José Acosta: Hondura y Emoción

José Acosta es uno de los escritores dominicanos contemporáneos más destacados. Su escritura, honda y reflexiva, emocionada y misteriosa como una puerta secreta, ha cautivado a sus lectores y se ha ganado el respeto de la crítica literaria. Empezó como poeta, pero luego diversificó su escritura e incursionó en otros géneros como el cuento y la novela.

Acosta nació en Santiago de los Caballeros en 1964. Escritor, agrónomo y reportero del rotativo neoyorquino El Diario/La Prensa. Ha publicado varios poemarios dentro de los que cuentan Territorios Extraños (Premio Nacional de Poesía, 1993), En el secreto llamado (Primera mención de honor Concurso “La Porte des Poétes” en Francia, 1994), Destrucciones (Premio Internacional de Poesía “Odón Betanzos Palacios” de New York, en 1998), El evangelio según la Muerte (Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” en México, 2004). Además, publicó el libro de cuentos “El efecto dominó” (Premio Nacional Universidad Central del Este) y la novela “Perdidos en Babilonia” (Premio Nacional de Novela, 2005).

Pero José Acosta no sólo es un escritor muy premiado y prolífico, sino que también es un promotor de las letras de su pueblo, ya que hace un tiempo abrió el blog Escritores de Santiago desde el cual difunde junto a otros colegas, la obra de otros escritores de su ciudad natal.

ROSA SILVERIO: Escribes poesía, cuento, ensayo y novela, ¿cuál de esos géneros te gusta más trabajar?
JOSÉ ACOSTA:
Hasta 1998, yo era sólo poeta y me sentía bien siéndolo. Pero una tarde un amigo me dijo: Pero, ¿por qué no escribes cuentos? Escribí un cuento, se lo mostró a los pocos días, a él le gustó y entonces me convertí en cuentista. Luego, como era natural, pasé a la novela, que se convirtió en la gran ladrona del poeta y cuentista que había en mí. Hoy día, me siento ser un prisionero de ese género. Cada vez que pienso en escribir, se me presenta ante mí un capítulo para engordar a la ladrona: la novela.

RS: El proceso de selección de temas y de creación en cada autor es distinto, ¿cómo se da en ti?
JA:
Al principio es una madeja enredada; muchas historias saltan como cabras locas en mi cabeza, hasta que logro atrapar una, temblorosa aún, entre mis manos. Es el hilo de la madeja que después iré desenredando. No bien tengo la punta del hilo, que siempre resulta ser una frase, a veces confusa, como por ejemplo, ¿qué harías si te quedaras solo en el mundo?, voy y la consulto con algunos de mis amigos, los escucho y a las pocas semanas me pongo a escribir.

RS: Eres un escritor de provincia, como yo, ¿eso ha significado un handicap en tu carrera literaria o acaso has sabido utilizar tus raíces pueblerinas en tu beneficio?
JA:
Creo que todo escritor es escritor de provincia. ¿Dónde está situada esta provincia? En la tierra de su imaginación. Sin ella, no se sería escritor. La India que nos revela Forster en su celebrada Pasaje a la India, además de ser la India verdadera, es la India de su imaginación. Uno no sabe dónde empieza una y termina la otra. ¿Que Conrad era un polaco que se comunicaba en perfecto francés pero escribía en inglés, idioma que aprendió después de los 20 años de edad? Quien lee El corazón de las tinieblas, Lord Jim, o El pirata, se dará cuenta que su 'provincia' era el mar, y más que el mar, su imaginación.

RS: ¿Piensas tú como otros autores que los escritores de provincia son marginados en República Dominicana?
JA:
Antes habría que hacerse unas cuantas preguntas, ¿marginados de qué? ¿De la Literatura Dominicana? Y si es así, ¿quién los margina? Soy de los que creo que ningún escritor, ni nadie, tiene el poder de marginar a otro escritor, ya sea de provincia o de cualquier lado. Quien margina al escritor es su propia obra; en otras palabras, el escritor se margina a sí mismo. ¿Cómo? Muy sencillo. Por más promoción que haga un escritor de sus libros, por más que aparezcan en revistas locales o internacionales, por más que se presente en televisión, en teatros, en conferencias, si el libro no tiene calidad, el tiempo se encargará de darle el puesto que se merece: el zafacón. Pero si la tiene, por más que en una época específica se empeñen en ocultarlo, el libro se elevará y se colocará en el lugar que le corresponde. Todavía hay quien piensa que fue Max Brod quien, al no destruir los manuscritos de Kafka, como éste le pidió en vida, salvó a Kafka del anonimato. No; quien colocó a Kafka en el mapa de la literatura mundial, fueron sus libros. Si la obra de Kafka hubiera sido pobre en términos literarios, hasta el mismo Max Brod habría desaparecido de la faz de la tierra, y hoy nadie lo recordara.

