Mirada crítica a la XI Feria Internacional del Libro

Recientemente se realizó en República Dominicana el evento cultural más importante, la Feria Internacional del Libro. Contrario a las versiones pasadas, en esta ocasión tuve la oportunidad de participar directamente en la feria como coordinadora de la Programación Literaria del Pabellón Libro Cocina Eugenia Rojo. Esta experiencia me permitió tener una mirada distinta: la de quien participa directamente como empleada y conoce todo el engranaje interno.

A pesar de que es un trabajo absorbente y demoledor, pues uno termina tan agotado que no tiene fuerzas para nada, fue interesante para mí vivir esta experiencia y el viernes, mientras regresaba a mi casa, pensaba en todo lo que había aprendido en estas tres semanas de faena intensa en las que enfermé, me quedé sin voz, pasé hambre, hice piques, me reí e interactué con gente muy diversa, desde aquella con la que podría establecer lazos de amistad, hasta aquella que no toleraría volver a tener cerca.

Creo que en estas tres semanas lo que más extrañé fue el silencio y la intimidad. El gozar de largos ratos de soledad o de compañía escogida por mí (y no impuesta por una situación laboral) y ese silencio que tanto amo y que gracias al cielo ahora he vuelto a recobrar. En esos días tuve el alma un poco desordenada y a pesar de que este fin de semana pasado estuve organizando mi interior, todavía necesitaré más tiempo para sentir que ciertas partes mías se hunden profundas y se pliegan hacia dentro, tal y como a mí me gusta.

Retomando el tema de la feria y la nueva visión que tengo de ésta, me gustaría compartir con ustedes mi mirada sobre lo que ocurrió este año puesto que me parece importante decir lo que pienso y porque creo que como no trabajo en la Secretaría de Estado de Cultura, sino que soy un agente externo, quizás mi visión tanto en los puntos que considero positivos como en aquellos que me parece necesitan revisión, puede servir de aporte a este evento cultural.

Contrario a algunas personas que trabajan en los sectores de poder, creo que trabajar para el gobierno no debe anular ni silenciar nuestro sentido crítico, nuestra propia opinión de las cosas, y creo también que disentir no tiene que ser motivo para que algunos se rasguen las vestiduras, o que alabar lo que está bien hecho tampoco tiene porqué crear suspicacias infundadas. Me parece que contrario a lo que piensan algunos, cuando se lleva a cabo una empresa tan ambiciosa y al mismo tiempo tan positiva como la feria del libro, es saludable realizar una análisis de lo sucedido para identificar los aciertos y tomar en cuenta los puntos débiles, de manera que el año siguiente esta actividad se realice con menos fisuras y mayores fortalezas, que sea más sólida para que se convierta en un acontecimiento de tal incidencia, aceptación y ejemplo que quiera ser imitada por las autoridades correspondientes de otros países hermanos.

Dentro de los puntos que quiero comentar están las siguientes:

-Me sorprendió gratamente el gran nivel de apertura y democracia de los principales ejecutivos de la Dirección General de la Feria Internacional del Libro, Alejandro Arvelo y Pedro Antonio Valdez, quienes estuvieron al frente de esta actividad y trabajaron muchísimo para que fuera exitosa. Es admirable la dedicación y el empeño con que realizan su trabajo y de mi parte no hay ningún cuestionamiento hacia la buena voluntad y el deseo de hacer una verdadera fiesta cultural, inclusiva y de gran calidad. Para ambos mi felicitación, especialmente para Pedro ya que es el responsable directo de todo el accionar de la feria.

-Este mismo nivel de compromiso lo sentí en una parte de los empleados públicos involucrados directamente con el proceso de este año, a excepción de unos cuantos cuya intolerancia y ceguera les sobrepasa. Desafortunadamente algunos todavía tienen la falsa concepción de que cuando trabajan en un sector deben defenderlo a capa y espada, por encima de la verdad, del respeto hacia los otros y de la lógica.

-No tuve la oportunidad de pasearme con detenimiento por todo el recinto ferial debido a que estuve casi todo el tiempo en el Pabellón Libro Cocina, pero por lo que vi se mantuvo el orden y la seguridad general, aunque se dieron casos de robos menores que desafortunadamente en eventos en donde circulan tantas personas diferentes suelen ser inevitables.

-Me pareció maravilloso descubrir que en muchos stands habían grandes baratillos, así que este año nadie tenía excusas para no comprar un libro, ya que aparecían buenos ejemplares desde RD$25.00. Incluso, conozco el caso de algunos que se llevaron grandes cantidades de libros sin tener que quebrar el presupuesto familiar. En mi caso en particular, traje a casa una bolsa repleta de buenos libros y les aseguro que no gasté mucho dinero.

