El Año del Libro y la Lectura

Comparto con ustedes este artículo del buen amigo y escritor dominicano Máximo Vega, el cual fue publicado originalmente en el periódico digital dominicano El Libelo.com. En este interesante artículo se refiere al decreto de nuestro presidente Leonel Fernández en el que nombra a este 2007 como el año del Libro y la Lectura.

El Año del Libro y la Lectura
Por Máximo Vega

El presidente Leonel Fernández ha emitido un decreto en el cual se nombra a este 2007 que recién comienza como el año del Libro y la Lectura. Me parece pertinente emitir algunos juicios acerca de este decreto, que no ha tenido la atención debida de los medios de comunicación, sencillamente porque a los medios de comunicación les interesan cada vez menos la labor intelectual y el conocimiento.

El libro ha tenido un valor incalculable en la transmisión del conocimiento a través de la historia no solamente de nuestra civilización, sino de toda la humanidad. Depositario de la palabra escrita, depositario del lenguaje escrito, guarda en sus páginas no sólo sabiduría, conocimiento, sino también emociones estéticas, conjuros, mitología, ideología; todo el bien y todo el mal cabe en sus páginas porque a través de él permanecemos nosotros mismos, los seres humanos, que somos perecederos. En una de las metáforas míticas más bellas que pudo habernos regalado religión alguna, La Biblia, un libro sagrado (como son sagrados Los Vedas, el Corán, La Torá...), compara al Creador con el verbo, es decir con el lenguaje; al principio era El Verbo, y La Palabra recorría entonces todo el universo.

"Detrás de la palabra está el silencio", nos dice el poeta Ramón Peralta; "detrás de la palabra está la nada", escribe la poeta puertorriqueña Giannina Braschi. Los libros se encuentran hechos con palabras, no con papel, tinta o cartonite. La evolución de nuestra civilización solamente fue posible porque el conocimiento, que es finito en los seres humanos, veleidoso en el lenguaje oral, se mantenía estático y único por medio de la palabra escrita; es decir, el libro es, ante todo, conocimiento.

El desprecio por el libro significa no más que un desprecio por el conocimiento, por la sabiduría. El desprecio de nuestro país, de nuestros estudiantes, de nuestros comunicadores, de nuestros políticos, por los libros, a pesar de que todo lo que aprenden les es transmitido a través de este objeto invaluable, solamente significa el desprecio por el conocimiento. Cuando un estudiante escolar, o universitario, desprecia la lectura, los libros, manifiesta su propia ignorancia con respecto a la realidad, al porqué de las cosas, que su propia estupidez no es capaz de percibir. Es decir, tiene una carencia, aunque él mismo no sepa que la tiene. Pero al mismo tiempo, cuando pretendemos que un estudiante salte desde el analfabetismo hasta la tecnología, es decir desde la nada hasta la computadora, sin pasar por los libros, estamos sumiendo al futuro, a los jóvenes, a un choque devastador con respecto a sus prioridades, a su propia búsqueda de conocimiento en un mundo que parece no necesitar de esta evolución hacia el libro, lo que sería sencillamente lo más natural.

Y precisamente ahora que estamos hablando del futuro, podríamos además detenernos en lo que el poeta chileno Volodia Tietelboin llama el Futuro de la Palabra, en esta sociedad cada vez más audiovisual en donde se desprecia el conocimiento, la belleza y la lectura por el bien de la tecnología y la economía, como si fuesen renglones adversos, contradictorios. Cotidianamente observamos cómo la palabra se corrompe hasta límites absurdos, precisamente por aquellos que deberían utilizarla con mayor responsabilidad, por aquellos que deberían hablar o escribir mejor. La Palabra, materia prima del libro, esencia de nuestro pensamiento y de nuestra comunicación, masificada o individual, se convierte entonces en algo aligerado, soso, sin ningún valor real o profundo. Sólo sirve para la alienación y el reduccionismo.

El libro, realmente, es un artículo de lujo en la República Dominicana. De nada valen los discursos en los cuales las propias palabras que pretenden convencer no tienen importancia: el libro no llega a todos porque es un objeto caro, y esto solamente abre una brecha entre los poseedores y los desposeídos, puesto que su precio exorbitante incentiva la ignorancia entre los más pobres. Se ha convertido en un objeto elitista. Yo, que soy un escritor y que leo regularmente, que leo mucho, me doy cuenta de la dificultad de adquirir libros, de comprar libros regularmente. Es prácticamente imposible. Y, como escritor, me doy cuenta también de las dificultades que se presentan cuando se quiere publicar un libro. La esterilidad de la sociedad dominicana, la ausencia de propuestas y de institucionalidad, el desorden reinante, tienen un origen general: la ignorancia. El libro es un objeto de lujo, el dominicano desprecia la lectura. El conocimiento nos está vedado, y ningún decreto podrá solucionar esta realidad en este año, a pesar de todas las buenas intenciones.

Para conocer más de este brillante autor dominicano ir a: Máximo Vega