Para ilustrártelo con una anécdota, te cuento que en la Primera Feria del Libro Dominicano en Nueva York de 2006, un escritor vino de República Dominicana a presentar su primera novela. En el programa la actividad suya se asignó a un salón con capacidad para unas 30 personas, en el segundo piso de la escuela que servía de sede al evento. Cuando el escritor inspeccionó el espacio, pegó el grito en el cielo. Para evitar escándalos, se le armó un salón, junto a unas exhibiciones de artesanías, con más capacidad de público. Pero el asunto no quedó ahí; el amigo trajo consigo todo un pliego de exigencias, tipo artista de Hollywood. Pidió la bandera dominicana a sus espaldas, que antes de empezar la puesta en circulación se tocara el Himno Nacional; que al lado suyo se sentara algún dignatario, el Cónsul Dominicano en Nueva York, si era posible. En fin, después de que casi lo mandaran a la mierda, empezó el acto. Llevó a su hermano para que leyera su biografía y éste, antes de leerla, contó durante media hora anécdotas de la infancia del escritor, tan conmovedoras, que a mí casi me sacan las lágrimas. Una señora tuvo que salir del salón con un pañuelo, llorando a moco tendido. Después habló uno de esos críticos de bolsillo, creando tal expectación sobre la novela, que todos nos comíamos las uñas, ansiosos por escuchar la lectura de algún capítulo. Para coronar el acto, se levantó el autor, y, con semblante contrito, pero ufano, antes de leer fragmentos de la obra, recordó a los presentes lo bien que la crítica de España, Alemania y otros países había recibido la novela. Hizo una pausa para dejar crecer el suspenso, abrió el libro y empezó a leer. Minutos después, el aire de expectación se transformó en desencanto. ¡Con qué "prosa" más plana, árida, vacía, el amigo narraba unos acontecimientos carentes de interés, fríos, sin gracia! Por más de hora y media el autor había salvado su obra, pero su obra no pudo salvarlo a él.

RS: ¿De dónde surgió la idea de abrir el blog Escritores de Santiago? ¿Acaso es una manera de reivindicar a los autores de tu ciudad?
JA:
Me hallaba en el Festival Internacional de Poesía de Nicaragua, cuando charlando con un amigo sobre la literatura de mis amigos de Santiago, me encontré con la dificultad de no poderle dar ejemplos de lo que hacían. Así que decidí, con la ayuda de Máximo Vega, Ramón Peralta, Puro Tejada y Pedro José Gris, crear un blog con la finalidad de, primero, dar a conocer esta literatura tan singular y fascinante, y, segundo, para no quedar mal con la gente, y poderles decir, muy bien, ¿deseas conocer nuestras cosas?, pues visítanos en este portal.

RS: Eres uno de los autores dominicanos más premiados, tanto dentro como fuera del país. ¿Qué han significado esos reconocimientos en tu carrera literaria? ¿Han servido para algo más que engrosar el currículo?
JS:
Han servido para pagar las cervezas en reuniones de mis amigos, una excusa para charlar sobre nuestros intereses comunes. Servirán para que, cuando mis hijos crezcan, puedan decir: "Mi papá ganó tres veces el Premio Nacional de Literatura de su país", aunque ellos hayan nacido aquí, en Estados Unidos, y su lengua materna sea el inglés. Y han servido para obtener grandes satisfacciones, entre las más recientes, la inclusión de un cuento mío en la antología Las palabras pueden, de Inicef, donde aparecen más de 200 escritores de renombre internacional, como Vargas Llosa y Saramago. Y esta semana, una editorial brasileña me compró los derechos del cuento "El efecto dominó", para una antología panamericana de cuentos.

