La mujer no es un recipiente

Hace poco el Congreso de la República Dominicana aprobó el proyecto de Código Penal que mantiene la penalización del aborto y que además castiga a los médicos que ofrezcan servicios en la interrupción del embarazo, incluso cuando la vida de la madre está en peligro.

La historia comienza cuando el grupo denominado La Colectiva Mujer y Salud sometió al congreso un proyecto en el que hacía las siguientes peticiones (extraídas del periódico Clave Digital):

"1-La aplicación de un lenguaje incluyente y no sexista. Porque tenemos derecho a ser convocadas sin que se aplique la arbitrariedad de un lenguaje universal en masculino y seguras de que es el lenguaje el que trasmite las ideas.

2-La incorporación del concepto Feminicidio, porque al llamar a estas muertes de mujeres feminicidio, removemos el velo oscurecedor con el que las cubren términos "neutrales" como homicidio o asesinato cuando se trata de víctimas mujeres. Porque, además, indica el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género y nos aleja de planteamientos individualizantes, naturalizados o patologizados que tienden a culpar a las víctimas, a representar a los agresores como “locos”, “fuera de control” o “animales” o a concebir estas muertes como el resultado de “problemas pasionales”.

3-Dedicar una sección especial a la Violencia por Razones de Género, que incluya la Violencia Doméstica o Intrafamiliar, la Violación Sexual e Incesto y el Acoso Sexual y que preserve las reivindicaciones conseguidas por la ley 24-97, que modificó el Código Penal en su momento.

4-La despenalización de la interrupción, dentro de los 90 días de gestación, del embarazo resultado de una violación sexual; de incesto; cuando pone en peligro la vida de la mujer; cuando se evidencian malformaciones genéticas o congénitas graves en el producto del embarazo o cuando el embarazo es el resultado de una fecundación humana no consentida.

5- Incorporar el Síndrome de la Mujer Maltratada como excusa legal de la legítima defensa, un síndrome que es considerado como una subcategoría del desorden por estrés postraumático y universalmente reconocido por la comunidad psicológica. "

En una primera lectura el proyecto fue aprobado, pero debido a la presión de sectores conservadores y poderosos como la Iglesia Católica, la pieza no pasó la segunda lectura. Lo que ocurrió fue todo lo contrario puesto que los legisladores dominicanos aprobaron sanciones para el personal médico que intente ayudar a interrumpir un embarazo, aunque la madre esté a punto de morir.

Esta decisión ha sido calificada por sectores feministas como cruel e inhumana, y con toda la razón del mundo. Incluso, el Colegio Médico Dominicano ha protestado por considerar injusta la resolución que ahora sólo espera la ratificación del Poder Ejecutivo para su aplicación.

La activista por los derechos de la mujer, articulista y catedrática, Susy Pola, afirmó en una nota de prensa enviada al periódico Clave Digital, que “en la República Dominicana se ejecutan más de noventa mil abortos al año, un ejemplo más de la doble moral, que en este caso, se constituye en la cuarta causa de muerte de dominicanas”.

Lo que a mí más me desagrada de todo esto es precisamente esa doble moral que Susy Pola señala y que se impone ante cualquier razonamiento. Parece ser que las hijas de los legisladores que votaron en contra de las reformas que proponía La Colectiva Mujer y Salud no tienen riesgos de embarazarse o a lo mejor lo que tienen son hijos, porque de lo contrario resulta difícil de entender esta actitud. Además, cómo comprender que una persona que representa al pueblo vote en contra de los deseos de ese pueblo y que están reflejados en la cifra de noventa mil abortos al año. No sé con qué cara le explicará un congresista a sus votantes que si sus hijas salen embarazadas deben seguir con el embarazo aunque esto le pueda costar la vida, porque lo que realmente le importa al Estado Dominicano es proteger los derechos de la criatura por nacer y no proteger la Vida de una persona que ya está formada, que tiene capacidad de razonar, que tiene una historia y lazos de amor con otros seres humanos. Parece también que al Estado no le interesa airearse, abrir las puertas, aterrizar en el siglo en que estamos y aprender de sociedades más avanzadas, en lugar de copiar sociedades fundamentalistas basadas en doctrinas de otra época.

Me gustaría que si pueden, hagan este ejercicio un momento: si es hombre imagínese que un familiar o una amiga muy cercana ha sido violada, y si es mujer imagínese que es usted quien ha sido abusada y que como resultado salió embarazada, pero no quiere tener el bebé. Resulta que a usted las leyes dominicanas la están obligando no sólo a continuar con el embarazo de una criatura que no desea ni ha planificado tener, sino que también, si corre riesgo durante el proceso de gestación, es usted quien debe ser sacrificada como una vaca en el matadero, porque esa criatura que lleva en el vientre debe nacer a toda costa.

Imagínese el caso extremo de una niña de once o doce años que desarrolló muy pronto, y que fue violada y también salió embarazada (es muy conocido un caso que sucedió en Guatemala). ¿Es justo que esa niña además de haberle sido robada su niñez y su inocencia, también tenga que ser madre sin aún saber verdaderamente lo que es ser niña y sin tener la oportunidad de vivir esa etapa a plenitud?

