Está muy sola la poesía o el oído musical del poeta

[Les invito a leer este interesante artículo publicado por el poeta santiaguero Guido Riggio Pou en el suplemento cultural Areíto, del Perdiódico Hoy]

“Que las palabras hayan sido escritas por la música” (Mozart) La voz humana es el instrumento musical por excelencia. Ninguna nota, ninguna música, produce una emoción más sublime que la voz."

POR GUIDO RIGGIO POU

Si existe un ser desterrado, un ser incomprendido que ha estado notablemente ausente en la crítica que en estos tiempos sobre obras poéticas se escribe, es la música. Basta leer los escritos que en la huerta de la crítica literaria se publican, para darnos cuenta de que el aspecto más fundamental de la poesía y fuente de su origen, la música, queda relegada de sus consideraciones.

Y no es para menos, porque la música, el ritmo interno y temporal que transcurre a todo lo largo de la composición poética, es elemento extraño en la producción literaria de nuestros días; y a la vez, por el carácter sutil de su presencia, es cimiento difícil de apreciar dentro de la estructura subyacente de la creación.

Pocos poetas y menos críticos están plenamente conscientes de que el germen de toda buena poesía tiene su origen en la música. Debido, quizás, a que el oído musical, la capacidad auditiva y perceptiva para identificar patrones de ritmo, color y sustancia musical, se ha ido perdiendo.

Esto a razón de la gran confusión estética auspiciada por la numerosa y apabullante producción literaria existente , en la que abunda cada día más una extraviada e incesante búsqueda por la originalidad ,y el consecuente abandono de los fundamentos clásicos que conforman la belleza. Agravado, además, por el fácil acceso a los medios de difusión de obras carentes de valores que son extraviadamente ponderadas y exaltadas por “calificadas autoridades” de la crítica.

Es así como poco a poco se están desdibujando los contornos estéticos que definen la poesía. Tal parece que hemos olvidado que la música con sus sonidos y silencios, con su armonía y su belleza, es la sustancia donde se hospeda el esplendor de toda buena lírica. Tomar sólo el aspecto que toca a la comunicación de la idea y descuidar el fundamento sonoro de la lengua, el vehículo armonioso sobre el que debe cabalgar la idea, es ignorar que el pensamiento anhela -viceralmente - encontrar en la palabra que lo encarne a la música exacta que lo exalte.

Porque sólo así , con el encuentro de la idea con su auténtica música, el pensamiento podrá alcanzar la más alta condición de su potencia, sólo así podrá manifestarse en cuerpo y alma para consumar la tarea primordial que le impulsa siempre a estremecer la consciencia humana.

Lamentablemente la crítica poética que hoy se escribe deriva su atención hacia aspectos secundarios. Generalmente se suele destacar la temática como si se tratase del elemento más importante de la creación poética, sin embargo la temática no la constituye, a razón de no constituir una categoría estética, pues la cuestión más inadvertida cuando es tratada de manera exquisita se puede convertir en buena poesía. Más, la belleza debe ser el fundamento y el objetivo principal de la creación estética y el foco de quien la pondera.

En la naturaleza, la música, el canto -voz común entre muchas especies- surge primero que la palabra ; mucho tiempo después de que palpitaran los primeros cantos de las aves, brotó en el hombre la palabra.