Paridad en la literatura

Leí este interesante reportaje sobre la paridad en la literatura y la opinión de veinte escritoras y editoras sobre el tema. Me pareció tan interesante que quise compartirlo con ustedes.

¿Debe existir un equilibrio de género en la publicación de obras? ¿Debe tomarse en cuenta el sexo del autor a la hora de decidir publicar un libro o no? ¿No se supone que lo que debe evaluar un editor es la obra y no a su autor? ¿ Es la paridad obligatoria el camino correcto? En lo personal no estoy de acuerdo, pero me gustaría saber la opinión de ustedes.

Aquí les dejo con un trozo del reportaje, el resto pueden leerlo en El Cultural.es .

Veinte escritoras y editoras debaten sobre la paridad en la literatura

¿Qué pasaría si se impusiera, por real decreto, la paridad obligatoria en la literatura? ¿Si fuese obligatorio editar tantos libros de hombres como mujeres, con independencia de su calidad? ¿Y si en la Universidad se privilegiase, como ocurre en otros países, los estudios sobre escritoras? ¿O si se impusiesen cuotas en editoriales, librerías, agencias literarias (donde hoy además son mayoría)? Hoy, Día de la Mujer Trabajadora (?), El Cultural ha invitado a veinte escritoras y editoras a que reflexionen sobre las cuotas en la literatura, esas mismas que se quieren imponer en los más diversos ámbitos profesionales y culturales. Y de entrada la respuesta es...

Bajo ninguna circunstancia
Aunque es evidente que la sociedad española ha evolucionado mucho sigue siendo machista, pero algo menos que cuando era joven: al iniciar el proceso de separación de mi marido me quitaron a mi hijo, se lo dieron a su padre y tardé tres años en recuperarlo. También es evidente que en el aspecto laboral existen desigualdades enormes, y que hay muchos temas pendientes por mejorar, pero el mundo de la cultura es muy diferente y, además, no creo en las cuotas bajo ninguna circunstancia, sino en el talento de las mujeres que con imaginación conquistan a los lectores sin necesidad de ayudas externas. Ana María Matute, novelista

Número y género
El año pasado, llevando una investigación me di cuenta de que los últimos libros que había elegido para el trabajo por su indiscutible valor eran de mujeres. Y hace poco tiempo, al comentar que una amiga debería formar parte de un grupo en que sólo había varones, alguien sugirió: “debería entrar porque necesitamos una mujer”. A lo que otra persona replicó: “no ‘una’ mujer, sino ‘esta’ mujer”. Me gusta ese demostrativo singular. Me gusta no formar parte de un extraño colectivo con el que se supone que comparto una cosa tan extraña como el “género”, que me recuerda más bien a las mercancías de los comercios. “No tienen buen género en esta tienda” –dicen las gentes. Prefiero el número al género: el singular “esta” mujer, “este varón”, “esta persona”. O el plural de un “nosotros”. Me gustan los pronombres personales, no me dicen nada los géneros. ¿Cuotas en literatura? Me habéis picado la curiosidad y cuento en mi biblioteca cuántas novelas tengo de mujeres, cuántas de varones. Y, mire por dónde, están mitad y mitad. Si hubiera habido más de mujeres, ¿tendría que haberlas tirado? Adela Cortina, filósofa

Detesto el victimismo feminista
Claro que no me gustaría que me valoraran por el sexo, sino por mi calidad literaria, eso es innegociable. Nunca ocuparía un sitio en el mundo editorial sólo por ser mujer. Si algo detesto es ese victimismo disfrazado de feminismo que practican algunas colegas para conseguir premios y publicaciones. La “mosquita muerta” sigue siendo un arquetipo : “Ayyy, yo soy una mujercita indefensa y tú, editor macho protector, me puedes ayudar...”. La mendicidad es un hábito que parece haberse convertido en necesario en este ambiente. Pero es un precio que, en el caso de las mujeres, viene especialmente teñido de falta de amor propio y nula honrilla personal. Y encima contribuye a perpetuar viejos esquemas, no sólo ya del machismo, sino del abuso de poder. Si eso lo practica el hombre me parece indigno, pero si lo practica la mujer, es además reaccionario. Yo prefiero que nada sea impuesto. Lo ideal sería que el mundo editorial se planteara la riqueza que representa la mirada de las mujeres, proponer nuevos modelos del mundo. Esa sí es una aportación que está en nuestras manos. Creo que juntos, hombres y mujeres, de igual a igual, podemos cambiar tanta tontería. Lola Beccaria, novelista.

Un horror y un error
Las cuotas femeninas me parecen un horror y un error (por lo general masculino) que al final pagamos las mujeres. Las cuotas de poder femenino muestran una actitud condescendiente que tiene un precio altísimo. Las mujeres que aspiran a conquistar el derecho de “ser igual de idiotas que los hombres” en puestos de relevancia, con lo de las cuotas lo llevan claro: a los ojos de la sociedad –esto es: de los hombres– serán mujeres idiotas que ocupan un espacio reservado exclusivamente para mujeres idiotas (porque si fueran inteligentes no necesitarían que las ayudaran “por ley”, ¿verdad?). Todo lo que se regala resulta carísimo al final. Además, una mujer que es colocada por cuota en algún lugar de importancia, probablemente estará sometida al poder de quien la situó allí y no se sentirá del todo libre. Las cuotas femeninas en política son patéticas: ahí están ese montón de ministras ocupando ministerios de segunda fila: “vivienda, portavoz, medio ambiente...” Pero, ¿dónde están las ministras de defensa, de economía, de justicia...? Patético. Y absolutamente bochornoso. Ángela Vallvey, poeta y novelista.