Día de la Constitución Dominicana

(Imagen: Fuente externa)

Hoy se conmemora en la República Dominicana el día de la Constitución. La primera Carta Magna fue redactada en la provincia de San Cristóbal el 6 de noviembre del año 1844 y desde entonces este documento ha significado un dolor de cabeza para los dominicanos puesto que cada vez que hay un cambio de poder, los nuevos gobernantes lo primero que quieren hacer es modificar la constitución de manera que ésta se corresponda con sus intereses, y no con los intereses de la nación.

Como consecuencia de este “jueguito” la Constitución Dominicana ha sido modificada 38 veces y hoy día mi país ocupa el primer lugar entre los que más veces han reformado tan importante documento. Y si todo sigue como va, tendremos que aguantarnos otra modificación que supuestamente es “necesaria” y en la que se invertirán más de 36 millones de pesos debido a que el presidente, en su supuesto afán democrático, ha convocado a una consulta popular que se chupará todo ese dinero que tanta falta le hace al sistema educativo o al sector salud, por citar un par de ejemplos.

Si al hacer esta reforma la Constitución Dominicana “descansara en paz” y los líderes se acogieran a sus artículos, el asunto fuera tragable, pero resulta que todos los dominicanos sabemos perfectamente que cuando haya otro cambio de poder se volverá a lo mismo: el presidente de turno volverá a someter un proyecto de reforma que le convenga a él y al grupito económico que lo llevó a ocupar su puesto.

Hace muchos años, el presidente Joaquín Balaguer (ya fallecido) se refirió a nuestra Carta Magna como “un pedazo de papel” que por supuesto él se pasó por todas las partes que quiso y manipuló a su antojo, ante nuestras narices y gracias a la complicidad de muchos ciudadanos que endiosaron a uno de los hombres más calculadores y despiadados de la historia política dominicana. En la actualidad, la Constitución sigue siendo eso mismo, un pedazo de papel que ningún político respeta y que cada cierto tiempo es cambiado para favorecer a un sector muy reducido de la población, al anillo que llega al poder, a los elefantes, a los intocables.

Sin embargo, recuerdo muy bien que cuando era pequeña me llenaba de orgullo leer el libro de historia y encontrarme con el grupo de hombres y mujeres que cambiaron el curso de nuestras vidas, que lucharon por nuestra democracia e independencia. La Constitución Dominicana fue una parte vital de ese proyecto republicano que se gestó gracias a líderes como Duarte y otros, que creyeron importante construir una nación fuerte, “libre de toda potencia extranjera”, como decía el credo de los Trinitarios. Por eso, pese al comportamiento rastrero de los gobernantes de mi pueblo, yo sigo teniendo fe en esa Carta Magna que nos define y representa.

La cuestión es si nosotros vamos a permitir que toda la vida nuestros líderes nos manipulen y avergüencen o les exigiremos que se comporten a la altura del puesto que se supone deben ejercer para beneficio de toda la sociedad, y no para conveniencia de ellos mismos. Resultaría sencillo si todo esto lo resumo con decir “no hay esperanza para Latinoamérica… no hay esperanza para República Dominicana”, pero yo no creo que sean los pesimistas los que cambien el destino, tampoco los optimistas que no hacen nada. Yo creo que los que consiguen que haya un verdadero cambio son aquellas personas que combaten contra una realidad determinada y están dispuestos a cambiarla. A veces me gustaría ver esa actitud en los jóvenes de mi país, pero nosotros estamos embargados por el mismo sentimiento individualista e indiferente del que adolece la juventud de todo el mundo. No obstante, cuando veo a gente como el joven dominicano Hedmilio Galván, quien lucha por un cambio en la sociedad de mi tierra, entonces siento que todavía hay una esperanza. Sé que como Hedmilio hay muchos líderes silentes que están trabajando desde las bases y con el tiempo harán la diferencia. Puede que no estemos de acuerdo con todas sus posturas, pero por lo menos son personas que tienen criterio y que han demostrado saber el significado de la palabra Dignidad.

A pesar de todo esto y de que quisiera tener motivos para celebrar, hoy no puedo hacerlo. Hoy estoy de luto. No puedo celebrar este día porque los dominicanos y dominicanas trabajadores no tenemos motivos para sentirnos orgullosos cuando nuestro actual presidente pretende gastar más de 36 millones de pesos en una reforma constitucional dudosa, en lugar de invertir ese dinero en sectores como la salud, la educación o el sistema energético. No puedo sentirme orgullosa cuando sé que la construcción del metro costará más de lo que suman el presupuesto del Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud juntos. No puedo estar orgullosa cuando esté país está a oscuras debido a que los apagones que tenemos que chuparnos los ciudadanos son de 6 y 8 horas diarias, privando a la población de un servicio elemental que en los países organizados se superó hace muchísimo tiempo.

Tampoco puedo estar orgullosa cuando hace unos días salió en el periódico que van a instalar en República Dominicana una base de operaciones del Comando Sur de los Estados Unidos, la misma que echaron de la isla de Vieques, en Puerto Rico. Los dominicanos se viven jactando de que los puertorriqueños no tienen orgullo ni identidad, que hacen lo que los gringos digan, pero ellos estudiaron las implicaciones que tener una base militar en su territorio le suponían y lucharon hasta que consiguieron expulsarlos de allí. Así es, el 1 de mayo de 2003 ocurrió un hecho que pasará a la historia: La pequeña isla de Vieques, conformada por tan sólo 10 mil habitantes, expulsó sin necesidad de recurrir a la violencia (imponiendo una resistencia pacífica inquebrantable) a los militares estadounidenses, luego de que éstos la bombardearan por más de 70 años.

Ya veremos qué haremos nosotros, si los quisqueyanos tendremos el valor de por lo menos exigir explicaciones al presidente y al jefe de las Fuerzas Armadas, porque aún no nos han dicho en dónde se instalará la base, lo que esto supone, lo que pone en juego y las consecuencias que podría traer.

Dice el himno nacional: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece, que templó el heroísmo viril. Más Quisqueya la indómita y brava, siempre altiva la frente alzará: que si fuere mil veces esclava, otras tantas ser libre sabrá”… Ya veremos si cada uno de nosotros, empezando por mí, nos atreveremos a levantar la frente o si tan sólo merecemos ser tratados como vasallos porque, en definitiva, nos comportamos como tal.