Métase en sus asuntos, Cardenal

(Imagen: Fuente externa)

Ya pasó la semana santa en la que los cristianos conmemoran la crucifixión de Cristo y celebran una serie de festividades religiosas. Es hora de que a usted, estimado lector, le hagamos una test. Busque lápiz y papel y responda (Sí o No) si usted realizó algunas de estas actividades durante la semana santa.

1. ¿Fue a un resort a vacacionar?
2. ¿Bailó en algún bar o discoteca?
3. ¿Fue al cine a ver alguna comedia en lugar de ver "La pasión de Cristo" o "Los diez mandamientos"?
4. ¿Se bebió una cerveza en el colmadón de la esquina?
5. ¿Bailó reguetón en el patio de su casa?
6. ¿Asistió a una fiesta o concierto que no fuera religioso?
7. ¿Salió del país y se dio la gran vida en tierras extranjeras?
8. ¿Se fue con el novio o con su amante para una lomita?
9. ¿Salió a "hacer esquina", a escuchar música al monumento de Santiago o en el malecón de Santo Domingo?
10. ¿Participó en una orgía, materializó la fantasía erótica de sus sueños o tuvo contacto sexual con una persona de su mismo sexo en uno de esos siete días sagrados?

Si la respuesta es sí aunque sea a una sola de esas diez importantísimas preguntas, entonces usted es un "inculto, inepto, pordiosero, ligero, incongruente, superficial, sin sesos en la cabeza y un animal con dos patas".

Todos esos sabrosos epítetos salieron de la boca olorosa a santidad del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien en declaraciones a los periódicos Listín Diario, El Caribe, Diario Libre y otros que reseñaron la información, advirtió que durante la semana mayor todos los dominicanos debían quedarse en su casa sufriendo por Jesús, reflexionando y participando de los rituales de su iglesia, en lugar de salir a "pecar".

En palabras del religioso: "Yo soy un hombre de fe, yo creo en lo que yo creo, así que lo que haga cualquier comediante u organizador de fiestas para estas fechas, no me interesa. Por estos incultos, ineptos y pordioseros de cualquier tontería, está el mundo como está". Luego agregó que no tiene ningún consejo que darle a la gente que sale a divertirse en esos días debido a que esas personas, con sus payasadas son las que contribuyen a que el mundo siga mal: "¿Qué mensaje se le puede dar a un inconsciente, a un superficial, a un ligero, a uno que no tiene sesos en la cabeza?". Y para rematar dice que esas personas viven "como los animales que le faltaron dos patas”.

¿Cómo les caen estas declaraciones? Parece que al caballero se le olvidó que la Constitución de la República Dominicana contempla en su artículo 8, acápite 8, la libertad de conciencia y de cultos, y que en ese mismo artículo, en el acápite 5 dice: "A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda ni impedírsele lo que la ley no prohibe". Así que yo me pregunto qué hace ese señor dictaminando lo que debemos o no debemos hacer los ciudadanos libres, responsables y constribuyentes de este país.

¿Por qué él simplemente no limita su discurso a los feligreses activos de su comunidad religiosa? Quizás porque con nuestro silencio, indiferencia y excesiva sumisión, le hemos dado el derecho (que no le corresponde) de dictaminar cuáles deben ser nuestras acciones, y también le hemos dado el poder de entrometerse en asuntos de la vida política y social dominicana que nada tienen que ver con su labor religiosa.

Parece que el cardenal se cree que en este país la gente no piensa, no tiene sentimientos, ni derechos, ni otra obligación que no sea la de servir a su Dios y claro, como él lo disponga. En un brillante artículo publicado en el periódico El Nacional por Sara Pérez, una de las periodistas más lúcidas de este país, ella utiliza su ironía para desenmascarar a la iglesia católica y a su representante local:

"Por fortuna, en la República Dominicana, todavía no ha prosperado un gobierno totalmente teocrático, como en Arabia Saudita, Irán, y esos países musulmanes en los que "imanes" y "ayatolas" inciden en la vida personal de cada quién, sometiendo a la población a lo que ellos dicen que es la palabra de Dios y vigilando a la gente con una "policía moral", que mete las narices en todo.

