Repaso a la Feria del Libro

La X Feria Internacional del Libro de Santo Domingo ya finalizó. Como todos los años, la fiesta cultural más importante del país, atrajo a miles de personas que se acercaron a la Plaza de la Cultura para participar en las actividades, comprar libros o visitar los diferentes pabellones.

Este año la feria estuvo dedicada a Colombia como país invitado y como escritor homenajeado al poeta Franklin Mieses Burgos. Para mí fue una gran alegría enterarme de que Franklin sería el centro de atención de este importante evento, ya que fue un autor genuino, con una obra de gran calidad, que merecía ser rescatado.

En la organización de esta actividad estuvo involucrada toda la Secretaría de Cultura, pero en especial el equipo de la Comisión Permanente de la Feria del Libro que encabezan los escritores Alejandro Arvelo y Pedro Antonio Valdez.

La feria del libro de República Dominicana no es como las que se realizan en otros países. La que se hace en Madrid, por ejemplo, es mucho más sobria y es organizada por la Asociación de Empresarios de Comercio de Libro de Madrid. Las casetas son todas iguales, están perfectamente numeradas, las actividades que se celebran están estrictamente vinculadas al libro y en cada caseta hay una lista de la hora en la que estarán los escritores firmando libros. En la de Guadalajara, en México, se propicia el acercamiento entre las editoriales y los escritores y en la de Puerto Rico se cobra la entrada.

Nuestra feria es más bien una fiesta en la que confluyen además de la literatura, otras artes como el teatro, la danza, la música y hasta el cine. Podría decirse que lo nuestro es un evento cultural en donde las letras tienen mayor preponderancia. Las casetas de los libreros son parecidas, pero las entidades vinculadas al libro pueden poner un pabellón de la dimensión y el diseño que les apetezca. En la nuestra las instituciones gubernamentales también participan, así que a nadie le extraña encontrar en una actividad de esta índole un pabellón de las Fuerzas Armadas, de Impuestos Internos o de Obras Públicas. La feria es gratis, los estudiantes son llevados en caravana por los centros educativos, se realizan conciertos, presentaciones de obras teatrales, coloquios y conferencias a diestra y siniestra, se instalan muchos puestos de comida y hasta hay un tren en el que los visitantes pueden dar un tours por todo el lugar.

La feria dominicana es caribeña, llena de colorido, de ruido, de alboroto, de calor y sudor, de alegría, luces y sombras. En ella participan los escritores de las diferentes provincias y los gestores culturales. También son invitados autores de diferentes países y los escritores dominicanos de la diáspora. Este evento siempre genera mucha expectativa y mucha controversia a su alrededor, pues la gente siempre espera ver qué es lo nuevo que traerán, a cuáles invitados internacionales tendrán la oportunidad de conocer y los escritores locales esperan ser incluidos en el programa; la controversia siempre llega por la crítica de quienes entienden que pudo haberse hecho de otra manera, o por los mismos roces que surgen entre la gente de la clase artística.

En sentido general este año la feria estuvo muy bien y superó las entregas anteriores. A mí en particular me gustó más, me pareció más acertada, aunque hay algunas cosas que pueden mejorarse.

A continuación una lista de lo positivo y negativo, según mi juicio.

Positivo:

-La dedicatoria a Franklin Mieses Burgos. Un homenaje muy merecido.
-La organización estuvo mejor que en años anteriores.
-El pago a los participantes se realizó de inmediato. Esto es sumamente positivo ya que en otras ocasiones los artistas tenían que recurrir hasta a la prensa para presionar a la comisión de la feria, ya que el pago tardaba en ocasiones hasta meses.
-El trato de los directivos y coordinadores a los artistas fue correcto y muy amable (hay que entender que ellos trabajan bajo mucha presión y agotamiento).
-Las actividades pautadas, en su mayoría, eran muy interesantes y es motivo de aplauso que los organizadores se esfuercen por ofertarnos un programa tan rico y variado. Da gusto ir a una actividad a escuchar a una intelectual del calibre de Pura Emeterio Rondón, escuchar a poetas locales y extranjeros leer sus obras, participar en un encuentro con el querido escritor Manuel Salvador Gautier, entre otras actividades que igualmente deleitaron a los asistentes.
-Hay que celebrar el buen juicio de las autoridades de la feria al no poner este año la famosa “Alfombra de las Letras” que pusieron en la entrega anterior en el acto de inauguración. No sé de quien fue esa desafortunada idea, pero me alegra mucho que este año no hayan cometido la atrocidad de hacer desfilar a nuestros intelectuales por una alfombra como si estuviéramos en los Oscar. Esto significa mucho, en principio quiere decir que la gente de la feria puede tomar malas decisiones y equivocarse, pero también quiere decir que esas malas decisiones pueden rectificarse, lo que muestra que ellos tienen todo el deseo de hacer las cosas bien.
-La idea de que se involucrara más a los escritores jóvenes me pareció genial, como también me resultó grato ver en el Pabellón de Autores Dominicanos muchos libros de autores de provincia. La feria siempre debe sumar, ser inclusiva, y parece que así lo han pensado sus organizadores.

