María Altagracia y el celular

-Aloooo.
-Hola. ¿Quién me habla?
-¿Quién é?
-Es Rosa Silverio, la dueña del celular que usted se encontró en la mesa del restaurante La Boulanger. La llamo porque el aparato es mío. ¿Dónde usted está ahora?
-Mire uté, yo toy en Santo Domingo.

(La capital del país. A dos horas de donde se encontró el celular.)

-¿Y por qué usted se llevó el celular para Santo Domingo y no lo dejó en el restaurant?
-Ay, no, mire, yo me lo encontré tirado... ¿a quién se lo iba a dar?
-Pero se lo pudo dar a las camareras o dejarlo en la administración.
-Yo no sé de eso, yo me encontré el celular y lo cojí.
-Doña, ¿cuál es su nombre?
-Ehhh... ehhh... María Altagracia.
-María Altagracia, ¿puede darme la dirección de dónde usted está para mandar a buscar el celular con mi cuñado?
-Ehhh, bueno... mire uté, yo no sé donde toy, yo no sé cuál é eta calle.
-Doña, ¿y ahí no hay alguien que se sepa la dirección?
-E que mi patrona salió con su marido de rumba y ya uté sabe... vienen tarde.
-Pues anote el número de mi casa para que me llame.
-Ehhh... ¿cómo?... no sé...
-Doña, ¿usted sabe leer y escribir?
-¡Claro que sí!
-Pues busque un papelito y anote mi número para que cuando llegue su patrona me llame.
-Ehhh, ya tengo el papelito, dígame a ver.
-El número es 555-5555, ¿lo anotó?
-Sí, claro.
-¿Me lo puede repetir?
-555-5555.
-Doña, ¿pero por qué fue que usted no me dejó el celular en La Boulanger?
-Adió, porque ese celular yo me lo encontré, me lo encontré y me lo traje para acá, uté fue que lo dejó, yo me lo encontré y ahora lo tengo yo.... ¡Es mío!

(Pum. Termina la llamada. María Altagracia no volvió a responder el celular y nunca me llamó. No me quedó más remedio que cancelar el número.)