Foro Poético (Quinta entrega)... y fin

[Conversación por el Messenger moderada por Rosa Silverio, entre los escritores: Juan Freddy Armando y Manuel Llibre Otero. Temas: La vocación creadora, el estilo literario, los valores de la poesía y su vigencia, la crítica y otros tópicos.] [Lea la Primera entrega] [Lea la Segunda entrega] [Lea la Tercera entrega] [Lea la Cuarta entrega]

RO: Llibre, anteriormente mencionaste la lectura como algo que ayuda en la búsqueda del estilo propio, y me gustaría ahora retomar eso. ¿Piensan ustedes que la lectura de un escritor debe ser diferente a la de un lector ordinario, que debe ser selecta, organizada?
LLIBRE: Te pondré un ejemplo que me interesa desarrollar en mi escritura, como fanático absoluto de Soda Stereo. Cerati canta en una canción: “Qué otra cosa es un árbol, más que libertad”. Años después Octavio Paz dijo en una entrevista, refiriéndose a al poeta Paul Reverdy, que “su nombre es libre como un árbol de piedra que reverdece”, porque reverdecer para un árbol considerado muerto, digo yo, es una realidad de la rebeldía, de la libertad absoluta. Luego me leo en un libro de ciencias que un dasónomo dice que los seres más libres son los árboles, porque no necesitan de ningún otro ser vivo, ellos mismos se bastan y manipulan a los otros seres vivos para que les sirvan. Entonces, la idea del árbol y la libertad no es un absoluto, sino un espacio común de pensamiento. Y si me preguntan, eso debe hacer un artista, un escritor, para construir su obra, buscar espacios de reflexión originales pero a la vez estadios de pensamiento común, colectivo.
RO: Y de acuerdo a lo que dices, para un escritor lo esencial debe ser la libertad absoluta, incluso en la lectura.
JUAN FREDDY: Pienso que lo mejor que hace un escritor es leer de forma desordenada, lo menos académica posible, de modo que se forme una idea de los temas totalmente distinta. Decía Whitman que su formación ocurrió a través de lecturas desordenadas. Las mismas le dieron una personalidad distinta, con juicios y visiones filosóficas, sociales, humanas, distintas del común de la gente, y eso lo ayudó a conformar un estilo único, distinto, pero gracioso y agradable.
LLIBRE: Al igual que Juan Freddy pienso que las lecturas ordenadas son más para estudiosos, críticos, porque si leyera de forma ordenada no pudiera escuchar a Cerati y leer a Paz al mismo tiempo.
JUAN FREDDY: Evidentemente, debes hacer lectura desordenada en tu segunda etapa como escritor, porque en tu primera etapa lo principal debe ser, a mi humilde juicio, leer a los clásicos, quienes grabarán en tu mente la idea de qué es lo perenne, lo imperecedero, lo que trasciende, lo hondo, lo humano, el verdadero arte, y no los modernos, porque tú no sabes cuál de esos permanecerá y cuál será una simple hojita de papel que se llevará el viento.
LLIBRE: Está bien leer los clásicos, pero sin llegar a indigestarnos.
RO: ¿Podemos hablar ahora de libros y autores fundamentales?
LLIBRE: La Ilíada, por ejemplo, es deliciosa, igual que el Quijote, pero para ciertos clásicos, como Dostoievski, deberían inventar alguna suerte de “peptobismo” literario. Es que hay gente que hay que tragársela, pero de que empacha...
JUAN FREDDY: Claro, que ahí puede pasarte, Llibre, el fenómeno de que no todo lo que escribe un clásico es bueno. Como todo ser humano, tiene sus malas. Por ejemplo, Hugo es un genio. Pero Los Miserables tiene muchas zonas que pudieron eliminarse y que lo hacen cansón. No obstante ser lo que es Los Miserables: una obra genial.
LLIBRE: Hay una vieja idea de que no todos los autores, sin importar su calidad o trascendencia, escriben para ti. Es decir, es bueno leer los clásicos, pero uno puede discriminar e inclinarse por obras clásicas que vayan con tus intereses, ya sea para confirmar tus ideas o estudiarlos para contradecirlos
JUAN FREDDY: Claro, porque la forma de escribir y los gustos de un escritor están condicionados por su biografía. Por ejemplo, Cortázar y Borges son librescos en su literatura, tienen ciertas similitudes, amor por lo fantástico, por lo real maravilloso. Y sucede que sus biografías se parecen muchos: Fueron niños solitarios, viajeros, lectores empedernidos, gustaban encerrarse por días a leer, fueron hombres también solitarios y otras similitudes.
