El joven escritor se equivoca

En el blog del amigo y escritor peruano José Antonio Galloso, hay una entrada excelente en la que cita veinte causas que hacen que un escritor joven meta la pata. Como todos nosotros sabemos, para ser escritor no existe un manual ni es algo que se aprende en una universidad (aunque sí se puedan aprender las técnicas, pero además de eso hace falta talento y corazón). Y, para no descarrilarnos y mantenernos fiel a nuestra escritura, para no perder el norte en el camino, para saberse mover en el medio literario sin que éste nos ahogue y aplaste, tampoco existe un librito. Por eso me parecen tan oportunas y aprovechables estas veinte causas que pueden llevar a un escritor incipiente a cometer errores evitables.

Sólo voy a agregar algo que ya está subrayado en el punto 18, pero que por parecerme interesante y porque refuerza lo que dice Galloso les comento, es lo que dijo la escritora Doris Lessing y que la poeta argentina Romina Bayo citó en su blog, y que tiene que ver con los escritores que pasan más tiempo en actividades literarias que escribiendo. Muchos de nosotros los jóvenes, cuando estamos empezando, tenemos la idea de que para hacernos notar, para que nos tomen en cuenta, para que sepan que existimos y que tenemos una voz, debemos ir de una actividad literaria a otra. Si bien es cierto que estos eventos son interesantes, no menos cierto es que eso no convierte a nadie en mejor escritor y que como dijo Lessing (y también lo dijo Rilke), el acto de escribir es de una absoluta soledad: "El escritor se tornó en una mera personalidad. Los festivales literarios, por ejemplo, son muy agradables, pero nada de eso tiene que ver con la escritura. Todos sabemos que la escritura proviene de un hombre o de una mujer sentada sola en un cuarto, con el teléfono descolgado, una taza de café y -en los viejos tiempos- un cigarrillo".

De acuerdo a José Antonio Galloso, el joven escritor se equivoca cuando:

1. Sucumbe al deseo de publicar el primer libro a como de lugar. La mayoría de las veces el arrepentimiento llega pronto.

2. Cree que todo lo que escribe es bueno. El complejo de Neruda. Sólo se llega a escribir bien a fuerza de escribir mal. A no ser que se sea un genio, claro.

3. No escribe lo suficiente. La inspiración es la madre de todos los vicios. La literatura como todo oficio requiere de disciplina y dedicación.

4. Forma un grupo de escritores jóvenes para aplaudirse entre ellos. La lista de ejemplos es larga y triste. Los nombres aparecen como luces de neón en las paredes de un bar de cuarta.

5. Carga su prosa de referentes y citas haciendo alarde fútil de conocimiento. Pocos son los que sobreviven por ese camino.

6. No hace de la escritura un oficio si no una manera de hacerse conocido. El complejo de los cinco minutos de gloria. En este caso sería mejor dedicarse a otra cosa.

7. Publica más de la cuenta. Cree que la literatura es un viaje en tren bala, y no, un largo y duro periplo en un bote de remos individual.

8. Ataca a todo aquél que no diga que es bueno. Si se quiere gustarle a todo el mundo es mejor convertirse en reina de belleza.

9. Se inventa un alter ego para hablar bien de él y sus amigos. Cuando Pessoa se convierte en Pezuña. Patético.

10. Se queja de la existencia de una argolla y no se le ocurre mejor cosa que crear otra. El complejo del baile de los que sobran. Esto es peor que escupir al cielo.

11. Cree en el escándalo como una herramienta para difundir su trabajo. El complejo del talk show. Pone trampitas, cámaras escondidas, anzuelitos con suculentas carnadas para después decir: ¡Jojolete, caíste, lerolero!

12. Convierte la universidad en la que estudió en una carta de presentación. Cree que solo no puede cuando es realmente la única forma en la que se puede. Todas las maestrías y los doctorados de mundo no harán jamás a un escritor.

13. Ejerce gratuitamente el parricidio. A falta de recursos, cree que la única forma de superar al maestro es eliminándolo. Triste.

14. No escribe de lo que sabe y conoce. No se da cuenta de que esa es la mejor forma de empezar a escribir.

15. Cree que el dominio de las técnicas son garantía absoluta de buena escritura. Por ese camino se llega a ser un fabricante de historias sin corazón, sin nervio.

16. Reemplaza la experiencia de vida por la experiencia libresca. De nada sirve la una sin la otra.

18. No entiende que los libros no se escriben en la vorágine si no a un lado de ella. Un escritor no es un actor, es un fantasma entre bambalinas.

19. Permite que el ego mate al escritor. Tiene más fotos suyas en su archivo que páginas escritas.

20. Considera que la humildad es un signo claro de debilidad.