Escribir

En varias ocasiones me han preguntado porqué escribo. No creo tener la mejor respuesta, la que más impresione o la que quizás algunos estarán esperando escuchar. Soy pésima para responder algunas preguntas, en especial cuando tienen que ver conmigo, con lo que forma parte de mi intimidad, y la literatura es para mí un acto íntimo, en el que sólo estamos la palabra y yo. Pero hoy, al llegar del recital Vuelo de tres, me di cuenta de porqué escribir es para mí algo tan significativo. Puede que se deba a que escribir es un acto liberador, a que cuando escribo no me siento comprometida con otra cosa que no sea la literatura.

Cuando escribo no tengo etiqueta ni poses, no sigo ninguna estética ni tema que no sean los que me impongan mi corazón y mi conciencia, no siento que soy una posesión, un objeto, una cosa para tomar o tirar, para amar u odiar. Cuando escribo no soy la hija de, la amante de, la amiga de, la empleada de. Cuando escribo no soy algo para tener en propiedad. Me pertenezco, soy yo misma, me libero de cualquier atadura, de cualquier molde que hayan creado para mí, y a través de cada poema y de cada relato, me invento y me reinvento, me doy forma, me macero, me voy encontrando conmigo misma.

Escribir es para mí un acto de necesidad, de rebeldía, mi respuesta al cosmos, mi manera de cuestionar las cosas, mi único mecanismo para sobrevivir, la forma de encontrarme en el laberinto, mi camino de losas amarillas, la solución a todos mis acertijos, mi raíz, mi metro cuadrado de tierra, mi barca, mi mar, mi horizonte, el único punto cardinal al que me dirijo.

Escribir para mí es una entrega cotidiana, una forma de estar, incluso una forma de ser, de asumir y de enfrentar el mundo. Es algo consustancial a mi existencia, una actividad apasionante, mi amor más enamorado. Es eso que ningún hombre, ningún grupo, ninguna traición, ningún hundimiento, ninguna dictadura me podrá quitar.

*Imagen: Elogio de la escritura 5/ Canto de espumas