Negativo:

-Los colores del afiche oficial parecían navideños y la idea del libro como flor se perdía.
-Resulta deprimente la presencia de pabellones de entidades gubernamentales que nada tienen que ver con el libro. Da pena ver cómo nuestro dinero es usado por esas instituciones públicas para algo que no es de lo que se supone deben ocuparse. Lo que más vergüenza e indignación produce es el pabellón de la Primera Dama, la señora Margarita Cedeño de Fernández, quien en este país maneja un presupuesto millonario para invertirlo en lo que se le antoje.
-Los organizadores de la feria insisten en saturar la agenda, al programar cientos de actividades, lo cual no es de mi agrado por varias razones: La primera porque muchas son realmente importantes y se realizan de manera paralela, así que uno no sabe por cual decantarse; la segunda porque muchos actos fracasan porque falla la logística, se dejan de realizar por falta de público o se realizan con poca asistencia, debido a que como hay tantas actividades, la gente se reparte, aunque también se debe a que no se difunden bien estos actos. La megafonía no funciona correctamente y el programa general era más fácil conseguirlo por Internet que impreso, pero no todos tienen acceso a la red o simplemente no saben que el programa está ahí.
-La nota más agria y oscura fue el chisme que surgió entre los miembros de la comisión que organizaba el festival internacional de poesía Clima de Eternidad, lo cual dividió a los poetas en dos bandos: Uno que renunció y decía que el festival era elitista y gubernamental, y otro que defendía la actividad y acusaba a los otros de mediocres. Esto provocó mucha desconfianza en el recital y que parte del verdadero valor de esta iniciativa se perdiera en el camino.
-Era difícil localizar un baño público y los que habían estaban cerrados.
-Resulta difícil garantizar una seguridad 100% efectiva, pero me parece que este año fue muy débil debido a que muchos se quejaron de que le robaron dentro del recinto ferial. Un caso es el de mi amiga Elizabeth Carreño, a quien le sustrajeron la cartera con sus documentos y dinero. Pero este no fue un hecho aislado, ya que en varias ocasiones esto se denunció por los medios de comunicación. Debo aclarar que aumentar la seguridad no significa violentar los derechos de quienes acuden a la feria (lo digo por lo que le hicieron al bloguero y publicista Joan Guerrero, quien fue registrado en varias ocasiones, sin razón alguna, por los agentes de seguridad).
-Me parece deplorable que los organizadores hallan invertido dinero en hacerle un pabellón a la Biblia (¿por qué entonces no hacerle un pabellón al Corán o al libro de los mormones?). En un país en donde hay libertad de cultos y personas con distintas sensibilidades y creencias, no me parece que esto sea pertinente porque pienso que la feria debe estar desligada de cualquier influencia política o religiosa. Si se quería hablar sobre los valores literarios de la Biblia, se podía planear una conferencia o coloquio, y si se le quería hacer un homenaje a este libro por sus aportes al imaginario literario, también se pudo planear algo, sin la necesidad de desperdiciar recursos.

Por último, quiero recalcar que independientemente de lo positivo o negativo, la feria es un evento cultural de todos, no es sólo para los miembros del partido, para los que trabajan en el gobierno, para los escritores, los culturosos o aquellos que dicen saber más. La feria del libro dominicana es un evento democrático, popular e inclusivo, realizado para el deleite del pensamiento de toda la sociedad. Es una iniciativa ejecutada con el dinero nuestro, por lo cual tenemos no sólo el derecho a participar y asistir, sino a convertir esa actividad en algo nuestro.


Imágenes: 1. Entrada a la feria. 2. La gente circulando por las casetas. 3. La gente disfrutó de los pabellones. 4. La poeta cubana Nancy Morejón firmando uno de sus libros. 4. El poeta puertorriqueño José Luis Vega leyendo en el recital Clima de Eternidad. 5. Romina Bayo y Rosa Silverio en el pabellón de Autores Dominicanos.