Cuando oscurece


(Imagen: Las amigas/Gustav Klimt)

"Sólo quien no excluye nada de su existencia,
ni lo que sea enigmático y misterioso,
logrará sentir hondamente sus relaciones con otro ser humano
como algo realmente vivo..."
Rainer María Rilke


Cuando todo se oscurece
yo me desnudo para ti
y no siento miedo.
Me recuesto sobre tus pechos diminutos,
sobre tu sexo algodonado,
sobre tu alma de buitre y de serpiente.
Acaricio tus formas de mujer
y me sorprendo descubriéndote,
enamorada de tu mirada de bruja y de tigresa,
de tu lengua acuática y misteriosa,
de todas las auroras que tejimos juntas
y que hoy destejemos mientras nos burlamos de Penélope.
Porque cuando todo se oscurece
tú y yo nos iluminamos por entero,
abrimos el corazón de par en par
y salimos a probar manzanas prohibidas,
a abrir cajitas de Pandora
y a desenmascarar a todos los monstruos de la tierra.
Por eso cuando oscurece
yo me acerco a ti como un olivo o una enredadera
y me atrevo a recorrer todos tus caminos.
Te susurro algunos versos de Safo
y suavemente dibujo las delicadezas de tu ser.
Y así sucede siempre.
Cada vez que oscurece
yo te siento cercana y transparente
y te amo.
Bebo sorbos de tu copa
y me sonrío.
Espero a que se descorran los velos
y te invito a pasear juntas
bajo la luz de primavera,
entre pústulas y flores,
sin temor a las preguntas,
tomadas de la mano.

© Rosa Silverio 2005
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