José Mármol: Ocho preguntas

[Este importante escritor dominicano responde a ocho preguntas sobre la poesía, la crítica local, la literatura dominicana contemporánea y el triunfo en el exterior]

José Mármol es uno de los autores contemporáneos dominicanos más respetados y conocidos tanto en el país como en el exterior. Lingüista, poeta y ensayista. Mármol es uno de los intelectuales más sólidos cuya obra ha alcanzado una gran proyección a nivel internacional. Es el principal exponente de la generación de autores locales de los 80 y además de haber sido catedrático en importantes centros de estudios, conduce el programa de televisión cultural Conversación en La Catedral y colabora con la edición dominical del periódico El Caribe.

Escritor de amplia trayectoria y prolífica obra poética y ensayística. Ha sido premiado en diversas ocasiones, publicado en importantes antologías y varias de sus obras han sido editadas por prestigiosos sellos editoriales internacionales como Visor y Bartleby Editores. Dentro de sus principales obras figuran los poemarios La invención del día (Premio Nacional de Poesía en 1987), Lengua de paraíso (Premio de Poesía Pedro Henríquez Ureña de 1992) y Deus ex machina (Premio Internacional de Poesía Casa de Teatro 1994 y Accésit al Premio Internacional Eliseo Diego de México en el mismo año). En prosa cabe destacar Premesse per morire (Italia, 2001), Las pestes del lenguaje y otros ensayos (Letra Gráfica, 2004) y Cansancio del Trópico (Bartleby Editores, Madrid 2006).

José Mármol se ha caracterizado por ser un autor devoto de la palabra y por tener una gran conciencia del oficio que ha ejercido con absoluta dedicación y consistencia, lo que se ha evidenciado en el alcance que ha tenido su profunda voz poética, la cual ya ha sido estudiada por un grupo de seguidores interesados en su particular concepción del arte y el testimonio que este autor cosmogónico ofrece de la vida. Los lectores de este escritor pueden acercarse a las entrañas de su obra, ha través de libros como Anatomía de un poeta, Aproximaciones críticas a José Mármol de Carlos X. Ardavín (2005) y El búho y la luna, Entrevistas a José Mármol, compilado por Basilio Belliard (2005).

Ocho Preguntas a José Mármol

Rosa Silverio: ¿En qué género te sientes más a gusto trabajando?
José Mármol:
En mis juveniles afanes por la precisión teórica solía argumentar que no existían los géneros literarios, sino, simplemente, la escritura, la creación a través de la palabra. Luego adopté la fórmula unificadora bajo el concepto de “formaciones discursivas”, proveniente de las escuelas del discurso francesas. Sin embargo, lo interesante para mí es haber aprendido a manejarme entre la poesía y el ensayo con igual sensación de libertad y de competencia expresiva. Puedo decirte, sin transgredir la modestia, que he escrito poemas que son ensayos, y viceversa. Lo relevante, en definitiva, es que el autor se deposite en su propio texto como si se tratase de su único seguro refugio existencial.

RS: ¿Está la poesía pasada de moda o crees que volverá a tener una época de oro?
JM:
La única época de oro para la poesía, al menos para mí, es toda aquella que precedió al nacimiento de la novela, que es la expresión literaria por excelencia de la edad moderna. Es probable que en lengua española haya sido El Quijote la obra que condenara la poesía a la marginalidad. Hay que aceptarlo así: la poesía, en la sociedad contemporánea, se preserva a lomos de su propia decadencia. Es, decía con acierto Juan Ramón Jiménez, el arte “de la inmensa minoría”. Constituye, eso sí, y los novelistas, dramaturgos, ensayistas y demás lo reconocen, la más alta expresión estética del lenguaje. Eso basta para su absoluta y permanente sobrevivencia.

RS: ¿Cuáles valores debe poseer una obra literaria?
JM:
La respuesta puede ser, a la vez, muy compleja y muy simple. Quisiera presentarlo de manera sencilla. El valor fundamental de una obra literaria, para que sea tal, ha de ser el de que su problemática esencial y su modus operandi estén centrados en el lenguaje. Todo lo demás podría ir de lo secundario a lo accesorio o irrelevante. El valor de la obra literaria estriba en los hallazgos y aportes que, desde el punto de vista estético, estilístico y lingüístico, el autor pueda entregar para el enriquecimiento de la lengua en que escribe. De ahí mi convicción, que deriva de E. M. Cioran, de que un escritor tiene por nacionalidad su idioma, su lengua. El escritor es el animal simbólico por excelencia. Su cosmovisión y experiencia de vida están apoyadas en el ámbito de la palabra.

RS: ¿Qué piensas de la literatura dominicana contemporánea? ¿Están los autores enriqueciendo el acervo cultural, haciendo literatura con calidad?
JM:
Creo que estamos viviendo tiempos buenos. La señal más clara de este hecho la tenemos en el interés de prestigiosas editoriales españolas, francesas, italianas y suramericanas en la publicación de obras de autores dominicanos, sobre todo, por supuesto, novelistas. A la mano invisible del mercado, que profesó Adam Smith, le gusta recorrer las páginas de historias noveladas; no tanto de poesía, aunque también se esté publicando poemarios de autores criollos en sellos editoriales importantes en el extranjero. Me interesa y emociona, sobre todo, el dinamismo notable en ese sentido. La calidad es una exigencia que no debe quebrantarse por ningún prurito o subterfugio. Tiene, por supuesto, altas y bajas, y se juntan, en una esquina, mansos y cimarrones. Pero, los escritores dominicanos actuales y algunos del pasado constituyen un fenómeno de interés para los lectores y amantes de la literatura en distintas latitudes del globo terráqueo. Eso me parece una brillante señal.

