Sueño estéril


(Lilith. John Collier)

Anoche soñé que estaba embarazada.
Pasaron noventa días y una gota rojiza
salió de mi sexo y se deslizó suavemente por mis muslos.
Mis entrañas no querían aquella cosa que cortaba,
arañaba y se abría espacio,
y exigía,
y se alimentaba de mí como una pulga o una solitaria.
Pero yo no lloraba.
Debe constar que lloro a menudo
y me regodeo de las cursilerías.
Sin embargo, en mi sueño yo reía,
reía a carcajadas ante la sangre
y me alegraba de mi vientre estéril,
de mi tierra seca, de mi ánfora inútil.
Reía por el fruto perdido,
por las ventanas abiertas,
y me burlaba de Hera y de Juno
mientras éstas derramaban lágrimas en mi nombre.
Yo era feliz en mi sueño,
yo era una Isis invertida y poderosa,
una serpiente que se había envenenado a sí misma,
un vientre segado ante cualquier posibilidad de vida
que no sea la propia,
una antorcha quemante y solitaria.
Me reía de los hombres, del mar, de la estrella,
del mito de Dios y sus prohibiciones,
del frondoso árbol que da frutos
y alimenta a la mujer y su manada.
Me reía de la flor valiente y sensitiva,
de mi fantasía loca y perversa.
Aunque ahora me estremezco cuando pienso
que todo es mentira,
que quizás bajo la risa haya una lágrima,
un agujero hondo, una lámpara rota,
una lechuza herida,
una pantera que se filtra por las rendijas de la noche
en busca de otro sueño,
de otra carcajada,
de otra víctima,
de otro salto hacia la nada,
del último zarpazo que le dará la oscuridad.

© Rosa Silverio 2006
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