Un fotógrafo, un libro, una causa

[El suplemento cultural Laberinto del periódico mexicano Milenio-El Portal, ha sido dedicado al libro Afganistán, una ventana a la tragedia del fotógrafo español Alen Silva. Agradezco a su editor, Omar Piña, y a la periodista cultural Graciela Barrera, por haberse interesado en el proyecto y por el esfuerzo que han hecho. A continuación el texto de mi autoría que figura en el suplemento.]

Alen Silva: Conciencia y Memoria

En diversos momentos de mi vida he llegado a la conclusión de que el mundo no es más que materia viva y maleable que los seres humanos manipulamos a nuestro antojo. Muchas veces esa materia se transforma en algo hermoso, pero en otras ocasiones se convierte en algo que produce desasosiego y horror. No creo que exista un solo rincón del planeta en el que nunca haya sucedido una tragedia o en el que no se haya empozado una lágrima. Lo triste es que en la mayoría de los casos, ese dolor que enlutece al mundo es ocasionado por nosotros mismos, quienes parecemos tener la inexplicable obsesión de convertirnos en algo monstruoso cuyo único fin es hacer daño. Una buena parte de la especie humana ha decidido hacerle frente a ese dolor y a ese monstruo que ha salido de nuestro propio vientre, mientras que otros todavía permanecen en la indiferencia, en un estado de inercia absoluta y de un desconocimiento que se convierte en el alimento ideal de ese depredador que busca aniquilar la raza humana.

Por eso, cuando vi la película alemana el Hundimiento, hubo algo que me conmocionó. Justo en el momento en el que se termina la última escena, aparece la verdadera Traudl Junge, la mujer que cuando tenía 22 años se convirtió en la secretaria de Hitler y que antes de morir concedió una entrevista en la que relató sus memorias. Un pequeño corte de esa entrevista fue lo que apareció ante mis ojos, en el que ella relataba la anécdota de que un día, mientras paseaba, se encontró con una placa conmemorativa dedicada a Sophie Scholl, una joven judía que fue ejecutada el mismo año en el que ella empezó a trabajar para Hitler. Con una voz tranquila y pausada Junge dijo lo siguiente: “En ese momento me di cuenta de que la edad no es una excusa. Y que hubiera sido posible para mí conocer las cosas que pasaban”.

Escuchar a esa señora decir esas palabras me hizo pensar que eso era justamente lo que hacía falta para detener al monstruo del que les hablé en un principio. Pensé que lo que realmente necesitamos es que la gente se sienta comprometida a saber, y que así como se entera de una realidad y asume que ese hecho forma parte de su historia, también se de cuenta de que sus acciones pueden cambiar el curso de aquellas cosas a las que si no prestamos atención y si no nos comprometemos con ellas, luego se convertirán en las páginas más amargas de un libro o en monumentos a la pérdida y el dolor.

Por suerte todavía queda en el mundo una juventud con deseos de saber y capaz de mirar más allá de su nariz. Forma parte de esa juventud, el fotógrafo español Alen Silva, quien en 2005 decidió hacer un viaje por Asia Islámica y detenerse en Afganistán, en donde “dibujó” con su cámara el verdadero rostro de la tragedia y a su regreso trajo consigo decenas de fotografías que constituyen una memoria de gran valor artístico y humano.

Ese fajo de fotografías no fue a parar a un simple álbum para mostrárselo a la familia o a los amigos mientras se bebe un trago. El joven fotógrafo sintió el compromiso de convertir aquel viaje en algo más importante y trascendente, por lo que decidió compilar las mejores imágenes y publicarlas en un libro, para que la gente no sólo pudiera tener acceso a su trabajo, sino que también supiera lo que estaba ocurriendo “del otro lado del charco”.

