Máximo Vega: Dedicación y Permanencia

Máximo Vega es uno de los autores más talentosos y dedicados de su generación. Un hombre sencillo, cercano y trabajador, que se ha esforzado por desarrollar una carrera literaria consistente, alejada de los ruidos y de todas esas luces que muchas veces ciegan a los artistas. Su obra, traducida a varios idiomas y bien ponderada por la crítica, es el reflejo de un escritor urbano que respeta y conoce muy bien su oficio.

Máximo nació en Santiago de los Caballeros en 1966. Es narrador y ensayista. Fundador y coordinador del Taller de Narradores de Santiago. Ha publicado los libros: Juguete de Madera (novela corta), Ana y los Demás (novela), La Ciudad Perdida (cuentos) y Final del Sueño (cuentos).

En el año 2003 ganó el concurso de ensayo con motivo del bicentenario del nacimiento de Víctor Hugo, con el trabajo “Víctor Hugo en la historia”, traducido al francés. En 2005 obtuvo el Premio Único de Cuento del concurso Nacional de Literatura de la Universidad del Este (UCE), con su libro “Final del Sueño”. En ese mismo año, su cuento “Hansel y Gretel” fue incluido en un libro de textos para estudiantes universitarios en México y Puerto Rico y Ediciones Ferilibro le publicó la antología “El Cuento contemporáneo en Santiago”, compilada por él.

ROSA SILVERIO: Sólo escribes narrativa y ensayo, ¿nunca te ha mordido el gusanillo de la poesía?
MÁXIMO VEGA: Realmente no. No soy poeta, soy narrador y ensayista. Lo mío es la prosa. Es una cuestión de intereses; a mí me interesa, como escritor, reflexionar sobre la realidad.

RS: Tu novela Juguete de Madera fue un verdadero éxito en Santiago, tanto que fue asignada a estudiantes universitarios y reeditada en varias ocasiones, ¿a qué atribuyes que esta obra no haya recibido el mismo reconocimiento en Santo Domingo? ¿A la falta de promoción y distribución en la capital, o a la marginación capitalina?
MV: A la falta de promoción. Yo no edito mis obras, yo tengo dos editores santiagueros que las editan. Y ellos las promueven esencialmente en Santiago y en el Cibao. Entonces los libros no han tenido la misma difusión en Santo Domingo. Ahora bien, aquí en el Cibao han tenido un éxito extraordinario, ya Juguete de Madera lleva cinco ediciones, la cuarta, ya agotada, de tres mil ejemplares. Y no solamente Juguete de Madera, se va a promover ahora una reimpresión de un libro de cuentos mío, La Ciudad Perdida. He tenido mucha suerte en el ambiente editorial, hasta el punto de que ya no edito mis propios libros, como hace la mayoría de escritores dominicanos, sino que tengo dos editores que lo hacen. En cuanto a la marginación, no es propia solamente de la capital, en este país se da un extraño fenómeno competitivo que es malsano, corrosivo, entre los escritores. Una cosa lamentable y extrañísima, aunque uno conoce las razones sociológicas de por qué esto se da, pero no creo que éste sea el espacio para analizar eso.

RS: Perdóname que caiga en comparaciones que pueden ser ligeras e incómodas, pero yo leí Juguete de Madera, de tu autoría, y también La Estrategia de Chochueca de Rita Indiana, una escritora capitalina que ha tenido mucho éxito gracias a ese relato que ha sido considerado por muchos un gran descubrimiento. Sin embargo, para mi gusto, tu novela corta no sólo tiene más fuerza sino que sobrepasa a la otra en calidad y permanencia. Siendo honestos, ¿no crees que si tú fueras capitaleño y un escritor “cool”, tendrías igual o mayor éxito?
MV: Te agradezco que te haya gustado tanto Juguete de Madera, pero es que yo no busco ese éxito. Tal vez sí, tal vez si yo hiciera vida literaria en Santo Domingo fuera reconocido más rápidamente, pero a mí no me interesa ser reconocido rápidamente. A mí me interesa permanecer, y ni siquiera eso depende totalmente de uno. Quien tiene la última palabra es el lector. Pero yo no creo que sea solamente esto. Yo estoy consciente de que soy un escritor absolutamente descontextualizado de la forma en que se escribe actualmente en el país. Vamos a poner el ejemplo de Juguete de Madera, ya que la mencionaste. Esa novela corta transcurre en un paisaje imaginario absolutamente inventado, un paisaje imposible, aunque parezca real. Y eso se debe a que lo que a mí me interesa es expresarme, ser totalmente sincero, independientemente de que eso sea aceptado o no. Por suerte ha sido aceptado ampliamente por los lectores, que le han dado al libro (un librito, realmente, pequeñito) un éxito editorial tremendo. Ahora bien, uno no debe engañarse y debe reconocer que existe una marginación evidente con respecto a alguien que no vive en Santo Domingo, y ese no es solamente mi caso, sino el de cantidad de escritores que sufren este mismo problema desde las provincias.