-Me encantó que este año se volviera a incluir a escritores de distintas generaciones, corrientes literarias y ciudades. El público tuvo la oportunidad de conocer a muchísimos escritores, que a su vez pudieron promocionar su trabajo literario en la feria. Los escritores que no fueron invitados por un coordinador, fueron tomados en cuenta por otros. No hubo de ningún modo una orden o indicación de no invitar a alguien en específico ni los coordinadores gestaron un plan macabro para no hacerlo. En mi caso en particular, invité a una gran cantidad de escritores. Algunos no aceptaron por diversas razones, pero la mayoría dijo que sí. A quienes no invité fue por olvido, porque no había espacio para todos, porque ya habían sido tomados en cuenta en otros programas, o simplemente porque su perfil no me resultaba interesante de cara al público.

-Otra vez el programa de actividades me pareció excelente. Es una lástima que yo estuviera “presa” en el pabellón y que no pudiera participar en muchas actividades a las que me habría gustado ir.

-La feria del libro se anotó un gran tanto al traer al Premio Nóbel de Literatura Derek Walcott, a quien la gente tuvo la oportunidad de conocer. También me gustó que realizara esfuerzos para traer a Junot Díaz, Premio Pulitzer 2008 por su novela The brief wondrous life of Oscar Wao.

-Interesantes los escritores internacionales que nos visitaron. Lamentablemente no tuve la oportunidad de conocerlos a todos, pero sí puedo hablar de los que visitaron el Pabellón Libro Cocina, y de todos los que estuvieron por allí me quedó algo, en especial de los escritores Víctor Bravo (Venezuela), Graciela Genta (Uruguay) y Gastón Álvaro Santana (Cuba).

-Me pareció excelente y motivo de aplauso la labor de supervisión de actividades que realiza la feria del libro. Esto consiste en tener un Coordinador de Supervisión quien a su vez tiene a un personal laborando para él que pasa por todas las áreas cada vez que va a empezar una actividad y que permanece en el lugar hasta verificar que ésta realmente se realice. Y digo que me parece excelente que esto se haga porque es una manera eficiente de fiscalizar nuestros recursos. No olvidemos que la feria se realiza con nuestro dinero, con el dinero del pueblo dominicano, y considero acertado que la Dirección General se preocupe por comprobar que las personas a las que se les paga realmente cumplan con su compromiso. De esta manera se evita que coordinadores pongan actividades ficticias en sus programas y que escritores que no acudieron a una actividad luego vayan a cobrar el dinero.

-La megafonía este año funcionó de manera maravillosa. Quedé encantada por el trabajo realizado ya que las actividades eran anunciadas antes de realizarse de manera que toda la gente podía enterarse de que lo iba a ocurrir en cada uno de los pabellones.

-Sigo insistiendo en que aunque el programa de actividades sea muy bueno, es preferible, para mi gusto, que hayan menos actividades y que se trabaje más en la calidad de las mismas. Una manera de hacerlo es que en lugar de tener en un pabellón un encuentro rápido con un escritor (o un panel) de una hora de duración, llevarlo a dos horas o más (de acuerdo a la cantidad de participantes y al tema) de manera que el público tenga la oportunidad de conocerlo mejor, de hacerle preguntas y que éste en lugar de leer un par de textos, haga una buena lectura y también tenga tiempo de compartir un poco su pensamiento, su experiencia literaria y de vida, como hicimos en el pabellón en el que yo estuve.

-Uno de los principales problemas que ocurren en la feria es que se coordinan actividades a la misma hora que por su trascendencia compiten entre sí. También se incurre en el error de ponerle a un escritor dos actividades diferentes a la misma hora (como ocurrió en mi caso, por ejemplo). Esto no es culpa directa de los directivos de la feria, sino de los coordinadores que muchas veces les ponen actividades a los escritores sin consultar sus agendas y luego éstos se enteran de que tienen una actividad cuando ven el programa impreso. También ocurre, en el caso de los escritores internacionales, que los coordinadores los ponemos en nuestro programa y ellos no saben que están (por ejemplo: Santiago Gamboa no se enteró de que tenía que ir al pabellón mío, pese a que alguien de la feria debió informárselo pues me aseguraron que así lo harían, pero no lo hicieron) o las actividades les coinciden (a Carlos Alvarado le pusieron una actividad una hora después de la entrevista que tenía conmigo, cuando ninguna de mis actividades era de una hora sino de dos. Resultado: Carlos Alvarado no pudo llegar a tiempo a la otra actividad).

