En mi interior

(Danae. Gustav Klimt)

En mi interior hay un abismo y una sucesión de olas que nunca se terminan. Hay una herida antigua y trasnochada, abierta al mundo como una ofrenda que se deposita en un altar y queda expuesta a la mirada de todos. Hay una barca sin remos, una tumba dormida, un farol y una aguja, un sapo y un reloj de arena.

En mi interior hay huracanes y miles de peces que se resisten al sueño. Yo los arrullo en mi seno, les susurro una canción de cuna aprendida en mi infancia, pero ellos prefieren hundirse en mi simiente, navegar por mi sangre débil y cansada, recorrerme de arriba hasta abajo y de vez en cuando, si se les antoja, anclar en mis arrecifes o en mis nervios.

Dentro de mí hay un monstruo que me acecha y cuando yo abro los ojos siento miedo. Es oscuro e impreciso, pero ahí está, protegido por mis sombras, resguardado en mis cavidades y recodos. Esperando… esperando….

En mi interior hay un barco de papel que ha perdido su cauce y una mano pequeña que lo guía nuevamente hacia la corriente. Barco perdido a mis seis años, cuando el mundo era tan grande y luminoso que yo me creía todos los cuentos infantiles, y soñaba con príncipes y hadas madrinas que nunca me visitaron.

Dentro mío, muy dentro de mis carnes y mis angustias, hay un caracol y la mitad de una luna. La otra mitad la colgué en el firmamento, convencida de que me era imposible tenerla por entero, poseerla en su absoluta totalidad de satélite y blancura. Yo me quedé tan sólo con una parte que parece una sonrisa. Ella me consuela cuando la pena me desmorona el alma y se ondula para mí como una hamaca dispuesta a mecer mis sueños rotos, mis lágrimas viejas, mis ansias de niña, mi terrible desnudez.

En mi interior hay una araña y un lago, un murciélago insano, una cometa perdida, un corazón desnudo, una lámpara rota, una cuna sumergida.

En mi interior hay un camino que conduce a ninguna parte, un cadáver y una estrella, una puesta de sol y un marinero, una brújula loca, una incesante partida, un embudo, una daga, un hasta siempre, un adiós…
*Escrito esta mañana, después de una noche sin sueño en la que salí a cazar ladrones imaginarios, comí galletas y bebí limonada.
**Especialmente para el blog. Sin afán de hacer poesía.