Rafael García Romero: Consagrado a la escritura (segunda parte)

RS: Cuéntanos en cuáles proyectos estás trabajando actualmente.
RGR:
El trabajo de un escritor, hoy en día, es tumultuoso, tiene varias direcciones. Yo estoy envuelto en diversos proyectos que van avanzando de manera paralela, sin tocarse, sin interferencias lamentables, pero con la fe y la voluntad y el esfuerzo que pongo cada día en ellos, se que podrán llegar a buen puerto. Eso sucede gracias a las facilidades de la tecnología, de la computadora, que te permite abrir dos, tres y hasta cinco archivos de manera simultánea. Cada archivo contiene un proyecto diferente, ya sea un cuento, una novela, un artículo que espera un medio específico, un editor, que tiene día y hora de salida, para ser leído por una comunidad de lectores. En mi caso, que trabajo con la literatura y para la literatura, tengo que hacer tiempo para diversas demandas, pero, sobre todo, para echar una mirada al pasado y ver qué hice, qué publiqué y cuáles libros necesitan una reedición, y qué debo publicar en el presente. Ya había hablado del libro “Ruinas”, estoy inmerso en la promoción de una cuarta edición. Pero, en virtud de lo que he llamado esfuerzos paralelos, estoy trabajando en un libro de cuentos eróticos, titulado “El ángel destruido”, todavía se llevará varios meses de trabajo, antes de que pueda ser publicado. Eso no significa que sea mi próximo libro. Entre el tiempo de terminar una y publicarla puede ganar espacio un proyecto más urgente, más inmediato, más alucinante, al que haya que darle prioridad y concederle todos los privilegios.

La promoción, además, de mi último libro “Ruinas”, consume mucho de mi tiempo. En este momento trabajo, fundamentalmente, en su promoción, que es un libro, como dice el escritor y novelista Pedro Antonio Valdez, donde tomo la vida de dos personajes públicos, íconos de la historia política y cultural dominicana, pero no para resaltar su participación social, sino para narrar su intimidad como columnas centrales de una familia. Hay una idea sobre la obra que yo comparto con Valdez, ya que “Ruinas”, sin convertirse en novela de amor, al menos no en el sentido acostumbrado, nos presenta a una Salomé, la poetisa dominicana más importante del siglo XIX, y a su esposo Pancho, alejados y apenas reunidos por el vínculo de la epístola. Porque en “Ruinas” está un poco la nostalgia de una familia materialmente matriarcal en la que el padre se convierte en el gran ausente.

Escribo en este momento, hago todo lo que un escritor debe hacer. Escribir, para mí, sencillamente, es un proyecto diario, personal, urticante y que no acaba con la publicación de un libro. Sucede que en República Dominicana, por las características sociales y económicas del país, todos los escritores estamos llenos de proyectos; no hay uno que no tenga un proyecto sobre la mesa, porque el trabajo de un escritor no se limita a escribir. Hay que trabajar en muchas cosas conexas a la escritura. Tiene que ver con tomar de las manos un libro y hacerle camino. Sucede un poco con mi novela “Ruinas”, que aún vaya por la cuarta edición, y se trate de una obra adulta, todavía la llevo de la mano, la promuevo. Insisto en darla a conocer, que deje su huella en el camino, trato de hacer que forme parte del itinerario de una comunidad de lectores.

RS: ¿Cuáles autores y obras locales recomiendas para su lectura y estudio?
RGR:
Yo estoy casado con diez libros de cuentos y cinco novelas dominicanas. Y contrario a la tradición puedo decirte los autores y los títulos de las obras, aunque, aclaro, que el orden de la cita no corresponde al grado de predilección que tengo por cada uno de los autores y las obras. Veamos: de Juan Bosch prefiero los “Cuentos escritos en el exilio”. A Rafael Eduardo Castillo, con “La viuda de Martín Contreras”; “En el Barrio no hay banderas”, de René del Risco Bermúdez; “Sábado de sol después de las lluvias”, de Roberto Marcallé Abreu; de Pedro Peix “Las locas de la plaza de los almendros”; “Subir como una marea”, de Arturo Rodríguez Fernández; “El silencio del caracol”, de Diógenes Valdez; y los últimos tres títulos son: “La fértil agonía del amor”, de Marcio Veloz Maggiolo, “Cuentos color sepia”, de Freddy Miller, y “La carne estremecida”, de José Alcántara Almánzar.

En cuanto a las novelas, y contrario a la tradición, prefiero “El oro y la paz”, de Juan Bosch, de Ramón Marrero Aristy “Over”. Y ya más contemporáneos, a los escritores Pedro Vergés, con “Sólo cenizas hallarás”, de Marcio Veloz Maggiolo “De abril en adelante” y “Los tiempos revocables”, de Diógenes Valdez.