RS: Cuando publicaron tu novela Perdidos en Babilonia, con la que ganaste el Premio Nacional del año 2005, no quedaste satisfecho con la edición que hizo la Editora Nacional. ¿Qué opinión te merece el trabajo que realiza este organismo, la calidad de sus ediciones y sus mecanismos de distribución?
JA:
Lo de Perdidos en Babilonia fue un problema de control de calidad. Soy amigo personal de León Félix Batista y me niego a creer que hubiera manos oscuras detrás de la publicación. Lo que sucedió fue lo siguiente: la noche de entrega de premios, León, muy amablemente, me entregó las galeras de la novela para que yo las revisara. Al llegar a Santiago, desde que empecé, me di cuenta de inmediato de los innumerables errores que cometieron los "correctores", errores garrafales, como quitarle el guión del diálogo a los diálogos y ponérselo a las acotaciones. Llamé de inmediato a León y le expliqué el problema. León me prometió que iba a publicar la novela tal y como yo se la mandé. Pero, cuando salió, era la versión de los errores, no la original. Yo me quejé y ahí quedó todo.

Con relación a la calidad de las impresiones, me parece muy profesional; sobre la distribución no puedo hablar, porque desconozco los mecanismos que usan.

No sé si sabrás que mi novela alimentó por un tiempo el cotilleo literario de la capital. Hubo un escritor que se dedicó a difamarme, vendiendo la idea disparatada de que Perdidos en Babilonia yo se la había plagiado a él. A mí me sorprendió mucho, más que el chisme, la gran imaginación del escritor de marras, porque, a la sazón, la novela era inédita, no había sido publicada, por lo que se suponía que sólo los tres miembros del jurado y yo la conocíamos. Como el disparate que dejó correr se le cayó de la mata, dejó correr otra bolita, más maravillosa todavía; dijo, según me contaron de fuente oficial (hasta el secretario de Cultura me lo dijo), que yo le había robado la idea para escribir la novela, y no sólo eso, que yo era un ladrón de ideas; que todo lo que yo he escrito, estoy escribiendo y escribiré, provienen de la fuente inagotable de ideas de ese escritor. Vaya, me dije, de verdad que admiro al tipo, ¡qué obesa vanidad! Y sabes qué es lo que más me agrada de su último fogonazo, que en literatura, eso de "robar" ideas es una gran verdad. Cada vez que un escritor sale a la calle, escucha algo que le llama la atención, o ve algo que zarandea sus instintos, está "robando" algo de alguien. Recordemos la llamada memoria vicaria. Uno de los "ladrones" de ideas más extraordinarios que ha dado la literatura universal es Shakespeare, como todo el mundo sabe. Ni qué decir de Cervantes, y hasta el mismo Unamuno: su novela Niebla destila trozos de Calderón y Descartes. Ahora bien (y aquí está lo malicioso del tipo), querer vender la idea (que muchas mentes anémicas se creyeron en la capital, sin siquiera pedir pruebas) de que todo lo que yo he hecho y estoy haciendo proviene de la fuente inagotable de ideas del señalado escritor, desborda la ficción y pasa al terreno de los cuentos de camino. Quien lea Perdidos en Babilonia se dará cuanta de que la novela no está armada con una idea, ni con diez, sino como miles de ideas, muchas de ellas (me agrada decirlo) tomadas de amigos, de desconocidos y hasta de mi padre, a quien, por haber sido oficial de las Fuerzas Armadas, le debo la atmósfera soldadesca que envuelve a uno de los personajes principales.

A los que actúan bajo el dicho de "Difama que algo queda", les regalo esta frase del Quijote: "Nos ladran, Sancho, nos ladran... señal de que estamos avanzando".

RS: ¿Y quién fue ese escritor que te acusó de plagio? ¿Bajo cuáles argumentos se amparaba?
JA:
Es uno que hoy día ocupa un puesto muy importante en la Secretaría de Cultura, que no voy a mencionar pero sé que cuando lea la entrevista se reconocerá en lo que digo. Era una persona de dos caras. Delante de mí se vendía como el gran amigo, pero por detrás era todo lo contrario. En una ocasión, incluso, siendo Pedro José Gris jurado del Premio Nacional de Poesía, y como yo le había comentado que se rumoreaba que el premio se lo iban a conceder a un libro mío, éste señor llamó a Pedro José Gris (que en ese tiempo era como su hermano, pero después lo traicionó) y le dijo que convenciera al jurado de no darle el premio a José Acosta, porque José Acosta lo había plagiado. El pobre Gris, sin pedirle pruebas, se lo creyó, y el premio se lo dieron a otra persona.

