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Francisco Comarazamy

‘‘Desnuda’’ de Rosa Silverio
Rosa Silverio escribía para este diario desde su ciudad natal de Santiago de los 30 hidalgos. La sensación que me producían sus trabajos era de una gran capacidad y sensibilidad humana, social y estética, pero que podía girar para cualquier lado en forma agradable. Desde el diarismo, la crítica y el ensayo. Ignoraba que era poeta y realmente lo es en un alto nivel. Una prueba que no deja dudas de ninguna especie es el contenido de su libro titulado ‘‘Desnuda’’, un verdadero estuche de nostalgias de un mundo de romanticismo etéreo.
Cuanto más incomprensible para la inteligencia es una producción poética, tanto mejor. Todo lo lírico debe ser en conjunto muy razonable, y en el detalle un poquito absurdo. Así más o menos se expresaba. Goethe en un aparente intento de definir una postura poética. En tanto que el Marqués de Santillana, al respeto definitorio se preguntaba en la dulce lengua portuguesa: ‘‘E qué cosa es poesía sinon un fingimiento de cosas útiles, cubiertas o veladas con muy fermosa cobertura, compuestas distinguidas escandidas por cierto cuento pesso e nidida?’’.
La jugosa portada y la primera ilustración de la segunda parte del volumen dan la sensación a la primera vista de una cosa distinta a la esencia del fin apostada por la autora. Pero eso no viene al caso frente a la calidad estética y la solidez moral de ‘‘Desnuda’’, si ajustamos la inspiración de Rosa Silverio a la definición de estos pareados de Storni: ‘‘Soy un alma desnuda en estos versos, /alma desnuda, que angustiada y sola, /va dejando sus pétalos dispersos’’.
Es verdad que la poesía da para todo. Para odiar y para amar. Todo depende del estado de ánimo. Por lo menos es lo que advierto en los versos de Rosa Silverio, todo un manojo de sensibilidad a expensa de la ‘‘imprecisión de la carne y la trágica insolencia de los huesos’’. Fausto Ortiz ha puesto con las ilustraciones de los poemas (fotografías en blanco y negro) el complemento exacto de la inspiración de Rosa Silverio, que siempre deja la duda de si se está en lo etéreo o pisando la tierra cálida de la realidad.