-A mi compañero y a mí se nos ocurrió una forma simple que podría solucionar este problema de actividades que coinciden o artistas que no saben que tienen que participar en un acto. Una posible solución es la de crear un simple programa informático, que tiene su costo pero no creo que sea muy elevado, en el que cada coordinador pueda entrar su programa de actividades y a cada participante se le asigne un código único. Si yo pongo a un escritor a una hora en mi calendario, pero ya él está a esa misma hora en otro calendario, entonces el programa rechazará mi entrada y me mostrará la coincidencia. A este programa podrían acceder todos los coordinadores con una clave aunque cada coordinador sólo podrá modificar su propio cronograma, a excepción de las personas que los directivos de la feria entiendan que pueden tener acceso maestro a éste. De esta manera yo puedo ir viendo lo que cada coordinador tiene en su programa y si tengo una actividad importante entonces puedo evitar que coincida con otras que también lo son y que de seguro competirán con la mía. Además puedo darme cuenta si un escritor tiene ya muchas actividades como me pasó con un escritor que invité a mi pabellón y que luego me di cuenta de que tenía más de 6 participaciones, por lo que de haberlo sabido no lo habría invitado al mío para darle la oportunidad a otro a que participe. El programa informático también deberá generar reporte de actividades para cada escritor, es decir, si yo tengo actividades en la feria, puedo ir a la oficina y pedir que me impriman un reporte de mis actividades que se supone se generará de manera automática y con sólo pulsar una tecla se imprimirá. Así, cuando un escritor internacional llegue, se le dará su calendario, al igual que todo escritor del país que quiera solicitarlo.

-Entiendo que nuestra feria es más bien una fiesta cultural en donde confluyen las diferentes artes, pero debo resaltar que no deja de ser una feria del libro y eso implica que el libro, la literatura y la lectura deben ser los principales protagonistas. Por lo menos eso es lo que yo pienso. Hago este comentario porque cuando revisé el programa me di cuenta de que en algunos pabellones la programación literaria propiamente dicha era muy débil y de corta duración, mientras que las actividades de otra índole (social, musical, cinéfila…) tenían mayor preponderancia. Creo que en este sentido debe haber un replanteamiento ya que para todo lo demás hay foros, pero no hay tantos foros para la literatura, así que mi sugerencia sería que cuando se convoquen a los coordinadores (antes de que estos hagan sus cronogramas) se les recalque la importancia de incluir mayormente actividades en donde promuevan la literatura, el libro y la lectura. Luego, si los directivos de la feria ven que el programa de un coordinador contiene pocas actividades de esta especie, pueden solicitarle que reformule su propuesta ya que a mi juicio no debe olvidarse nunca que los tres ejes principales de la feria son los citados anteriormente.

-Aunque los coordinadores de áreas en la feria asumimos esa responsabilidad por el dinero que se nos paga (no olvidemos que somos empleados contratados temporalmente por un empleador), me gustaría sentir (y esto sí que es muy personal) un verdadero interés por los coordinadores por difundir la lectura, una pasión que va mucho más allá del trato mercantil. Sé que esto es difícil pues a veces no siempre se puede predecir qué tan eficiente resultará un coordinador, y al mismo tiempo qué tan comprometido estará con el proceso educativo y cultural que busca propiciar un cambio en la formación y los índices de lectura del país, pero sí que en los primeros encuentros con los coordinadores se podría hablar sobre esto para de alguna manera enamorarlos, “seducirlos” y que éstos a su vez puedan transmitir ese mismo amor e interés por el libro y la lectura al público que visite su pabellón. Ojo: Este es un asunto muy complejo y no sé si es una utopía mía ya que también va a depender de qué tan cómodo se sienta el empleado (coordinador) con su empleador (Dirección General de la Feria/Secretaría de Cultura) puesto que si en el camino se generan ciertos malestares por un ineficaz desempeño del empleador, por ejemplo, puede que el empleado pierda la motivación inicial, si es que alguna vez la tuvo.

