Ser escritora no es tarea fácil

Ser escritora no es tarea fácil. Desde que decidí dedicarme a este oficio he tenido que enfrentarme a tantas cosas que a veces me canso y sólo quiero dormirme para siempre. Otras veces tengo las fuerzas suficientes y quiero librar todas las batallas aunque pierda algunas en el camino.

Si para un hombre dedicarse a la literatura constituye todo un reto, para una mujer el reto es doble porque además de luchar a brazo partido para que alguna editorial quiera publicarle un libro, para conseguir un buen agente, para ganarse el respeto del mundo literario y el reconocimiento de los lectores, también debe hacerle frente a la discriminación y al acoso que vive sólo por pertenecer a la rama femenina.

Algunos dirán que no, que en estos tiempos modernos las mujeres reciben el mismo trato que los hombres, pero eso no es más que otra patraña inventada para hacer creer que todo está en “perfecto equilibrio”, cuando la realidad es que cuando una sale a la calle se siente como una funámbula caminando sobre una cuerda de la que podemos caer en cualquier momento pues si nosotras mismas no perdemos el equilibrio, aparecen muchos (y muchas) dispuestos a darnos un empujón o a tirar de la dichosa cuerda.

En mi caso en particular mi experiencia en el mundo literario ha sido aterradora. Vivo en un país caribeño en donde el machismo y la Iglesia son los cuartos poderes del Estado. A eso hay que sumarle el hecho de que soy joven y además tengo "cierto atractivo", lo que me convierte en cualquier cosa menos en la candidata idónea para ostentar el título de “escritora” o “buena escritora” que algunos sectores de este medio se creen autorizados a conceder.

Ser escritora no es tarea fácil. A veces hasta constituye un acto de heroísmo mantenerse en pie cuando el mundo literario se torna agreste y despiadado, y no le importa los logros ni la buena pluma, sino pisotear el corazón de quien ose ir contra corriente (contranatura, dirán ellos).

Si comienzo a ponerles ejemplos de las situaciones de maltrato, discriminación o acoso vividas por mí, este post se haría demasiado largo pues hay material para escribir todo un libro. Tampoco escribo esto con la intención de quejarme y buscar consuelo de los lectores de este espacio. Mi intención es más simple y menos patética. Lo único que quiero es hablar de mi caso para que si lo lee alguna joven dominicana (o de cualquier otro rincón del mundo) sepa que si decide dedicarse a la literatura vivirá muchas situaciones crueles e injustas, pero que no por eso debe rendirse y tirar la toalla, puesto que yo no le he hecho.

No lo he hecho a pesar de que me han mandado a callar sólo por ser “bonita” y de que me he sentido acosada por personas del medio que te vienen con el absurdo pretexto de que sólo por el hecho de que eres “artista” debes liberar tus sentidos e irte a la cama con ellos. No he dejado de escribir pese a que me han difamado y sobre mí hay tantas leyendas urbanas que quizás menos de un 2% sean ciertas. No me he rendido pese a la falta de apoyo, a la hipocresía, a la crítica gratuita, al deshonor, la falta de ética y al descontento de algunos ante mi propia voz: indoblegable y personal.

¿Por qué he seguido adelante? Sigo aquí, escribiendo desde este rincón donde intento mantenerme a salvo, porque podrán decir de mí muchas cosas pero nunca, a menos que sea alguien mezquino, podrá decir que no amo la literatura con todas las fuerzas y con todo mi corazón. Sigo aquí porque pese a todo lo visto y oído, mi raíz sigue estando en el mismo sitio: en Santiago de los Caballeros, bajo el cuidado de una familia de la que he aprendido que es la integridad, el trabajo y el gusto por las cosas lo único que debe importar en la vida.

Como les dije anteriormente, es difícil ser escritora en un medio en el que hay estereotipos y si tú no encajas en ese molde aburrido y amorfo, entonces te quieren sacar del juego. Es difícil ser escritora cuando todos esperan que sigas la estética de moda, la corriente que ha impuesto un grupo, y tú te resistes, y tú sólo quieres escribir, hacer tu trabajo, escuchar lo que dice tu voz interna e ir hacia delante, como un tren cuyo destino es el final del mundo. Es difícil ser escritora cuando muchos actúan basados en sus prejuicios y te juzgan sin haber leído tu trabajo, sin conocerte siquiera, sin saber cuál es tu verdadera historia o cuáles son los materiales que conforman tu interior. Es difícil ser escritora cuando tu vida privada, y en especial tu vida sexual, es tomada en cuenta y valorada más que tu obra, cosa que no sucede en el caso de los hombres. Y es difícil ser escritora cuando no sabes quién es sincero, cuando todos estamos dispuestos a devorarnos como animales o monstruos.

Por todas esas razones ser escritora no es tarea fácil, pero tampoco es una utopía, un asunto imposible. Todo lo contrario. Tengo la íntima convicción de que pese a todas esas limitaciones, ser escritora es lo más maravilloso que pudo ocurrirme en la vida y es la mejor decisión que he tomado. Porque dedicarme a este oficio me hace feliz, me llena la existencia de alegría y de magia, de retos y universos por descubrir o inventar.

Por eso jamás dejaré de escribir. Y si alguien quiere conocerme que me lea, que esa soy yo, con todas mis fortalezas y mis debilidades.