RO: Una joven escritora capitaleña estaba con otra escritora de su generación. La segunda le dijo a la primera que ella no escribía como la otra, ni como otros jóvenes que tienen su estilo (urbano, de la cotidianidad, cercano al realismo sucio) y la respuesta de la joven escritora fue: “Es que tú lees clásicos. Deja de leer a los clásicos y lee a los contemporáneos”. ¿Creen que esa es una buena respuesta?
LLIBRE: Para mí es una respuesta de una persona muy desconocedora, por no decir ignorante.
RO: A mí me llaman la atención dos cosas de esa anécdota: 1. Creo que nadie tiene que preocuparse por escribir como otra persona. Cada quien tiene su estilo y el estilo va a estar determinado por la sensibilidad del escritor y sus propias inquietudes. 2. Apelando a esa libertad de la que ustedes hablaban hace un rato, no creo que haya que decirle a nadie que deje de leer nada, y mucho menos a los clásicos, pues nosotros somos herederos de toda una tradición literaria que no podemos (ni yo quiero) renegar.
LLIBRE: No creo, insisto, No creo que nadie nunca logre superar las escenas de distorsión y decadencia de El Fausto.
JUAN FREDDY: Eso está claro, Rosa. Y lo mejor es, como decía el viejo Borges, que no nos debemos a una tradición. Debemos aspirar a todas: La griega, la fenicia, la china, la dominicana, la árabe, la judía, la egipcia, a todas.
RO: Y si los clásicos son clásicos, es precisamente por algo, ¿verdad?
JUAN FREDDY: Claro. Por algo han permanecido por siglos en el gusto humanos.
LLIBRE: Lo urbano, lo cotidiano, no es nada nuevo, mucha gente no sabe que Kavafis, por ejemplo, poeta egipcio y homosexual, escribió sobre la soledad en las grandes ciudades. El que le metas spanglish y jerga a un texto no dice nada. Mira, en algo sí que estoy de acuerdo con Don Marcio (mi cariño y respeto para Don Marcio, a quien nunca hemos apreciado lo suficiente por todos sus aportes a nuestra escritura), quien me dijo en uno de nuestros viajes, que quien no lee no puede escribir.
JUAN FREDDY: Eso es cierto, Llibre. Incluso, el que no goza como lector, nunca será buen escritor.
LLIBRE: En principio, lo iconoclasta de la juventud te dice que tal cosa es una chorrada, pero luego descubres lentamente que eso es una verdad casi monolítica.
RO: Yo creo que la lectura es fundamental, y los grandes escritores son grandes lectores, disfrutan leyendo.
LLIBRE: Si no lees crees que estás creando mundo de bellezas inimaginables o de fealdades incomparables, pero casi siempre hay alguien que escribió algo más feo que tú y menos feo también, y alguien que escribió algo más bello que tú y menos bello también.
RO: Ahora pasemos a otro tema que preocupa mucho a los escritores: La crítica. ¿Cuál es la función de la crítica literaria?
JUAN FREDDY: Para mí, la crítica literaria es la ciencia que estudia las letras, así como la física es la ciencia que estudia los fenómenos y reglas de los movimientos de la materia. De ahí que la función de la crítica es la calificación y estudio del trabajo literario. Su labor es de dar luz al escritor y a los lectores sobre el valor cualitativo, cuantitativo, histórico, humano, etc. de las obras.
LLIBRE: Es mucho, muchísimo lo que se ha escrito sobre la función de la crítica, no sólo la literaria, sino la critica en las diferentes manifestaciones del arte y todo parece apuntar a que la crítica es una suerte de gran soporte, de hilo conductor, que como bien dice Juan Freddy se dedica a esos asuntos tediosos y odiosos, pero necesarios, de la calificación, la evaluación y pienso que sobre todo, una función básica de la crítica debe ser situar.
JUAN FREDDY: A un escritor no debe importarle si escribe una novela, cuento, ensayo, relato, mezcla de estos, teatro, ciencia, lo que sea. Eso es oficio de los críticos.
RO: Yo creo que la función del crítico no es simplemente decir si un texto es bueno o es malo, o más bien, cuáles serían sus aciertos y desaciertos, sus luces y sombras, sino también decodificar los mensajes de la obra, mostrarle al lector los rincones ocultos de un libro, servirle de guía en la lectura. Aunque cuando yo compro un libro y viene con un estudio crítico, lo que suelo hacer es leer primero el texto, y luego el estudio, de manera que éste no me condicione.
