Máximo Vega y su "Juguete de madera"

[Un lobo pervertido, personificado por Aquiles, y una ingenua caperucita llamada Beatriz, son los protagonistas de esta historia fatal y oscura en donde todos los caminos conducen a la perdición.]


Máximo Vega es uno de los escritores dominicanos contemporáneos que más respeto y su literatura es de la que más me llega. Lo conocí hace ya varios años, cuando apenas empezaba a conocer el mundo literario y le llevaba unos cuentos malísimos para que me diera su opinión.

Ha llovido mucho desde ese tiempo, pero Máximo sigue siendo para mí un escritor admirable, un camino a seguir, y sus obras me siguen pareciendo de lo mejor que se está escribiendo en el país.

Es un escritor sin poses, sin aires de divo, consistente, comprometido con el oficio y sobre todo coherente. He leído todos sus libros publicados y he encontrado en ellos algo que me toca hondamente y que me inquieta, algo que me hace pensar, que me mueve a la reflexión y a replantearme algunas cosas.

A través de su literatura nos remite a un universo en donde predomina lo oscuro, la derrota, la infamia y el abismo. Una literatura en donde se nos muestran las cicatrices del alma humana y sus más viles o secretas aficiones, en donde los sueños se vuelven una causa perdida y en donde apenas queda un resquicio para la luz. Esa literatura honda, cruda y pesimista que muchas veces se contrapone a cualquier esperanza, logra remover los cimientos del lector y lo lleva a cuestionarse sobre la realidad que le rodea y sobre su propia naturaleza.

Anteriormente ya lo había entrevistado para este blog: un acercamiento a este autor, sus inquietudes y su visión sobre la literatura. Ahora he querido entrevistarlo nuevamente para hablar sobre su novela corta Juguete de madera, un libro que me gusta muchísimo y que recomiendo por su calidad y por todo lo que nos queda cuando acabamos de leerlo.

Espero que esta no sea la última entrevista, sino otra de muchas, pues este es un autor que a mí particularmente me interesa que ustedes conozcan, por una razón muy sencilla: creo en él y en su obra.

ROSA SILVERIO: Hablemos de Juguete de madera: de dónde surgió el tema, las motivaciones, el tiempo que te tomó escribir la historia, el proceso de corrección…
MÁXIMO VEGA:
El tema surgió espontáneamente. Yo era muy joven y lo que quise fue escribir una historia sobre una niña que huye de su casa, y se encuentra con un señor que le da una bola y la pervierte. Algo muy simple. A mí se me ocurren las historias, y luego las relleno, las lleno de cosas que me gustan, o robo cosas de obras de otras gentes, o cosas que veo, etc. Por ejemplo, una vez vi una película, cuyo nombre no recuerdo, ni siquiera vi la película entera, vi un pedacito de una película en la que aparecía una camioneta transportando juguetes. Bueno, de esa visión salió el vendedor de juguetes, pero sólo la imagen, porque ya tenía la idea del vendedor de juguetes de madera, lo que me dio esa película fue la imagen. En la película “Deliverance”, aunque también es una novela, pero en la película aparece un niño deforme, y hay una anciana que lo atiende, y uno de los protagonistas los ve apenas cinco segundos; además, al lado de mi casa vivía un adolescente deforme, desahuciado, enfermo de algo que nunca supe exactamente, y esas dos imágenes se unieron para crear al niño monstruoso que aparece en el libro… y así. No sé si todos los escritores arman sus historias de esa manera, pero a mí me interesan mucho los detalles, los personajes secundarios, los accesorios, la atmósfera.

