Olvido


(Amantes de medianoche/ Vitico Cabrera)

¿Debo resignarme a la muerte de la raíz,
al viaje sin retorno de las olas?
Dirás que no, pero yo sé que el silencio se aproxima,
que tus hojas están a punto de caer
y que tu luz se extinguirá como todas las cosas
que han muerto en ti y entre nosotros.
Ojalá yo pudiera creer en los prodigios.
Me sería fácil concebir el amor como una onda
que se extiende hasta mis orillas,
o como una flecha que traspasa la maleza
y se clava justo en mis adentros.
Pero no es tan sencillo olvidar la inutilidad de la rosa,
el aire enrarecido que mecía nuestra unión.
Porque a pesar de la fortaleza del nudo
siempre hubo un débil temblor en nuestras manos,
siempre hubo una vacilación en las piernas,
una mirada hacia atrás y una ciudad imaginaria
que se derrumbaba mientras todo se convertía en sal.
Sal del dolor, sal de las lágrimas, sal del beso,
sal de todas las cosas amargas e indeseadas por el gusto.
Sal del mar, sal del olvido.
Sal de tu cuerpo y el mío entregándose el amor
y despreciándose.
Nunca faltó ese residuo de asco y de costumbre,
ese signo de interrogación que se izaba
sobre nuestras cabezas húmedas y cansadas,
ese remanente que desembocó en el adiós.
Ahora sólo me pregunto si sabrás de la nostalgia
o si pudo más la acritud de las cosas
y ya mi rastro se ha borrado de todos tus caminos.
Es imposible saber
desde esta distancia de tortuga y de montaña,
desde esta ausencia, desde este tiempo,
desde esta tristeza insonora y solitaria
que nubla todo mi horizonte.
Por eso ahora me refugio
en el nacimiento del mar y de la estrella
y si algo debe sobrevivir a nuestra historia
que sólo sea la transparencia de las aguas
y el viaje ilusionado de los peces.
Alguien podría citar algún recuerdo,
pero yo no lo sé… dímelo tú…
¿Vale la pena rescatar alguna aurora?

© Rosa Silverio 2005
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