RS: ¿Cuáles obras y autores dominicanos sugieres leer?
JM:
No creo en lecturas forzadas, si en verdad se quiere conocer una literatura. Creo en la lectura como una aventura individual, por medio de la cual amplías tus horizontes cultural y existencial. Luego, a quien no le guste la poesía no puedo recomendarle a poetas excepcionales nuestros como Moreno Jimenes, Mieses Burgos, Gatón Arce o Manuel del Cabral y Pedro Mir, para sólo citar algunos del siglo XX. Si, en cambio, le gusta el cuento, entonces le recomendaría, de inmediato, los cuentos completos de Juan Bosch y de René del Risco, entre otros más actuales como José Alcántara Almánzar y Pedro Peix, para sólo citar dos. O bien, si prefiere novelas, entonces, la lista podría hacerse más larga entre los del pasado siglo y el presente. Descarto siempre la tentación de acudir a constituir un canon literario. Opto por recomendar que el lector interesado en tener una visión panorámica de la literatura de un país, que, insisto, es, en nuestro caso, la del español de República Dominicana, se oriente a través de las buenas antologías, críticamente bien fundamentadas, y de ensayos esclarecedores en esa dirección. Lo edificante es leer buena literatura. Nada más.

RS: ¿Qué piensas de la crítica literaria que se hace en el país?
JM:
Tal vez deba afirmar, con la energía y coraje con que lo hace mi amigo, el poeta y ensayista Plinio Chahín, que en nuestro país no existe tal cosa. No obstante, no es de una negación radical que ha de tratarse. Creo que en Chahín se da, más bien, un clamor por una crítica más activa, más fundamentada en conceptos y criterios lingüísticos y estéticos, en preceptos y posceptos discursivos y no en la mera impresión, ya sea esta afirmativa o negativa, o en el oficio del cagatintas complaciente o simplemente destructor. Luego del apogeo de las corrientes críticas de las escuelas francesa, española y estadounidense que otrora estudiantes dominicanos en el extranjero aprendieron (algunos, los menos, creyeron aprender) y trajeron al país para ejercicio profesoral y para la investigación fundamentada, concretizados en obras que destacan hoy día por su valor intrínseco, es poco lo que las nuevas generaciones han podido aportar en el terreno de la crítica. La función por excelencia de la crítica es contextualizar y edificar al lector potencial en torno a la obra literaria. ¿Se hace eso hoy día en nuestro país? No. ¿Contamos con espacios en diarios y publicaciones especializadas para el ejercicio de la crítica? No. Pienso, en definitiva, que debemos construir la crítica literaria del siglo XXI en nuestro país.

RS: ¿Cuáles obras y autores foráneos recomiendas y han formado parte de tu formación?
JM:
Responder a esa pregunta es también harto difícil, sobre todo, si quieres regir del talante apodíctico, pedante o narcisístico. Prefiero estar lejos de esas pestes. Cuando empiezas relativamente temprano a interesarte por la literatura, y sobre todo, por la poesía y la filosofía, como es mi caso, vas leyendo tantos autores de tan distintas culturas, épocas, corrientes, generaciones, estilos que luego, si quisieras resumir, tendrías que acabar siendo injusto, por cuanto sacrificas más de lo que dices. La mejor manera de descubrir o conocer cuáles autores y de qué orígenes han influenciado decisivamente la obra de un creador, sólo tienes que tomar esa obra y estudiarla a fondo. Es como el fenómeno refractario del agua transparente, cristalina del pozo del saber: a través de la superficie puedes ver de qué está colmado su fondo.

RS: ¿Es difícil triunfar y publicar en el exterior? ¿Qué hace falta para lograr esto?
JM:
Triunfar en el exterior es algo que desconozco. Publicar sí me es algo un tanto familiar. Aunque no lo creamos, casi siempre nos resulta mucho más complejo en nuestro propio patio. Sobre todo el nuestro, en el que sobran alimañas y malas yerbas. Llega un momento en tu desarrollo como autor, en el cual alguien te pega una llamada o te envía un correo electrónico diciéndote soy fulano, pertenezco a tal sello editorial y me interesa publicar en mi país este o tales títulos de tu autoría. En el mejor de los casos, empieza la reacción en cadena. Ya sea triunfar o ya sea simplemente publicar van a depender de una sola cosa: perseverar con fe. Es todo.

Tres poemas de José Mármol

Esquicio del Vuelo
voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando sino al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios. voy a crear un himno para el viento y la memoria.

Pensamiento
para qué preguntar por la salida si la entrada fue un don de lo desconocido. para qué los intentos por descifrar la vasta superficie de un milagro. para qué presumir sabiduría y dominio. sabio es el viento que no tiene memoria. que sólo cuando pasa es. que pueda pasar iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo sabrá.

Otra vez: Un poema
cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor desprecia, cada flor es una voz. un lenguaje abierto a la piedad, al amor, al tedio, un cosmos reunido en una breve mancha nacida para el aire, tímido latido del inmenso letargo celestial esa flor, un vagido al vez de algún dios corrompido, por la estirpe de barro soplado y su alfabeto, cada palabra es una flor que aborrece su forma y en el instante queda.