RS: Cuando la escribiste tenías apenas 18 años: un joven precoz que mostró tener el talento y la madurez como para escribir una historia dura, cruel y tan bien contada como esa. ¿Mientras la escribías sentiste que se te podía ir el tema de las manos o acaso pensaste que quizás, dado que eras un escritor incipiente, te sería más complicado alcanzar ciertos registros, en particular en cuanto a emoción y a verosimilitud se refieren?
MV:
Yo la escribí a los 18 anos, pero cuando la iba a publicar la revisé muy bien, le quité cosas… Incluso, la tercera edición tiene otra corrección, que puede ser la definitiva, porque cuando uno es joven tiene algunos manierismos, yo utilizaba palabras que no eran dominicanas, por ejemplo, trataba de usar un lenguaje muy puro, y yo he abandonado eso, ahora estoy más consciente de mi identidad. Algunas palabras sacadas de los libros de Faulkner, que a mí me gustaba mucho en esa época, como “canilla” en vez de la llave del agua, o “porche” en vez de galería, que es como lo decimos los dominicanos, cosas así. Entonces a partir de la tercera edición la corregí, y ahora sale con palabras muy dominicanas que yo nunca hubiese utilizado en mi juventud… Pero estoy convencido de que era mejor escritor en esa época que ahora, porque en ese tiempo tenía una pasión, un compromiso… que ya no tengo, quizás porque uno se va desencantando poco a poco de la vida, ese es uno de los peligros de la edad.

RS: En Juguete de madera los personajes principales son Beatriz, la niña de doce años que huye de casa, y Aquiles, el vendedor de juguetes de madera que la recoge. ¿Cómo fue crear el perfil de estos personajes?
MV:
Beatriz fue fácil. Una niña ingenua pero muy inteligente, maltratada y melancólica. Varios críticos, sobre todo extranjeros, porque a los críticos dominicanos no les interesan los libros dominicanos, han sacado a relucir que la historia se parece a La Caperucita Roja: Beatriz sería la Caperucita, y Aquiles el Lobo. Pero yo no pensé en eso cuando la escribí. Aquiles fue más difícil, porque es un personaje muy complicado, psicológicamente hablando. Aquiles se parece mucho a mí, sacándole el hecho de que yo sería incapaz de violar una niña, y de que en sentido general es un personaje mucho más oscuro que yo. Pero la realidad es que las cosas me salieron casi solas, yo no tuve que pensarlo mucho, la historia se escribió por sí misma, como sucede con todos mis libros, que son pocos: si le doy muchas vueltas a las cosas, no las escribo. Yo soy un escritor total: tengo la historia, y mientras la escribo todo surge espontáneamente.

RS: Los personajes femeninos de esta historia son mujeres maltratadas, víctimas, enfermas o criaturas perdidas. Me llamó la atención porque estos personajes también los he encontrado en otros textos tuyos. ¿Hay algún interés en particular de tu parte en abordar a la mujer desde esta perspectiva?
MV:
No son sólo las mujeres. La mayoría de mis personajes son así. Yo crecí en un hogar dominado por mujeres: mi mamá se divorció y yo viví con mi mamá, mi abuela (la madre de mi mamá), y cuatro hermanas. Un hogar completamente femenino. Por eso también la mayoría de los personajes principales de mis obras son mujeres, algo inconsciente debe estar saliendo por ahí. Me jacto de conocer muy bien a las mujeres, porque mi vida ha estado rodeada de mujeres, hasta algunos de mis mejores amigos son mujeres. Una lectora me acusó una vez de misógino; creo que eso es algo que no soy, aunque soy muy tímido. Los hombres y las mujeres de mis obras son como has descrito en la pregunta.

RS: Resulta curioso que la edad de Beatriz sea la misma de Lolita, el personaje de la novela de Navokov que lleva por título ese mismo nombre. ¿Fue adrede, con la intención de hacer alusión a ese otro personaje y su historia o fue pura coincidencia?
MV:
No. Yo no he leído Lolita, vi la película, y me parece una historia un poco light, y por eso no la he leído, no me atrae. Un hombre mayor que se enamora de una niña que lo destruye… se ha contado esa historia muchísimas veces, mucho antes que la Lolita de Navokov, en diferentes circunstancias, de forma diferente. Está en la Tristana de Benito Pérez Galdós, la Tristana que luego sería de Buñuel, sólo que ahí es una mujer, una inválida… No. La realidad es que Beatriz era mucho más joven. Al principio la puse muy joven, pero entonces pensé que un personaje tan joven no iba a ser creíble, debido a algunas cosas que hace Beatriz que no son de alguien demasiado joven, luego la puse más vieja, entonces pensé que el impacto en el lector no iba a ser el mismo si ella era una adolescente hecha y derecha… al final le puse una edad intermedia. No sabía que la Lolita de Navokov tenía esa edad, pensaba que era mayor, porque en la película de Kubrick es mayor.