RS: ¿Se puede creer en los concursos literarios dominicanos… en los polémicos premios nacionales?
RGR:
Hay que creer. El ser humano es un animal de incertidumbres, de esperanzas y verdades. Y los escritores no tienen por qué ser diferentes. Tampoco los concursos, los polémicos premios que ponen en aprietos a un jurado, a tres o cuatro escritores que hacen de jurado. Y que juzgan no los libros y su calidad, si no cómo quedarán ellos ante los escritores que quedan excluidos del premio. De manera que no hay que temer. Los concursos literarios van más allá de los premios, contribuyen a poblar el mundo de libros, tanto los de aquí como los extranjeros. Y todos están llenos de incertidumbre, son esperanzadores, y profundamente verdaderos.

RS: ¿A qué atribuyes el poco repunte a nivel internacional que tiene la literatura dominicana? ¿Falta de calidad o poca difusión?
RGR:
La República Dominicana entra de lleno en una situación de excepción, ya que empiezan las casas editoriales de España, Italia y la región a poner el ojo en importantes escritores dominicanos. En ese fenómeno, incide, por supuesto, los niveles particulares de desarrollo de nuestra sociedad, ya cuenta con una impresionante comunidad de lectores, que demandan más libros, y que permite que un mayor número de escritores nacionales consoliden su literatura, presenten mejores historias, más depuradas, más trascendentes. Basta señalar el caso de la novela. Las muestras anteriores a las últimas dos décadas, salvo algunas notables excepciones, no fueron muy consistentes. Pero hoy, partiendo de autores generacionalmente modernos como Marcio Veloz Maggiolo, Diógenes Valdez, Enriquillo Sánchez, Angela Hernández, Luis Arambilet, Pedro Vergés, o Pedro Antonio Valdez podemos contar con importantes títulos de novelas que podrán sacarnos de la insularidad, que nos situarán dentro de una grande y ya venerable corriente continental. No sucede lo mismo con la poesía actual, que no iguala, ni consigue superar el trabajo que hicieron glorias de nuestras letras, como Manuel del Cabral, Pedro Mir, Héctor Inchaustegui, Domingo Moreno Jimenes y Franklin Mieses Burgos.

La poesía contemporánea tiene muchos empecinados, gente que sueña, que arriesga su presente de manera precipitada, que se aventura llevar un libro a imprenta, pero no tiene futuro. El futuro de nuestra poesía, paradójicamente, está en Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, Aída Cartagena Portalatín y otros poetas del pasado. Un fenómeno que no sucede con la narrativa.

Sin ninguna duda, la literatura dominicana tiene un camino internacional muy promisorio. Nunca como a finales del pasado milenio y principios de esta década ha tenido tanto respaldo. Tenemos escritores dominicanos cuyos libros son demandados por editoriales extranjeras. No son los autores que tú o yo quisiéramos ver, pero esos son los elegidos. Para ver otros escritores publicados, promovidos y con la calidad necesaria… eso es algo que tiene que esperar. Sobre todo que yo confío, yo apuesto a esos escritores; Dios le sabrá dar a muchos, incluidos editores y escritores, el discernimiento, la claridad de pensamiento, la paciencia necesaria, y la mesura para esperar a que ese momento llegue.

RS: Siempre se ha comentado de que hace falta la “gran novela dominicana”. ¿Crees que ya se ha escrito o piensas que todavía no ha llegado el “mesías”?
RGR:
Hay que defender la literatura dominicana, la buena; y luego ver los casos particulares. En ese sentido, ya tenemos nuestra literatura y buenos escritores. En cuanto a lo otro… Yo no sé si es un comentario que se muda cada década y se pone en boca de muchos críticos, escritores y poetas; o si definitivamente estamos inmersos en un clima de expectativa constante en esto de esperar. No creo que nadie, ningún escritor, poeta o narrador, se haya propuesto escribir el gran poema, el gran cuento, y como tú planteas, la gran novela dominicana. A falta de esas grandes piezas, ¿sería correcto hablar de poemas, cuentos y novelas menores? Creo que no. Definitivamente los dominicanos tenemos el piso, vamos haciendo un camino y damos pasos con firmeza y eso ya es suficiente. Con la calidad que exhibe las letras dominicanas podemos ganar el cielo. Tenemos una literatura hecha por escritores con una gran consistencia, con libros publicados aquí y allá, que forman parte de la literatura latinoamericana, de la literatura caribeña, de la literatura hispanoamericana. El futuro no está en un solo escritor, en un solo hombre, en un libro. El futuro está en ver y valorar a República Dominicana y defender y promover sus escritores sin egoísmos, como un conjunto armónico, sin que nadie reclame calidades y principados injustos, o hable de mesías, que en literatura los mesías no tienen ningún poder de validez.