Como te expliqué, como el tipo goza de mucho prestigio en el mundillo literario dominicano, su palabra es ley y él se aprovecha de eso. Difama sin aportar pruebas y la gente de tonta no las exige.

RS: ¿Has leído su obra o él ha comentado contigo sus proyectos literarios como para que pueda deducir algo semejante?
JA:
Como éramos amigos, yo leía sus textos y él los míos, tal y como hacen dos buenos colegas del oficio (te recuerdo a Borges y Casares, guardando las distancias). A veces yo le contaba alguna anécdota, a él le gustaba para un cuento, y a mí no me importaba que él la tomara. Pero en una ocasión en que él me contó una anécdota a mí, que a mí me interesó para escribir un cuento, después de insistirle que escribiera un cuento sobre ella por unas dos semanas sin que me hiciera caso, yo tomé la anécdota y la incluí en un texto, pensando que a él no le iba a importar. Cuando se lo dije, su reacción fue explosiva, digna de un estudio psiquiátrico. Tomó la anécdota, escribió un cuento y no contento con ello, le compró el derecho de autor y lo publicó en una lista de Internet, para que quedara constancia de quién era el verdadero dueño. Yo lo tomé a risa (todavía éramos amigos) y terminé eliminando la versión mía del texto que había escrito. De ahí en adelante, pese a que tenemos más de siete años que no nos dirigimos la palabra, todo lo que escribo y sale a la luz, este tipo sale diciendo que son ideas de él, que yo soy el ladrón de sus ideas, sin aportar una sola prueba. Todavía no he encontrado a nadie que me haya demostrado que un texto mío se parece ni siquiera en una línea a un texto de este señor.

RS: ¿En qué manera eso te ha afectado?
JA:
Para serte franco, en nada en lo absoluto. Si lo que él buscaba era que yo dejara de escribir, que abandonara mi carrera literaria, se equivocó de estrategia. Si lo cuento, si a todos los amigos que tengo le hago la advertencia de la doble cara de este señor, es con la intención de prevenirlos. Muchos de los que he prevenido contra él no me lo han creído, hasta que este señor no le ha hecho una de las suyas. Su técnica (si podría llamársele así) es ésta: se te acerca, te ofrece su amistad con gran cordialidad y hasta se atreve a hacerte grandes favores; pero cuando él ve un asomo de talento en ti, que pueda de algún modo hacerle sombra a su carrera, entonces busca la manera de darte el golpe por la espalda.

RS: Actualmente vives en New York y quería preguntarte qué tan grande es para ti el peso de la nostalgia por tu pueblo y si como le pasa a algunos inmigrantes que ya tienen mucho tiempo residiendo fuera, te sientes dividido entre dos tierras. También me gustaría saber si todo eso ha influido en tu visión como autor.
JA:
Ahora se habla mucho de escritores de la diáspora dominicana. Particularmente, no me siento a gusto con el cartelito, por una sencilla razón: cuando llegué a Nueva York, ya era escritor, ya llevaba pantalones largos. Me considero un escritor dominicano que por razones económicas se estableció en esta urbe. Y como viajo todos los años a mi patria, no le dejo espacio a la nostalgia. Cada día, antes de empezar a trabajar, leo los periódicos dominicanos, y antes de acostarme veo el noticiero de mi país. ¿Ha influido mi condición de emigrante en mi literatura? Claro que sí. Como ser viviente, todo lo que me rodea entra en mis sentidos por ósmosis, y lógicamente tiene que aparecer en mis obras.

RS: ¿Tienes planeado regresar definitivamente al país? ¿Cuándo?
JA:
Un día de estos, ya lo verás. Ya tengo mi casa allá y ahora pienso comprar un apartamento para instalar mi biblioteca personal. Palito a palito se teje el nido.

RS: ¿Qué le recomiendas a un escritor incipiente además de que “crea en sí mismo”?
JA:
Que lea sin parar, en el baño, en la iglesia, en el parque, en el café y hasta en la casa de la novia. Yo viví durante cinco años en San José de las Matas, donde trabajaba hotelería en la Mansión. En la biblioteca del pueblo tenían la colección completa de los Diálogos Socráticos de Platón, unos libros inmensos que inspiraban miedo. Como me propuse leerlos, todas las tardes, al salir del trabajo, me sentaba en la pequeña biblioteca, cuyas grandes puertas de dos hojas se abrían hacia el poblado, desde la colina en que estaba situada. Cerca de un año después, cuando ya era muy conocido en el pueblo, muchas personas me contaron que sobre mí se había tejido una especie de leyenda; me llamaban el Tipo Loco que Leía unos Libros Enormes, y no pocos dudaban de que anduviera mal de la cabeza.