RS: Sin embargo, en Juguete de madera, no podemos decir que el tema principal, como en Lolita, es la pederastia, sino cómo un niño que se aleja del hogar, que se expone a los peligros de las calles, no sólo pierde la ingenuidad y enfrenta grandes riesgos, sino que también puede ser conducido a la perdición.
MV:
Juguete de Madera es una obra literaria. No tiene un mensaje definido, es una historia que se cuenta y ya, puede ser una obra moral, o inmoral, o amoral, no importa. Mis intenciones no fueron morales, es más, mi intención fue pervertir a la niña, mi intención se centró en la extraña relación entre ese hombre y la niña. Él no está enamorado de ella; ese hombre es un pervertido, es como un demonio que sufre; los peores demonios deben ser los que sufren. Pero por encima de cualquier otra cosa, mi intención fue escribir una obra literaria, es decir, escribir algo de una manera en la que el lector dijera: bueno, yo no había leído algo como esto nunca antes, esta es una cosa nueva. Estoy seguro que, en ese sentido, fracasé, pero mi intención fue legítima.

RS: Juguete de madera se desarrolla en una zona sub-rural o rural, con un personaje (Beatriz, la caperucita) que quiere llegar a la ciudad, la ciudad como Shangri-La, como oasis, como norte, solución, salvación y como futuro. Por otro lado, tenemos a Aquiles (el lobo feroz) a quien no le interesa ni le importa la ciudad. Esto resulta curioso porque muchas personas suelen ver a la ciudad como la fuente de todos los males y al campo con una mirada idealizada, como el único lugar en donde aún se preserva la bondad y la solidaridad. ¿Era esto una forma de mostrarnos que el peligro y la degradación humana habitan en todas partes?
MV:
No. El libro transcurre en ningún lado. La ciudad es lo inalcanzable, el sueño de Beatriz. Tienes razón con lo del Shangri-La. La zona rural que tú dices, o semirural o lo que sea, es la realidad, lo que nos ha tocado vivir, donde estamos ahora. La ciudad es lo que la niña nunca alcanzará, el horizonte inaccesible. Ella nunca llegará a la ciudad, porque en la realidad de la obra, que es diferente a la realidad real, esa ciudad no existe. En la obra, por ejemplo, ellos se pasan el día entero andando en una camioneta, y no salen del lugar en el que están. Aquí, en República Dominicana, eso es imposible: en hora y media tú vas de Santiago a Santo Domingo. La geografía es imaginaria, el libro transcurre en un sitio del que no se puede escapar.

RS: A nivel técnico llama la atención la forma en que construiste la historia, con una combinación de distintos planos espacio-temporales, un cambio del punto de vista (la voz del narrador) e interesantes juegos narrativos. ¿Te proponías hacer escribir algo de ruptura, muy contemporáneo, alejado de cualquier aliento tradicional y decimonónico?
MV:
Bueno… yo siempre he escrito así. Es más o menos mi estilo. Aunque parezca muy contemporáneo, etc., eso me ha traído problemas, porque lo que se quiere es que uno escriba de forma muy tradicional, con obritas bien hechecitas, sin darle muchas vueltas a las cosas, sino contando una historia y ya, con el lenguaje más impecable posible, incluso obras en las que se nota a leguas la técnica, el armazón, en las que se nota que el escritor se está esforzando por escribir todo como tiene que ir, en las que la técnica arropa la creación… Yo nunca voy a escribir así. Perderé todos los concursos literarios dominicanos (ya he ganado algunos, por suerte, fortuitamente), pero yo escribo como me da la gana, y como aquí un escritor es un ilustre desconocido, entonces voy a seguir escribiendo como me da la gana, porque lo único que se obtiene aquí es prestigio, y, también por suerte, fuera de este país he ido construyendo un prestigio algo limitado, pero sólido. Bueno, realmente no, más bien precario, pero prestigio al fin y al cabo. Yo nunca voy a escribir así, y no lo hago ni siquiera por rebeldía: yo escribo como escribo, y me interesan las cosas que me interesan. Pero estoy muy consciente del mecanismo, de la gramática de la narrativa, eso también debemos tenerlo bien claro; yo sé muy bien lo que estoy haciendo. T. S. Elliot decía que un crítico no debe buscar originalidad en una obra, sino sinceridad. En ese sentido, creo que soy el escritor más sincero del mundo.