De seguro que algunos de los que están leyendo este post dirán “La vida sólo Dios puede darla o quitarla”. Y yo le respondo que la religión es un asunto de elección personal, y que se supone que las leyes no las hacen uno o varios sectores religiosos (que no representan a toda la población), sino un congreso que debe preservar y mantener los intereses del pueblo, y no de la Iglesia y otros grupos fanáticos. Además, es muy fácil imponer principios cuando no es usted el que vive de cerca la circunstancia. Por eso le pido que se imagine que es su hija la que ha sido abusada, piense que es su pariente la que está a punto de morir por una ley absurda que reduce a la mujer a un vientre. Y si usted es mujer, entonces debe intentar imaginar que es a usted a quien se le está imponiendo que renuncie a la vida, o a quien simplemente se le está obligando a continuar con un embarazo que no desea.

Ahora me surgen varias preguntas: ¿Es el Estado Dominicano dueño de nuestros cuerpos? ¿O acaso el dueño es un Dios al que nunca hemos visto y que en este pedazo de isla está representado por un hombre que se llama Nicolás y se comporta de manera prepotente? ¿Es el violador el amo de nosotras? ¿O lo son los médicos? ¿O es la criatura que está por nacer la dueña y señora de nuestro destino?

Lo más probable es que cada uno de ustedes tenga una respuesta diferente. Lo único que yo sé es que la mujer no debe ser reducida a un simple recipiente que durante diez, quince o veinte minutos contiene un pene que se descarga dentro de ella, o que durante nueve meses alberga a un óvulo fecundado que se convierte en un feto, y luego en un niño que nace para continuar la ley natural de perpetuación de la especie.

¿Qué es la mujer? ¿Acaso es aquella criatura lasciva y maligna que tentó a Adán con la manzana? ¿O es esa bruja que durante la Inquisición ardió en la hoguera? ¿O es ese ciervo herido que se viste de macho para tratar de competir e igualar al otro género? ¿Qué es la mujer? ¿Quién es? ¿Quién es esa criatura que ha sido maltratada por tantos siglos y a la que se le ha violentado todos sus derechos? ¿Quién es esa a la que llaman “Costilla”? ¿Quién es y en nombre de quién puede atreverse a exigir Vivir, Amar y Ser Feliz?

Lo más triste de este caso es que todos sabemos que el peso de la ley sólo caerá sobre las mujeres pobres, aquellas que no cuentan con un apellido sonoro, que no son amigas del director de un centro hospitalario, o que no pueden viajar a otro país para interrumpir su embarazo. Lo asqueroso de esto es que si la hija de uno de esos legisladores que aprobaron esta resolución sale preñada, y no quiere –o no puede- continuar con su estado, ella sí podrá terminarlo, sin ser denunciada y castigada por la ley. Porque no crean ustedes que en República Dominicana se dejará de practicar el aborto o que la ley se aplicará a todos con el mismo rigor. Todos sabemos, y las estadísticas así lo demuestran, que en este país se hacen abortos a diario y que aquí sólo va a la cárcel quien no tiene los cuartos suficientes para comprar el silencio.

Otro hecho preocupante es que esto ha ocurrido y sólo ese grupo de mujeres que yo he mencionado ha protestado, así como el Colegio Médico Dominicano, pero yo me pregunto en dónde está el resto de las mujeres, en dónde están las Lilith, las combatientes, las que aman y sueñan, las que sustentan a este pueblo. A lo mejor están calladas diciendo “ese no es mi problema” o quieren evitar el dichoso estigma de ser señaladas como feministas. A mí ambas actitudes me parecen cobardes. También me pregunto en donde están los hombres, los que preñan, los que tienen hijos, los que combaten y sudan y honran a esta tierra de gente luchadora. Y me lo pregunto porque cuando cosas como estás suceden, muchos piensan que es un asunto que sólo le atañe al sector que está siendo cuestionado o enjuiciado –en este caso las mujeres- cuando este debería ser un asunto de todos y todas.

Yo siempre he pensado que este tipo de tema: peliagudo y que entraña profundas preocupaciones religiosas, morales y éticas, deben hablarse abiertamente y deben ser escuchados todos los sectores involucrados. El problema es que aquí sólo se escucha la campana de la Iglesia Católica que repica cada vez que al cardenal le huele a podrido. Es vergonzoso que la vida de las mujeres no esté en manos de ellas mismas, sino que esté bajo el poder y la tutela de un sector religioso que ha cometido muchísimos crímenes y barbaridades a lo largo de la historia.

Mientras todo eso ocurre, mientras grito, lloro, tecleo con rabia y protesto porque cambien las cosas, yo sigo aquí, sentada en el mismo sofá que el personaje de Beauvoir, como una mujer rota que mira hacia la puerta cerrada sintiendo miedo, mucho miedo por mi futuro y el futuro de todas las mujeres de mi tierra.

*Imagen: Fuente externa