Lúgubre



Se ha hecho tarde.
Es hora de agrupar las pastillas,
de acariciar el borde del vaso,
de empujar con mi lengua el bálsamo
que silenciará este enorme vacío.
Nunca mis ventanas estuvieron tan blancas
como en este momento en el que la vida se agota.
Se me ha hecho tarde para hilvanar mariposas,
para encender la lámpara que está sobre la mesa.
Ya se acabó la leche fresca del gato,
ni siquiera cuelga la lluvia de los tejados
ahora que se chorrea el alma
por las grietas de mis ojos.
Se me han muerto todas las cosas:
el lápiz, el papel, los libros y la música.
Sólo ha sobrevivido mi mano a esta hecatombe,
mi mano donde se confunden las aguas,
la misma que le da los granos a esta gallina
hasta llenarle el buche de hastío.


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