Ese libro fue publicado a finales de 2006 bajo el título Afganistán, una ventana a la tragedia y cuenta con la participación de un grupo de escritores y periodistas que decidieron sumarse a este proyecto y colaborar con textos que se acoplan perfectamente a las fotografías. Benito Lertxundi, Bernardo Atxaga, Toti Martínez de Lezea, Iban Gorriti, Xavier Santxotena, Miren Agur Meabe, Jon Sistiaga, Fermín Muguruza, Edu Barinaga y quien suscribe, cedieron textos de su autoría para el libro y parte de lo que se recaude con su venta será donado por Alen Silva a la ONG italiana Emergency, la cual atiende a los heridos de guerra en Kabul.

Tener en las manos el libro de este fotógrafo español es casi lo mismo que haber viajado con él. Uno tiene la oportunidad de ver, a través de las imágenes, lo que sus ojos vieron, de conmoverse con un niño herido víctima de una bomba o de sentir miedo ante la mirada de un hombre que porta un fusil. Dicen que la fotografía es mucho más que una imagen y que ésta logra capturar no sólo un momento de la vida, sino también un poco de nuestra alma, de lo que somos. Y eso es lo que uno siente cuando se pasea por el libro de Alen.

Esto me recuerda la anécdota que cuenta el personaje principal de la novela “La noche del oráculo” de Paul Auster. Sydney Orr cuenta que en una ocasión su cuñado Richard fue a visitarlo y éste le comentó que en el garaje de su casa encontró un estereoscopio y una caja que contenía 12 diapositivas que él se puso a mirar con curiosidad. Las diapositivas mostraban a familiares fallecidos y en una de ellas el único de los retratados que aún estaba vivo era él. Cuando se dio cuenta de esto no pudo evitar echarse a llorar y a partir de entonces adquirió la costumbre de ir todos los días al garaje para ver las fotografías una y otra vez, una y otra vez, como si cada vez que las veía él hiciera un viaje hacia el pasado para estar nuevamente con esas personas que le eran queridas.

Recuerdo esto porque, como decía anteriormente, cuando una fotografía se contempla con detenimiento es como si uno se transportara al instante milagroso y único en el que la imagen fue capturada por el lente de la cámara. De alguna manera, nuestra mirada vuelve a darle vida a un momento de la historia, a una persona, a un monumento o un paisaje que durante el lapso que dure aquel viaje, se convierte en parte integral nuestra, se transforma en una entidad o máquina del tiempo capaz de remontarnos a una época, un lugar o un nombre que cobra un significado especial para nosotros, que despierta del olvido y vuelve a Ser gracias a esa película que hace tiempo fue inventada por el hombre.

Las fotografías de Alen Silva no sólo pueden ser apreciadas desde el punto de vista estético, por puro deleite visual, sino que también conforman un verdadero testimonio de la realidad de un pueblo golpeado por la guerra. Este libro es una memoria innegable y reveladora que denuncia y conserva para siempre a unos personajes y unos hechos que jamás deben ser olvidados por nosotros, ya que tal y como lo decía el fotógrafo húngaro André Kertezs: “No hay derecho de olvidar”.

Por otra parte, Afganistán, una ventana a la tragedia es un documento visual capaz de zarandear nuestras conciencias e implícitamente nos convida, o más bien nos exige, que hagamos algo, que movamos aunque sea el dedo meñique o la punta del talón. Este libro es una muestra de cómo una acción puede despertar a la gente, cambiar una actitud o empujar a un grupo de personas a la acción necesaria. Quizás, secretamente, este haya sido uno de los objetivos de este artista del lente que promete seguir “dibujando” otras realidades.

Para Alen, la juventud no fue una excusa ni logró detenerlo. Todo lo contrario. Quizás ser joven haya sido su mejor arma y esa pasión que se posee en los primeros años del misterioso arco de la vida sea la que lo haya motivado a realizar un trabajo tan interesante que sin duda ya ha repercutido en la gente que ha tenido acceso al libro.

Recomendación: Conociendo a Alen Silva en el blog de Graciela Barrera