LLIBRE: Al escritor le puede parecer interesante o no ubicarse en términos de tiempo y espacio, puede relajar este sentido de la ubicación y moverse a diferentes lugares de los ejes de coordenadas, pero con la obra, el trabajo ya creado, pasa algo curioso, siento que el producto, por llamarlo así, sí necesita ser ubicado, precisado, contextualizado, estudiado mucho y acepto la culpa y las piedras si desean lapidarme, pero creo que el problema de internacionalización, valorización, mercadeo, etc. de nuestra literatura, radica en que no existe una crítica literaria consistente y con la suficiente calidad y responsabilidad como para que se convierta en una herramienta que sirva de apoyo a los autores.
RO: Cierto, Llibre. Y no creo que en nuestro país podamos hablar de que se hace una labor crítica consistente, seria y estimulante, porque cuando la crítica no cae en un extremo (elogios y amiguismo), cae en el otro (detractar todo y traspasar el marco del texto que se está analizando para caer en cuestiones personales).
JUAN FREDDY: Yo creo que el país debe tener una buena crítica, porque eso le permitirá descubrir también si hemos hecho obras de nivel alto en comparación con las de otros países. Por ejemplo, para mí Yelidá es uno de los mejores poemas de todas las lenguas y todos los tiempos. Sin embargo, no ha habido una crítica que lo catapulte a nivel internacional.
RO: Claro, por eso pienso que la labor de los intelectuales no debe ser solamente la de actuar como censores (si acaso a mí me está permitido decir cuál debe ser su labor) sino también la de realizar estudios que resulten luminosos e interesantes sobre la literatura pasada y la contemporánea.
JUAN FREDDY: Es que al igual que en otros países, el Estado debe invertir dinero, pagándoles a los especialistas para que hagan investigaciones serias sobre nuestras artes.
LLIBRE: Leí en algún lado que un señor en Europa demandó un crítico de un periódico porque dijo en un artículo que tal libro era muy bueno y el señor fue y lo compró y le pareció malísimo, así que demandó al crítico porque lo llevó a hacer una mala inversión. El oficio de crítico entraña una gran responsabilidad, tanto como cualquier otro oficio del intelecto. No debería ser un hobbie o algo que hacemos en nuestro tiempo libre.
RO: ¿Y cómo puede uno distinguir una buena crítica de una mala?
LLIBRE: Una crítica consistente sirve para ir creando una historia de las cosas, tanto de efemérides como de contenidos, pero sobre todo, de pensamiento. Si la crítica se queda sólo en efemérides, biografías, alabanzas y crónica social, no estamos en nada.
RO: En lo que a mí se refiere, yo no ando buscando que una crítica sea objetiva, pues toda crítica refleja el punto de vista de su autor, que no necesariamente es compartido por otro. Lo que yo sí busco es cierto rigor en las ideas, que haya análisis, profundidad, que el crítico se sumerja en las interioridades del texto mostrándonos sus sitios más recónditos, y por supuesto que no caiga en las simples alabanzas o injurias.
LLIBRE: La obra de arte ciertamente crea una forma de pensamiento, pero le toca a la crítica entender el porqué y mostrarlo para que pueda ser entendido en su contexto.
JUAN FREDDY: Así es. Porque incluso la crítica debe aclararle misterios hasta al propio autor sobre su obra.
RO: Ahora les lanzo otra pregunta: ¿Hasta qué punto debe importarle a un escritor la crítica?
JUAN FREDDY: Debe importarle mucho porque ha de ser su guía, orientación y valorización.
LLIBRE: Pues quizás hasta el mismo punto que le importe la técnica, es decir, servirte de ella, pero sin que te estorbe o te frustre o te haga sentir vanagloriado
RO: El miedo a la crítica puede ser paralizante para un escritor, por eso no debe darle más importancia de la que pueda tener.
JUAN FREDDY: Algo importante: Si el escritor quiere hacer una obra que trascienda su tiempo, debe oír al crítico, pero cuando está trabajando, debe ignorarlo y dar rienda suelta a sus instintos e intuiciones, ignorando también al lector, aunque conozca y se interese por sus impresiones.
RO: El escritor puede leer la crítica, porque incluso puede aprender de ella, crecer gracias a ella, pero tampoco puede vivir por ella, detenerse por ella, ni nada parecido.