Nosotros no padecemos extremos tan rigurosos, pero la jerarquía de la Iglesia Católica, a pesar de nunca ha dejado de tener una cuota de poder exorbitante e ilegítima, que atropella libertades y derechos, jamás se ha resignado a la paulatina secularización de la sociedad occidental y suele vivir pulseando por volver a los tiempos en que El Papa ponía y quitaba reyes o, por lo menos, a cuando firmaba concordatos con los Trujillos del mundo." (Lea su artículo completo)

Es una pena que hayan pocos periodistas valientes y comprometidos con su oficio, y que Sara Pérez sea una aguja en el pajar de prejuicios y complicidades de este pedazo de isla.

Da pena también saber que quien nos critica y nos llama animales y pordioseros es un hombre que no sabe de pobrezas, que cena en restaurantes lujosos, viaja en primera clase, se viste con túnicas de oro, bebe del mejor vino y para colmo, fue a la escuela y ha estudiado mucho. Pero resulta que su educación, su oficio y su origen (proviene de un campo vegano), en lugar de convertirlo en un caballero de trato exquisito y alma compasiva, lo han convertido en un ser irrascional, inhumano, avasallante, irrespetuoso, prepotente y con aires de grandeza, que en ningún momento representa el espíritu caritativo, delicado y generoso que se supone caracterizó a Jesús.

En otra nota publicada por Listín Diario el sábado 16 de abril, se hace un perfil del sujeto en cuestión señalándolo como un hombre de "firmes convicciones" que se inmiscuye en todos los asuntos de la vida pública dominicana, y que siempre tiene una frase denigrante para referirse a los temas en los que él y su iglesia son sensibles: "López tampoco limita sus adjetivos para criticar a las ‘‘feministas a ultranza’’ o calificar de ‘‘salvajes y primitivos’’ a los homosexuales y de ’’carentes de moral’’ a quienes justifican el aborto. En su programa de televisión dominical ‘‘Fe y Acontecer’’, López Rodríguez usó en 2003 al menos 42 adjetivos, como ‘‘mediocres’’ e ‘‘ineptos’’, para referirse a las organizaciones no gubernamentales que promovían el uso de preservativos." Debo acotar que la publicación de esa reseña, precisamente en ese periódico, me sorprendió.

Como les comenté en un post anterior, el señor tiene todo un historial de injerencias y atropellos que en lugar de cesar, cada día se vuelven más agresivos e intolerables.

La pregunta que yo me hago es qué piensan los católicos practicantes de su representante, si es que acaso se sienten representados e identificados con una persona que actúa de esta manera, pese a que, si bien es cierto que existe la libertad de expresión, no menos cierto es que en sus discursos él vulnera nuestros derechos, agrede nuestra sensibilidad y humilla a los pobres, a los del montón salidos, a los que no han tenido el gran privilegio (que él sí ha tenido) de estudiar y hacerse cultos, y cuyo único consuelo en este país de ladrones de cuello blanco, es salir a tomarse una fría o a dar una bailadita para olvidarse de los problemas. Y, que yo sepa, Cristo dijo que precisamente de nosotros es de quienes estará lleno el cielo: "Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mateo 5:3).

En mi caso en particular, me habría gustado tener algo del dinerito que tienen en el Vaticano y que tiene el cardenal (y que Jesús no tuvo, ni San Franscio de Asís quien predicó la humildad), y del que la mayoría de los dominicanos carecemos, para irme a un lugar exótico (fuera de la isla), alquilar una villa lujosa con vista al mar y hacer el amor en la playa a la luz de la luna. También me habría gustado irme a un pub exclusivo en Europa o USA (las tierras de los pervertidos) a bailar y vivir la vida loca, o a lo mejor habría preferido disfrutar plácidamente mis vacaciones en algún hotel de la costa dominicana.

Creo que ya es hora de que alguien le diga al cardenal que se meta en sus asuntos y en los de su iglesia, en lugar de andar señalando a los otros. Recuerde, Nicolás, un dicho muy famoso que dice que "en boca cerrada no entran moscas", y otro muy trillado pero muy cierto, que dijo Benito Juarez: "El respeto al derecho ajeno es la paz".