Para recordar

(Rafael y Argentina)

Mis padres (Argentina y Rafael) se unieron de una manera extraña y apasionada. Argentina era una mujer inquieta, de esas que tiraban piedras en las manifestaciones, y un día asistió a una reunión política en la que conoció a Rafael, quien la enamoró mandándole acrósticos, poemas y canciones de los artistas de la época.

Cuando ellos decidieron casarse sabían que no podían hacer una boda como "Dios manda" (y como mandaba mi familia materna pues en aquella época ninguna muchacha salía de su casa si no era con velo y corona, bendecida por el Señor) porque ya mi padre se había unido por la iglesia a otra mujer de la que se había separado, pero legalmente estaba unido a ella. Así que Rafael urdió un plan astuto y arriesgado: organizó una boda falsa de la que nadie estaba enterado. Contrató a un actor que hizo de juez civil y llevó a todos sus hermanos, quienes tenían un carro listo por si se descubría la farsa y tenían que secuestrar a mi madre. Sé que eso suena muy de película pero es totalmente cierto. Luego de un mes todo se descubrió y mi abuela fue a buscar a su hija, pero ella no quiso regresar porque en realidad amaba a su hombre y estaba dispuesta a cualquier cosa por amor.
Ese fue el preámbulo de mi historia, ése, junto con el traumático suceso que aconteció cuando mi madre tenía siete meses de embarazo de su primera hija (de mí): ellos llegaron a casa y mi padre recibió siete disparos que impactaron en su cuerpo. Él por poco se muere, pero la vida quiso que se quedara estos años y me viera nacer, y me llamara Rosita, y me enseñara a escuchar a Joan Manuel Serrat, y me amara a su manera, y me obligara a ir a las fiestas familiares, y me protegiera de la gente, y me mostrara lo que es el dolor, y al mostrármelo me hiciera alejarme de su lado para luego regresar más enamorada de su risa, su picardía, su generosidad, su alma de Don Juan, su hiperactividad y su valentía al librar todas sus batallas.
Mi padre ya no está pero lo recuerdo todos los días cuando abro los ojos y cuando los cierro, cuando escribo un poema o le hablo a mis fantasmas. Él era el amor que más me dolía y su risa siempre estará en mi corazón.
Como dije el sábado, de él quiero recordar (y aprender) su coraje, su amor por la vida y su generosidad. Fue él quien me enseñó que cuando uno hace algo para uno mismo es bueno, pero cuando hace algo para y por los demás es noble y se enaltece.
En momentos como estos es cuando uno comienza a darse cuenta de lo que realmente es importante y de lo valioso que es amar. Yo amé a mi padre y desde mi regreso a República Domininica intenté demostrárselo en cada acto. Ojalá él haya recordado eso en su último minuto. Yo lo recordaré a él toda la vida.