RS: Has publicado varios libros y en todos se siente una onda urbana. ¿No te han inspirado los campitos de nuestro querido Santiago?
MV: Bueno, es que yo soy una persona eminentemente urbana. Santiago de los Caballeros es una ciudad pequeña que está creciendo tremendamente, pero que todavía quiere seguir teniendo esa mentalidad rural, bucólica, de hace veinte o treinta años, y a mí eso me atrae. Y, por supuesto, me atrae mucho la ciudad, la ciudad de Santiago quiero decir. Me parece que Santiago es una ciudad como La Habana o como París, o como Buenos Aires, una ciudad literaria, es decir, con un ambiente, con una atmósfera y con una geografía perfectas para que transcurran aquí historias literarias. Yo estoy enamorado de Santiago, como todos los santiagueros.

RS: En un ensayo sobre la literatura del Cibao, afirmas que ésta no es diferente a la que se escribe en Santo Domingo, ¿en qué te basas para hacer esa afirmación?
MV: En que el Cibao, como escribo en ese mismo ensayo, no es un país independiente, es una región de un país que se llama República Dominicana, un país muy pequeño del Caribe que es sólo una parte de una isla. Las diferencias literarias no pueden ser muy notables, porque las cosas que afectan a los habitantes de la capital, también afectan al resto de la república. Tenemos más o menos las mismas influencias literarias, el mismo idioma (quiero decir el mismo lenguaje: una lengua dominicana), somos lo mismo. Lo que puede cambiar un poco es la geografía, el paisaje, y el hecho de que hay una corriente en Santo Domingo sumamente influenciada por la literatura norteamericana, un tipo de literatura que se hacía en los Estados Unidos en los años setenta y ochenta, que se le llamó, un poco despectivamente, “literatura sucia”, bueno, y ese tipo de literatura está influenciando mucho a una serie de jóvenes de Santo Domingo. Lo cual está muy bien, siempre y cuando lo que ellos hagan sea buena literatura, pero la buena literatura no lo es porque sea urbana o rural, o porque transcurra en ciudades grandes o pequeñas, o porque tú pongas obscenidades o dominicanismos en ella, o no. Todo es literatura dominicana, sea de la región que sea.

RS: ¿Crees que un escritor de provincia tiene las mismas oportunidades que uno de la capital?
MV: No. Te voy a decir por qué, ya que insistes con el tema. Porque la literatura, en la República Dominicana, no tiene importancia social. Entonces el espacio para el reconocimiento literario es muy pequeño, es mínimo, y los escritores que ya tienen ese espacio no lo quieren ceder. Entonces un escritor joven, o un escritor de una provincia, por ejemplo, que quiera su propio espacio para el reconocimiento público, tiene prácticamente que destruir al que ya tiene el espacio tomado. Tiene que destrozarlo. Entonces los concursos literarios se corrompen, escritores malísimos obtienen un reconocimiento que no merecen, porque no se consiguen las cosas con la calidad, a través de la calidad literaria, o con la crítica, porque aquí no existe la crítica literaria, sino a través de la competencia, una competencia desleal que no debería darse de esa manera en la literatura. Hay que ponerle zancadillas al que viene subiendo a tu lado, para que no llegue al lugar que crees destinado para ti. Te voy a poner un ejemplo, ya que reiteras la pregunta: mis obras aparecen en más antologías internacionales que nacionales. Es increíble. Recientemente colocaron un cuento mío en una antología para estudiantes universitarios de México y Puerto Rico, al lado de grandes escritores latinoamericanos, vivos y muertos. Solamente hay tres dominicanos en esa antología, y yo soy uno de ellos; estoy al lado de Juan Bosch, de García Márquez, de José Martí, de Monterroso, de un trozo del Popol Vuh..., ¿quién me iba a decir a mí, que leía esa antología en mi adolescencia, que algún día yo iba a estar en ella, al lado de toda esa gente? Por supuesto, yo no me merezco eso, me ayudó el azar, pero es para que veas el problema que existe en este país. Ahora bien, ese es un terreno extraliterario, eso no tiene que ver con la literatura, sino con la forma en que está concebida la sociedad en la que vivimos. Entonces, cuando hay gente que no está dispuesta a luchar de esa manera por el reconocimiento, ganar el espacio se le hace más difícil, pero eso no quiere decir que al final no lo consiga. Sólo le resultará más difícil.

