famoso" que lo anónimo) les comento que, si mal no recuerdo, el año pasado la esposa de Juan Luis Guerra tuvo que ir de emergencia a una clínica porque tenía una bala alojada en su rodilla derecha. Resulta que Norma estaba sentada en su terraza y de pronto sintió el pinchazo en esa parte de su cuerpo. No fue un ladrón que entró a robarle ni alguien que quiso matarla. Nadie le apuntó directamente a la esposa de Juan Luis. Fue una bala perdida que encontró hogar en la rodilla blancuzca y delicada de la señora.

Otro de los casos es el de los niños y niñas de Higüey que fueron abusados sexualmente. Señores, hace semanas el cura y los demás sometidos a la justicia, fueron puestos en libertad por un juez que al parecer no tiene hijos. En este país la impunidad es el pan nuestro de cada día y la pena es que en esto haya podido más el poder de una iglesia. No puedo entender cómo la iglesia católica, que dice predicar el bien y la justicia, proteja a estos pederastas que violan a nuestro hijos y les roban su niñez. Si de verdad los eclesiásticos católicos quieren hacer algo bueno, que entreguen a los criminales que se refugian en su seno, ya que nunca repartirán las riquezas del Vaticano.

Pero volviendo a la idea primigenia de esto, si nos fijamos, nosotros, a pesar de nuestras pequeñas desgracias personales, somos seres afortunados y estas navidades debemos disfrutarlas dando gracias a la vida por la bondad y sus frutos. Y si les alcanza el tiempo para algo más, no se queden indiferentes, hagan algo, levanten una banderita blanca aunque sea, pero hagan. Necesitamos que la gente pierda el miedo, que no se queden calladitos por temor a hacer el ridículo, salgan a la calle y tiendan la mano. Como dice Reese Witherspoon en Legally Blondy II: Speak! . Hablen, digan cualquier cosa, pero no se queden en la serenidad y el abandono, no sean cómplices de todo esto porque una palabra quizás (y quiero creerlo) puede salvar el mundo.

Así que ya saben, amigos. Pasenla bien en estas navidades, disfruten de la abundancia de estas fiestas, beban una copa de vino a mi nombre, y recuerden que puede que estemos mal... pero podríamos estar peor. También recuerden que además de agradecer, siempre es chévere dar un poco de sí, no sólo en diciembre sino en los 365 días del año.
Fotos: Fuente externa