Otro consejo: que escriban con sinceridad, que es el grado más alto de la autenticidad. Y, sobre todo, que no crean en vacas sagradas.

RS: ¿Cuáles han sido tus influencias literarias y cuáles autores dominicanos son para ti indispensables?
JA:
De todos los escritores que he leído, he aprendido algo. La enumeración sería larga y tediosa. Pero si, estando a punto de morir, me concedieran unas horas para leer, no dudaría en bajar de mi anaquel Los Miserables de Hugo, un puñado de cuentos de Bosch, Díaz Grullón, Máximo Vega, Manuel Llibre Otero, Noé Zayas, René del Risco Bermúdez; Tiempo muerto de Stanley, unos versos de Wislawa Szymborska, la Ifigenia Cruel de Reyes y, al final, Eternidades de Ramón Peralta, Las Voces de Pedro José Gris, la obra completa de Mieses Burgos, la Invención del Día de Mármol, y Banquetes de aflicción de Cayo Claudio Espinal.

RS: Perteneces a la Generación de los 90, ¿qué piensas de los demás escritores de esta época? ¿crees que realmente han hecho un aporte significativo a nuestro acervo literario?
JA:
Todos sabemos que una generación literaria es un grupo de escritores que, nacidos en fechas cercanas y movidos por un acontecimiento de su época, se enfrentan a los mismos problemas y reaccionan de modo semejante ante ello. ¿Qué acontecimiento realmente importante nos marcó? Esto daría para un libro de ensayos. Creo, empero, que a la generación del 90 y a la que viene por ahí, le ha tocado ver primero con asombro, para luego aceptarla y formar parte de ella, la llamada "era de la comunicación". Son los escritores de la velocidad, de la red cibernética, los invasores del ciber-espacio; con ellos desaparece el género epistolar, que tanto jugo se le sacó en siglos pasados, para dar paso a los mensajes fugaces, a esos ripios cibernéticos que llamamos correos electrónicos, que ya empiezan a deformar el idioma. ¿Cómo hemos reaccionado literariamente ante ello? Eso lo veremos después, cuando consigamos sensibilizar (o humanizar) ese alud que se nos viene encima cada día a través de la Internet, y que aceptamos y del cual formamos parte. A la inocencia perdida hay que contraponer una nueva inocencia, así sea inventada. Como hemos crecido literariamente a la par de esta corriente, hemos sabido de cuando en cuando recalar en la orilla, encender una fogata y escribir un manojo de libros que quedarán en la Literatura Dominicana y Universal.

RS: Y la literatura de los jóvenes, ¿la conoces? ¿qué te parece?
JA:
He leído muy poco a los jóvenes. Uno que otro libro, textos sueltos, poemas y cuentos que me envían. Siento un alejamiento total del sentido filosófico, neobarroco, que caracterizó a la generación de los 80; y a ese aire de nostalgia, de melancolía, que nosotros le imprimimos a la poesía en los 90, ellos le agregan una suerte de atrevimiento, de desafío: la frente ceñuda del toro a punto de embestir. Dentro de este grupo hay que mencionar a Rubén Sánchez Féliz, Osiris Vallejo, Valentín Amaro, Augusto Bueno, Víctor Saldaña, Ramón Gil, Yaniris Espinal, Sandra Tavárez, Johanna Díaz, Altagracia Pérez, Gregorio Espinal, y muchos de los jóvenes del Taller de Narradores de Santiago, del Taller del Centro de la Cultura, y de los movimientos literarios Interiorista y Contextualista, cuyos frutos ya se están viendo.

RS: ¿En cuáles proyectos estás trabajando actualmente y hasta dónde llegan tus aspiraciones literarias?
JA:
En noviembre terminé un poemario y una novela y ahora en enero empecé otra. ¿Mis aspiraciones literarias? Seguir cultivando la pasión de mi vida: la literatura. Un día feliz para mí es aquel en el que logro una buena cuartilla, charlo con un amigo en un café, y al llegar a casa, entre el jolgorio de los niños y la nobleza de mi mujer, tomarme una copa de vino, pensando en el porvenir sin desesperanza.