LLIBRE: Lo que más presiona al artista es el aspecto comercial o la búsqueda de un éxito inmediato, de una aceptación a corto plazo
RO: La labor del escritor es escribir y punto. A otros les corresponderá juzgar
LLIBRE: Así es, Ro, pero cuando mandas a 10 concursos y no ganas ninguno, empiezas a mirar lo que escriben los que sí ganan. Entonces hay gente que se sube al aparejo de la mula de la crítica. Lo cual suele ser obviamente un gran error, es bueno ir con la corriente, pero mucho mejor es ser quien la creó originalmente.
RO: Yo no desdeño la crítica, todo lo contrario, pero creo que tampoco ésta debe ser la que determine los pasos de un escritor. Porque entonces la crítica también se convertiría en un corsé. Y un escritor hoy puede ser desdeñado por los críticos y venerado dentro de cien años.
JUAN FREDDY: Correctísimo, Rosa. Así pasó con Whitman, Moreno Jimenes, y muchos más.
RO: El destino de un escritor y su obra no se determina a corto plazo, es un asunto que toma su tiempo. Sabrá Dios si cuando nosotros estemos muertos, dentro de cien años, alguien se acordará de nosotros, de lo que fuimos, de lo que escribimos. Pero bueno, ya dejemos la crítica a un lado y pasemos a la última pregunta que les tengo. ¿Qué piensan ustedes de la poesía dominicana? La pasada y la contemporánea.
JUAN FREDDY: Creo que nuestra poesía queda bien parada frente a las mejores del continente -frente a México, Chile, Argentina, etc.-. Sobre todo la pasada: Domingo Moreno Jimenes -nuestro padre iniciador, gigantesco-, Avelino, Mieses Burgos, Mir, Cabral, Gatón Arce, Rueda, Hernández Franco, Rafael Américo Henríquez, Aída, pueden ponerse de tú a tú con los grandes del continente. En cuanto a la actual, considerando que hay buenos poetas vivos, como Morrison, Joviné Bermúdez, Andrés Mateo, Mármol, José Enrique García, Manuel García Cartagena, me parece que debemos trabajar para emular a los viejos grandes. Porque estos últimos no les llegan a los viejos mayores.
LLIBRE: Me limitaré a decir que coincido con la idea, no por un tonto chovinismo. Basta leer y comparar, las comparaciones son odiosas, pero inevitables. Mieses Burgos, por ejemplo, es un cántaro que todavía anda rodando pendiente abajo y cada vez es un sonido nuevo. Como en todas partes, hay de todo, pero el nivel es bastante aceptable y así lo demuestra el interés en nuestra literatura de países como España e Italia.
RO: Pero según Juan Freddy hace falta más trabajo y más escritura de los poetas contemporáneos.
LLIBRE: Y también más trabajo serio de críticos y comerciantes. Es como dijo Juan Freddy hace un rato, si no se dan a conocer las obras y los autores, nadie sabe qué aportaron.
RO: Entonces, ¿creen ustedes que actualmente se está haciendo buena poesía en el país?
JUAN FREDDY: Yo creo que se está haciendo buena poesía. Pero no muy buena ni excelente. Creo que hace falta un impulso que permita darle alcance a los viejos maestros.
LLIBRE: Hasta cierto punto siento que estamos en una especie de tránsito entre un período y otro, entre una gran generación de autores y otras. No te puedes inventar el vedrinismo ni la poesía sorprendida, no te puedes inventar ningún ismo que te catapulte a la historia. Ya no hay colinas sacras y la cafetera es un lugar para turistas y duendes de los parques. Como dice Juan Freddy, hay que apretar el paso no sé si para darle alcance a los maestros, pero sí para darle caza a los conflictos de este tiempo. Un escritor vive de conflictos, los consume, los transmuta, si no puede escribirlos enloquece. La poesía de este tiempo, como la de cada tiempo, refleja los conflictos de su momento, pero cuidando de que estos no la conviertan en himnos o panfletos.
RO: ¿Y qué deben hacer los poetas actuales, los de mi generación, para "apurar el paso"? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos llegar a la altura de los grandes?
JUAN FREDDY: Yo creo que para apurar el paso lo importante es leer y escribir mucho. Y sobre todo, trascender nuestra tradición hispánica: Estudiar bien a los ingleses, alemanes, chinos, japoneses, buscando nuevas formas. Y claro, volver a los clásicos, porque creo que en eso hay una grande y lamentable ignorancia. Y además, conocer más hondamente nuestra idiosincrasia y mitología.
LLIBRE: ¿Qué deben hacer los poetas actuales? Si lo supiera escribiría un libro, me haría rico y no le hablaría más a ninguno de ustedes.