RS: Muchos autores se arrepienten de haber publicado su primera obra y se avergüenzan de ella. ¿Te ha pasado eso a ti?
MV:
Sí. Juguete de Madera se salvó a chepa. La mayoría de los cuentos que escribí en esa época ya no existen.

RS: A nivel editorial y de ventas, Juguete de madera ha tenido un considerable éxito en la región del Cibao. ¿A qué crees que se deba esta aceptación? ¿Crees que sea falta de interés por el público capitalino o falta de gestión editorial lo que ha hecho que esta novela corta -que yo tanto he disfrutado y que me parece tan bella, tan interesante- apenas se conozca fuera del Cibao?
MV:
Ha sido falta de gestión. Las primeras dos ediciones de Juguete de Madera las publiqué yo mismo, algo que es común entre nuestros escritores, sobre todo los jóvenes, pero a partir de la tercera edición, como tuvo tanto éxito, el poeta Ramón Peralta, que tiene una editorial, empezó a publicarla aquí en Santiago y en el Cibao, y ya lleva dos ediciones más, dentro de poco se publicará la quinta edición. Lleva cuatro ediciones y seis reimpresiones. Pero eso también explica la desconexión que existe entre La Capital y el resto del país, puesto que hay una centralización tremenda en Santo Domingo: a pesar del éxito que ha tenido en el Cibao, éxito editorial, por supuesto, a nadie le ha interesado sacarla de aquí, es decir, ni siquiera saben que existe esa obrita que ha circulado tan bien: hay gente que me detiene en la calle porque me ha reconocido por la foto del libro, he ido a lugares en los que me reconocen por el nombre. Y eso no tiene nada que ver con la calidad literaria del libro, porque precisamente mi duda sobre la calidad de Juguete de Madera es que a la gente le guste tanto una historia que yo creía tan pesimista y oscura.

RS: ¿Siguen siendo temas como el que abordas en este libro los que te preocupan actualmente? ¿De cuáles cosas te interesa escribir en la actualidad? ¿Hacia dónde te mueven tus preocupaciones?
MV:
Sí. A mí me interesa el ser humano, la naturaleza humana. Los seres humanos comunes metidos en situaciones a veces extremas; me interesa lo común, lo mediocre, lo que no se ve pero que es interesantísimo. Pero, en general, los seres humanos. No me interesa la literatura como un absoluto que trasciende al propio ser humano; como dijo Santayana, el arte no es absoluto ni trascendente, porque está ligado al ser humano, y si uno se emociona con una novela, o llora con una película, o un cuento le cambia la vida, es porque las cosas que se cuentan ahí están ligadas a las demás actividades humanas, y a la naturaleza humana en sí misma. Estoy escribiendo una novela sobre la relación entre un hombre enfermo de sida, un moribundo, un desahuciado, y un niño huérfano que es haitiano, el pánico y la aceptación de la muerte de ese hombre que no tiene remedio, su obsesión con salvar una vida, él que está muriendo indefectiblemente, ese hombre viaja a la frontera de nuestro país para salvar una vida; cosas así son las que me interesan, cosas que tienen que ver con nuestra propia humanidad. Mi compromiso con la literatura y con la humanidad es total, y eso no tiene nada que ver con el reconocimiento, con los concursos o con la popularidad, que es tan esquiva siempre, ¿no?, que es superficial y que no sirve para nada. Pero yo no escribo así porque quiero ser demasiado serio, escribir sobre cosas importantes o profundas, no; es que yo soy así, no puedo evitarlo. Eso es lo que me sale cuando escribo. Algo que no comprendo me arrastra hacia eso. Mientras siga escribiendo y publicando sobre las cosas que me interesan, seré un hombre completamente feliz. Lo demás es accesorio.

--------------------
Máximo Vega nació en Santiago de los Caballeros en 1966. Es narrador y ensayista. Fundador y coordinador del Taller de Narradores de Santiago. Ha publicado los libros: Juguete de madera (novela corta), Ana y los demás (novela), La ciudad perdida (cuentos) y Final del sueño (cuentos). Ha ganado varios premios literarios y textos suyos han sido publicados en varias antologías.