Ven


(Imagen: Fuente externa)

No has llegado y ya ha oscurecido. Estoy completamente desnuda y tengo frío, amor. Frío en el vientre y en mis recodos. Frío en las brazos que te esperan. Tanto frío en los pies, en la costura de mi pecho, en la punta de mis ramas.
Por eso ven en esta hora absurda y enamorada. Ven y enrédate en las hebras de mi sexo. Frota mis senos hasta que se calienten bajo tu mano tibia, tu mano dulce, tu mano delicada y abierta al mundo como una ventana que se abre a todas las cosas con que sueño.
Ven, amor mío, en esta noche gélida y solitaria. Recuéstate a mi lado y recorre mi desnudez blanca, mi pelo triste, mis ojos de gata, mis labios que se doblan como el tallo de un junco ante el contacto de la yema de tus dedos, ante el acercamiento de tus labios, ante tu sed de amante acostumbrado.
Yo te esperaré en nuestra cama. No recordaré las heridas del pasado, ni el picoteo de los buitres, ni las abejas que una vez me persiguieron. Tampoco resentiré la dureza de la piedra o la terrible quemadura que abrió surcos en mi corazón.
Si vienes, si te atreves a saltar los muros y abrir los cerrojos de mis puertas, te prometo que no habrá reloj ni campana que nos distraiga. Sólo me importará la suavidad de tu cuerpo junto al mío, la madeja de tus sueños, las lunas y las canas en tus sienes, el ardor en tus caderas, la cabalgadura prometida, tu sudor milenario y las hendiduras por donde me hundiré en ti toda la noche, todos los días, todos los meses, todos los años, toda mi vida… si tú quieres.
*Estaba aburrida y extenuada después de un día de trabajo. Necesitaba relajarme. Este es el resultado.