RS: Has ganado varios premios importantes, ¿qué significan esos reconocimientos para ti?
MV: Uno envía a los concursos, a veces, para publicar el libro, o por el dinero, o por el prestigio, es decir, para demostrar algo. Yo soy enemigo de los concursos. No creo que sirvan para nada. Una de las causas que ha estancado la literatura francesa, por ejemplo, una literatura tan querida por mí, es la competencia para ganar concursos. Eso está sucediendo también en nuestro idioma: si un escritor latinoamericano no gana un concurso, no es conocido internacionalmente. Ese es un claro ejemplo de cómo el capitalismo ha tratado de corromper el arte y la literatura.

RS: ¿Cómo ha sido tu experiencia como coordinador de un taller literario? ¿Se aprende literatura en un taller?
MV: Como sucede con la religión y las ideologías, en literatura siempre es bueno congregarse, es decir, buscar gente que tenga tus mismos intereses para que te acompañe. En el caso del Taller de Narradores de Santiago, que es el grupo que coordino, ya prácticamente de manera honorífica, a pesar de su nombre es realmente una tertulia semanal en la que conversamos sobre literatura, sobre arte, en la que leemos lo que escribimos y nos apoyamos mutuamente. Yo no creo que nadie enseñe a escribir; tú puedes aprender a redactar, a redactar correctamente, pero no a ser escritor. A escribir se aprende leyendo, leyendo mucho, mientras más desorganizadamente mejor, queriendo mucho la literatura, y escribiendo. El tiempo y los lectores decidirán si lo que uno escribe merece permanecer, o no.

RS: ¿Cuáles autores y corrientes estéticas han influido en tu formación literaria?
MV: Yo soy un lector voraz, pero muy desorganizado. Yo quiero a mucha gente, tal vez a demasiada. A Cortázar, por ejemplo, a Borges, a Bioy Casares. A Juan Carlos Onetti. A los rusos: Tolstoi, Dostoyevski, Chejov. A Kafka, a García Márquez, a Juan Bosch. A Coetzee, a Camus, a Homero, a César Vallejo, a Rulfo, a Carpentier. A Pedro Mir, a Faulkner (cómo olvidar a Faulkner), a Carson MacCullers, a Giannina Braschi, a Ramón Peralta, a José Acosta, a Manuel Llibre, a Virginia Woolf y a Clarice Lispector. A Octavio Paz, Saramago, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes..., ¿para qué seguir?, son muchos más. Como verás, la mayoría son latinoamericanos. Más que corrientes, a mí me han influenciado obras y escritores. Tengo cierta afinidad con el surrealismo, más que en mi obra (aunque un poco en mi obra), en mi vida personal.

RS: ¿Qué piensas de los escritores de tu generación? ¿Crees que realmente están haciendo algún aporte a la literatura dominicana?
MV: Claro que sí. Esta va a ser una de las generaciones literarias más importantes de toda la historia nacional, no por lo cantidad de nombres, porque ninguna generación literaria dominicana ha dado una cantidad muy grande de nombres, sino por la calidad, y en segundo lugar por la proyección. Esta va a ser una generación internacional, pero, por supuesto, eso no tiene que ver con la literatura en sí misma. Lo interesante de mi generación, lo que realmente me parece curioso, es que somos una generación cronológica, pero no estilística, y eso es importante puesto que cada quien está buscando su propio modo de expresión, su propio camino, lo que significa que hemos traspasado en nuestro país una etapa de eterna transición, y hemos llegado a lo que debería pretenderse en literatura, en el arte en general: a una etapa de individualidades.

RS: ¿En cuáles proyectos literarios estás trabajando actualmente?
MV: Voy a publicar un libro de cuentos próximamente, en octubre de este año, y estoy escribiendo una novela larga un poco más ambiciosa que mis anteriores trabajos.

RS: ¿Qué le hace falta a las letras dominicanas para posicionarse en el mercado internacional?
MV: Ese problema no es de los escritores, sino de los editores. La República Dominicana es un país muy pequeño, en el cual la gente lee muy poco, y lo que se debe hacer es impulsar la educación, una reforma educativa integral, y una industria editorial nacional. Los editores promocionarán a los escritores fuera del país. Mientras eso no suceda, veremos que quizás un escritor pueda publicar un libro en el exterior, o estar en alguna antología internacional, pero como grupo los dominicanos no saldrán mientras no exista una fuerte industria editorial nacional. Pero ese es un problema que se da en toda Latinoamérica: los escritores no son conocidos de un país a otro, eso solamente sucede con los españoles, por la misma razón: ellos tienen la cuarta industria editorial de todo el mundo, precisamente debido al mercado latinoamericano. Es como si Latinoamérica no aprendiera nunca.

Pero, claro está, también el escritor dominicano tiene que aprender a ser más escritor y menos malabarista, menos truchimán y serrucha palos, y tener una visión más ecuménica de la literatura, concentrarse más en el viaje y no en el final del camino.