Mi país

Para mi familia este 2008 ha iniciado con “una serie de catastróficas desdichas” que se vio coronada hace dos días, cuando mi madre fue asaltada por un maleante que después de batuquearla y arrebatarle su cartera, la tiró al suelo y la dejó “abollá” en la calle, como si fuera un trapo viejo que arrojas porque ya no te sirve.

Me pasé el día de ayer viéndolo todo oscuro, como cuando estás en un tunel y no hay una puñetera luz para saber si vas derecho o si estás a punto de estrellarte contra la pared.

En la noche, después de haberme comido un plato de vegetales, comencé a pensar que este país está verdaderamente jodido, en otras palabras, se lo está llevando el mismísimo diablo. Paradójicamente, a pesar de ese pensamiento sombrío y de todo lo sucedido en las recientes semanas, yo todavía sigo queriendo a esta tierra y a mi gente.

No sé porqué anoche me dio por hacer un ejercicio y preguntarme: A ver, si te dan la oportunidad de nacer en otra parte, ¿qué lugar prefieres? La respuesta que siempre venía a mi cabeza era la misma. Podría nacer en Alemania, España, Estados Unidos, Japón, Dinamarca, Francia, o cualquier otro lugar, pero de hacerlo perdería todo lo que ahora me conforma, todo lo que ahora soy. Dejaría de amar a mi bandera, para rendirle tributo a otra, dejaría de gustarme el arroz con habichuela para decantarme por otro plato, dejaría a un lado el merengue típico y bailaría con más gusto otro ritmo. Lo más probable es que me sentiría feliz y tendría menos inconformidades, o cambiaría las actuales por otras, quizás menores, pero la verdad es que me gusta ser dominicana y me siento muy orgullosa de mis raíces, pese a que a veces el sistema, la injusticia social, los políticos corruptos y la discriminación te asfixien.

Claro, eso no quiere decir que no ansíe con todas mis fuerzas que República Dominicana disfrute de las comodidades y avances de las que otros países gozan, y que aquí la gente pueda vivir con dignidad y desarrollar su proyecto de vida. Lo que quiero decir es que pese a nuestras limitaciones y a la situación actual, yo todavía creo en la dominicanidad, me siento parte de este proyecto de nación, quiero ser parte de este proyecto de nación, y aunque cada vez que pienso en el futuro de mi sobrina o de mis propios hermanos siento miedo, ser dominicana, como dijo mi amigo Juan Miguel Pérez, es un premio… un honor.

Por ese amor y ese respeto por esta tierra es que creo que la solución no está en irnos todos y que el último que salga apague la luz del aeropuerto, aunque entiendo y soy partidaria del derecho legítimo que tiene la gente de optar por la emigración para buscar el bienestar personal y familiar. Ya parte de mi familia materna reside fuera del país y cada día más dominicanos y dominicanas tienen que irse, pero aunque nos marchemos, aunque yo misma me vuelva a ir un día, esa partida no tiene porqué implicar desligarse, desvincularse de lo que aquí hemos dejado.

La solución está en que los que aún creemos en esto, ya sea desde aquí o desde allá, iniciemos nuestra revolución, por la diferencia, para que “no nos meta cotorra” el de ahora y todos los que están loquitos por hacerse con el poder, para que sentemos las bases de un cambio profundo, sustancial y concienzudo, de manera que aunque mi generación no disfrute de todo ese esfuerzo y sacrificio, sí lo puedan hacer las generaciones venideras.

Quizás yo esté pecando de ingenua, pero a veces hay que ser un poco ingenuo para poder soñar.

boomp3.com

*Imagen: La madre/Cándido Bidó (pintor dominicano)
**Ojalá tengan tiempo para escuchar la canción. Yo no puedo escucharla mucho porque me rajo a llorar.