Inspiración


(Imagen: Wikipedia)

Desde hace más de un mes no tengo inspiración. No he escrito un poema ni un cuento. Tengo algunos versos sueltos, algunas ideas, pero nada en concreto. Eso me pasa cuando me siento abrumada. Si estoy alegre, escribo; si estoy triste, escribo; si tento ganas, escribo; si estoy cansada, escribo; si tengo sueño, escribo. Siempre escribo pues la literatura constituye mi alimento diario, mi manera de ser y de estar viva. Pero desde hace casi dos meses me siento abrumada, muda y cerrada, y no tengo gran cosa qué decir.

No sé dónde leí que cuando uno no tiene nada qué decir lo mejor es callarse. Pero también he leído hasta el cansancio que cuando la inspiración no llega hay que salir a buscarla, porque este oficio es más asunto de disciplina que de talento, o de sentarse a esperar a las musas.
La verdad es que quisiera recuperar el ritmo, volver a experimentar la dicha que se siente al escribir un verso o al contar una historia. Como no soy de las que se sientan a esperar que "llueva café en el campo", saldré a recorrer las calles, a buscar la inspiración en cada puerta o sendero. Pero confieso que no sé por donde empezar. No sé qué ruta seguir, hacia qué puerto dirigirme, o en qué fuente, en qué raíz, en qué árbol me aguarda la dama de las letras.
Hoy me subiré al autobus y la buscaré en todas partes. La buscaré en los parques de siempre, en el edificio perfecto, entre los pájaros del campo, recostada a la orilla del río o dormida como un ángel en la zona más delicada de mi ser. La buscaré debajo de las piedras, entre el verdor de los bosques, en el aroma del mar y la embestida de las olas. La buscaré sin brújula y sin horario, sin temor al naufragio o a que se incendie el centro de mis alas.
Sé que después de buscar en cada rosa y en cada grieta, la encontraré en algún sitio. Confío en que ella me espere en alguna gruta secreta, escondida dentro de mi almohada, debajo de algún puente amarillo o en medio de este triste aguacero.
Y puede que yo no esté convendida de muchas cosas en la vida, pero tengo la certeza de que la dama antigua no me ha abandonado. Ella me espera en alguna sitio. Estoy segura. Lo sé.