-Me pareció totalmente desacertado que se alargara la feria una semana más. De acuerdo a la información oficial que yo manejé, la feria se extendió otra semana por petición de los libreros, pero para otros esta fue una decisión meramente política o una decisión que se tomó para seguir promocionando el metro, debido al éxito que éste tuvo durante esos días transportando a miles de personas a las proximidades del recinto ferial. Cuando digo que me pareció desacertada la decisión se debe a las siguientes razones: La primera es que no se realizó una gran campaña publicitaria para que la gente supiera que la feria continuaba una semana más (o los medios no quisieron hacerse eco de esto, no lo sé. Incluso, la cobertura este año creo que fue menor), lo que significó una merma considerable en el flujo de gente. Lo segundo, y para mí más importante, es que se extendió la feria pero los fondos para poder mantener funcionando los pabellones no llegaron a tiempo, por lo menos en mi caso fue así, ya que todavía el jueves 07 (de la tercera semana) el 25% restante del presupuesto de las primeras dos semanas no había llegado y el viernes 08 en la tarde fue que llegó (pero tan sólo ese porcentaje, sin incluir el presupuesto de la tercera semana) y porque furiosa e indignada yo cancelé todas las actividades a partir del jueves en la tarde (a excepción de los talleres de poesía y cuento por respeto y cariño a los participantes) debido a la falta de fondos. La culpa directa de todo esto la tiene la Secretaría de Estado de Cultura, la cual tiene un sistema bastante burocrático y extraño en el manejo de los fondos. El dinero no lo maneja la Dirección General de la Feria del Libro, así que a pesar de la buena voluntad de sus principales ejecutivos, éstos no pueden hacer nada si la Secretaría de Estado de Cultura no envía los cheques a tiempo, y eso fue precisamente lo que sucedió. Este sistema puede cambiarse ya que todo “proceso” es creado por seres humanos, no por dioses, y a esos seres humanos pueden proponérseles fórmulas más eficaces que permitan que el trabajo fluya y no se atasque, como ocurrió en esta ocasión. Y si ya le han propuesto otros mecanismos y éstos no han hecho caso, me parece lamentable.

-Además, no entiendo porqué si se les somete un presupuesto por un valor equis y la Secretaría lo aprueba (el cual luego será sustentado con sus debidos justificantes), el cheque que emiten no es por el valor total de ese presupuesto y mandan el dinero a cuentagotas entorpeciendo el trabajo de los coordinadores y generando dolores de cabeza y disgustos. A mi parecer, si no cuentan con el dinero suficiente para hacer una feria tan ambiciosa y es por eso que deben mandar el dinero por partes, lo que tienen que hacer es una feria más modesta pero que cause menos traumas a quienes intentamos realizar un trabajo digno y a la altura de lo que corresponde. Ojo: Quienes realizamos un trabajo comprometido, responsable y apasionado, esperamos la misma respuesta de las autoridades estatales, es decir, que éstas estén a esa altura para al final irnos a nuestras casas con una nota alta de gran satisfacción y con el deseo de volver a colaborar el año siguiente.

-Una propuesta mía es que se podría crear una especie de manual o dossier con toda la información necesaria que será muy útil para los coordinadores, en especial para aquellos que como yo nunca antes habían ejercido esa función. De esta manera se evitará que los “novatos” tengan que descubrir las cosas sobre la marcha porque la mayor parte de la información la sabrá de antemano. Por ejemplo: A quién acudir ante tal cosa, manera en que se maneja la oficina de contabilidad, listado de teléfonos de todos los coordinadores, en especial del personal que tiene que ver con la logística, la seguridad y el mantenimiento. En mi caso, yo me ofrezco desde ya a escribir una especie de “descripción de puesto” para quien ocupe el año que viene el cargo de coordinador del Pabellón Libro Cocina. Esto incluso lo he hice en el trabajo que tuve en La Romana como Directora Editorial ya que muchas cosas que tenían que ver con mi posición las descubrí en el camino, y cuando renuncié me pareció útil dejar el procedimiento de trabajo y una descripción pormenorizada de mi posición que le podría servir a la persona que me sustituyera. La persona que luego ocupe la posición no tiene porqué hacerlo de esa misma manera, pero por lo menos sabrá cómo se hizo y no estará tan perdida.

-No quiero dejar de mencionar algo que me gustó mucho y que está enmarcado dentro de los aspectos que considero muy positivos, y es que la feria me pareció un evento verdaderamente participativo y democrático, sin ningún tipo de censura, en donde la gente podía pasear con libertad y podía expresar su opinión libremente, por lo menos eso fue lo que se vivió en el Pabellón Libro Cocina en el que se machacó mucho la importancia de la educación y la lectura como vía para liberarse de la opresión de los poderosos, también se habló mucho sobre la importancia de desarrollar una visión crítica y no conformista de las cosas, y sobre todo se permitió que todo el mundo expresara su sentir sin importar cual fuese o en presencia de quién estuviésemos. Esto me pareció tan bello e importante que quise resaltarlo al final para terminar con una nota positiva y al mismo tiempo inspiradora, puesto que para mí la feria es y seguirá siendo un magnífico evento cultural al que todos y todas podemos sumarnos.

-Para concluir quiero agradecer a los ejecutivos de la feria por pensar en mí para coordinar la programación literaria del Pabellón Libro Cocina, al personal que estuvo trabajando conmigo, a todas los escritores que asistieron a las actividades, al público que nos apoyó, a los participantes de los talleres de poesía y de cuento, a mi compañero (el héroe anónimo del pabellón) y al chef Grégory García por su excelente trabajo.