Columna de Gris

Por considerarla de gran importancia, debido al tema que trata, aquí comparto con ustedes la columna Sonajero de la periodista Grisbel Medina, correspondiente al jueves 23 de febrero.



Grisbel Medina R.

La noticia fue publicada hace un año. “La Iglesia Católica concluyó un acuerdo por 100 millones de dólares con las víctimas de abuso sexual infantil en California y además admitió que los sacerdotespedófilos fueron protegidos por la cúpula religiosa”.
El dinero no compensa la vida y autoestima que se escurre por el golpeemocional y físico de una violación. Al menos, publicar la culpa es ganancia en una sociedad acostumbrada a pintarrajear lo que no conviene y mercadear bien lo que se aspira.
Aquí respiramos el ventarrón de la impunidad. Nos tragamos el “honorable” descargo de los “angelillos” del Plan Renove y arropa la impotencia porque a casi dos años de copar el horizonte con elescándalo de agresiones sexuales contra niñas y un niño en el albergue católico, San Francisco Javier de San Rafael del Yuma en el Este, las señales desarropan las víctimas y encubren la cuadrilla agresora.
Esa vez, ningún pastor, cura ni obispo acompañó las marchas comunitarias exigiendo justicia por el constante deshojo a la niñez pobre. Las sotanas dominicanas, tan amantes de diálogos y danzar en eldebate nacional, se tragaron la lengua mientras se publicaba que las camas de menores de 10 años eran vendidas con todo y piel a gente común y abusadores con status.
Fue más fácil culpar a empleados domésticos para darle chance al diácono y director del albergue, Rigoberto González Padial, a viajar desde el Este a Santiago para intentar fugarse (disfrazado) por el aeropuerto cibaeño. Y luego de cuchumil trotes y respectivos “yeyos”, el diácono murió, pero nadie, nadie vio el cuerpo.
Otro de los implicados, Alejandro del Rosario Divisón, fue liberado bajo fianza por el juez Modesto Bigay Bernardino en diciembre pasado. Otros, medidos con la vara libertaria son los sacerdotes Cirilo de Jesús, Ramón Antonio Betances y María Elena Mota.
Asombra que en la liberación intercedió el Obispado de La Altagracia a través del Movimiento de Cursillos. Mientras se bate el arco iris de las alianzas compradas, ni sotanas, ni la justicia se pronuncian para que el silencio y la complicidad colectiva no nos gane la batalla. La fe no puede cerrar ojos ni empañar hechos que descaradamente se renuevan con laviolación de tres menores en el albergue El Buen Samaritano, de Mao, tutelado por el reverendo Manuel de Jesús Rodríguez, hasta ser cerrado por el Consejo Nacional para Niños, Niñas y Adolescentes (Conani).
Inocultable e imperdonable lo sucedido en “refugios” dominicanos abanderados de Padrenuestros. En Higüey se taparon bocas, se silenciaron gritos, mientras hombres y mujeres (incluidos sacerdotes) destronaban inocencias, amparados en el respeto público emanado y proclamado por centros de “formación en la fe”.