Regalo de fin de año

Dedicado especialmente a mi querido amigo y periodista Miguel, por ser mi cómplice en la búsqueda de la libertad. Espero arrullar tu tristeza con estos versos.
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Serenidad

(Imagen: Fuente externa)

Hoy no hay rumor en mi alma,
ni viejas telarañas, ni gusanos olvidados.
Hoy sólo me habita la tristeza y el ala de un pájaro.
Hoy carezco de fórmulas y tretas.
Me he vuelto una serpiente inofensiva
que enrosca sus ansias en la punta de la rama.
He renunciado al tren y los caminos,
he dejado mis carnes para los buitres
y mi último beso lo subí a un barco imaginario
con destino a ninguna parte.
Hoy me he despojado del vestido azul,
de los zapatos de tacón alto que tanto me gustaban.
Hoy también dejé de fumar.
Me he tendido sobre la cama grande
pensando que es un ataúd, un charco,
o un agujero que me traga
y me devuelve inocente e impoluta,
sin rasguños ni manchas,
sin temores infantiles,
sin alcohol en la sangre
ni pastillas para dormir en el estómago.
Hoy he imaginado que soy una gasa o un ángel,
que tras de mí no hay nadie,
que el chuchillo nunca quiso atacarme,
que las manos nunca estrujaron mis senos
y el falo no se propuso rasgar las cobijas de mi ser.
Hoy he soñado y he vuelto a ser una mujer ilusionada,
una muñeca intacta y transparente,
un arrecife y la punta de un iceberg.
He vuelto a ser el tiempo y la oruga,
y nada hay más hermoso que refugiarse en la crisálida
y dejarse arropar por la ternura de lo triste.
Hoy las olas ya no arrasan la playa,
el mar está dormido, sereno, impasible.
Yo me aferro a su seno como una ostra solitaria,
Como un pescado blanco o una estrella,
Sin pretensión de ir a alguna parte,
sin secretos ni temblores en el alma,
sin aleteos ni flores,
con serenidad y abandono.


© Rosa Silverio 2005
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