Taty Hernández: Transparente y Sensitiva

Taty Hernández es una gran mujer. Nació con el don de la alegría y a pesar del transcurrir del tiempo, todavía conserva ese niño interior que muchos de nosotros hemos perdido. “La reina de la ahuyama”, como la bautizó un excéntrico poeta vegano, es una de las pocas personas que se dejan morder por los arácnidos y que sabe convertir todo cardo en rosa blanca. También es una de las gestoras culturales del país más activas y queridas, una poeta sensitiva, una narradora aún por conocer y una articulista cuyas letras han aparecido en los principales periódicos y revistas de esta tierra caribeña.

Taty abrió los ojos por primera vez en Jarabacoa, la ciudad de la eterna primavera, en 1960. En 2003 publicó su poemario Temblor de la Espera, el cual fue muy bien acogido por el círculo literario nacional. En 1992 obtuvo el Premio Municipal de Jarabacoa en la categoría de poesía por su texto Jimenoa, y en 1994 recibió el mismo premio en la categoría de cuentos por su relato Esclava de las flores.

En la actualidad, Hernández administra junto al escritor Néstor Rodríguez la comunidad cibernética El Patio de las Cayenas, dedicada a la difusión de la literatura. También es moderadora junto al escritor Pedro Antonio Valdez del foro Abecedario, del cual son miembros la mayoría de los autores del país.

ROSA SILVERIO: ¿Cómo fue tu acercamiento a la escritura?
TATY HERNÁNDEZ:
A través de la lectura, me alfabetizaron a los 4 años, y de la memorización de poemas de nuestra clásica poetisa Salomé Ureña. De esto último se encargaban mis tías Tatá y Nurys, que eran profesoras de las de antaño. Siempre me destaqué como declamadora y ganaba premios en las clases de redacción. Pienso que de ahí inició mi enamoramiento por las letras y el quehacer de la palabra.

RS: ¿Quién fue primero: la gestora cultural o la escritora?
TH:
Ja. Por supuesto que la escritora. Aún conservo mi primer esbozo de poema escrito en un papel de traza y ando buscando los borradores de algunas piezas de teatro que redacté con apenas 9 ó 10 años.

RS: La gestión cultural es absorbente y requiere de mucha dedicación, al igual que la escritura. ¿Cómo logras combinar ambas facetas sin que una aniquile a la otra?
TH:
Eso es fácil de detectar. Cuando se me siente fuera del aire es porque estoy escribiendo. Si se sabe mucho de mí es porque ando gestando algún asunto cultural. Eso sí, trato siempre de producir aunque esté inmersa en cualquier actividad.

RS: ¿Cuáles autores y libros han influido en tu formación literaria?
TH:
La Biblia siempre ha sido mi principal libro de cabecera. No me canso de leer El Cantar de los Cantares de Salomón, ni los Salmos. También me gusta leer a Job.

Antes de los catorce años ya conocía casi toda la obra de Julio Verne, a Emily Dickinson, a Emily Bronte, a Jane Austen, a Pablo Neruda, a Julia de Burgos y por supuesto a Jorge Luis Borges. También conocí la obra de Oscar Wilde, Goethe y me fascinó el portugués Eça de Queirós.

RS: Háblanos de tu poemario Temblor de la Espera, ¿cómo fue su conformación y cuáles fueron tus motivaciones?
TH:
Ese poemario fue fruto del trabajo de 3 años de creación en el período comprendido entre 1999 y 2002. Esa etapa se vio sacudida por la partida de los dos hombres más importantes en mi vida para ese momento, mi papá y quien fuera mi compañero sentimental por cinco años.

RS: Tu poesía es muy sensorial y plástica, en ella aparecen muchos elementos de la naturaleza. ¿Podemos decir que Jarabacoa ha sido tu gran fuente de inspiración?
TH:
Sí, creo que sí. Nunca me arrepentiré de haber regresado a este “rinconcito sutil y encantador” por el que suspiran tantos jarabacoeños que habitan otras tierras.

RS: ¿Cuánto tenemos que temblar esperando a que salga tu próximo libro? Háblanos de tus proyectos futuros.
TH:
Estoy trabajando un nuevo poemario y un libro de cuentos. Bien sabes que soy temerosa y por ello no puedo decirte cuándo verán la luz, aunque percibo que hay cierta confabulación a mi entorno para que me surja otro parto literario.

RS: En un medio tan agreste y puntilloso como el literario, ¿cómo ha sido posible en tu caso ser amiga de todos los escritores y constituirte en nuestra gran embajadora y conciliadora?
TH:
Sencillamente soy humana. No tengo ninguna estrategia ni receta para tratar a mis congéneres, simplemente les trato como me gustaría que ellos me tratasen.

RS: ¿Cómo es la Taty que la gente no conoce?
TH
: No creo que haya una Taty desconocida. Si hasta me tachan de ser demasiado transparente.

RS: Siempre se vincula a la mujer con la maternidad, como si esto fuera un paso obligatorio en su vida, pero también se ha hablado de que ser madre puede paralizar la vocación creadora de la mujer escritora. ¿Qué opinas tú al respecto? ¿Te habría gustado ser madre?
TH:
¡Claro! Que me habría gustado ser madre pero no me rasgo las vestiduras por el hecho de no serlo. Además me considero mamá de Génesis mi sobrina y siento que mi relación con ella llena mis ansiedades maternales.

No creo que sea cierto que la maternidad paralice la vocación escritural. Tenemos buenos ejemplos entre las escritoras dominicanas, como Ángela Hernández, Emelda Ramos, Emilia Pereyra, que han desarrollado su carrera literaria mientras ejercían la maternidad.

RS: ¿Qué piensas de la literatura que se está haciendo actualmente en el país, en especial la de los novísimos, ya que fuiste tú misma la que los bautizaste con ese término?
TH:
En nuestro país, como en todo el mundo, se está creando literatura en diferentes tendencias. De los novísimos siento que se acercan a los de la generación beats de finales de los años 50 en Estados Unidos. Son transgresores y algunos, como Homero Pumarol, juegan muy bien con el spanglish mientras que otros como Frank Báez trabajan una poesía muy urbana, real y universal. De este grupo, mi preferido es Frank.

RS: ¿Cómo ha sido tu experiencia como moderadora de la comunidad literaria Abecedario y cómo fundadora de El Patio de las Cayenas? ¿Crees que estos foros cumplen su cometido?
TH:
Excelente, maravillosa. Esas dos comunidades digitales me han permitido interactuar con cientos de escritores de toda hispanoamérica y fortalecer estrechos lazos de amistad además de la complicidad que llevo con Pedro Antonio Valdez en Abecedario y con Néstor Rodríguez en El Patio de las Cayenas.

*Más adelante tendremos a Taty hablando sobre el Festival de Poesía en la Montaña.