"Utopía y Posmodernidad" (Segunda parte)

RS: En el libro dices que todo creador siente la necesidad de complementar al universo. ¿A qué te refieres con eso?
FC:
Es una idea acaso influenciada por las provocaciones creacionistas de Huidobro y el título de uno de sus poemas que reza “el poeta es un pequeño dios”. Se trata de que un poeta, en tanto creador, más que remitir a la realidad monda y lironda, debe procurar llevar la experiencia y las palabras a connotar otras realidades, con características autosuficientes, independientes; a abrir ventanas ficcionales singulares. De ahí la necesidad de elaboración y alteración de los recursos del lenguaje (sintaxis, gramática, semántica) a favor de la expresividad poética. El poema, entonces, se incorporará, como mosaico prístino, al orden natural de las cosas, sea cual sea este orden.

RS: Algo que me llamó mucho la atención aquel capítulo en el que afirmas que la poesía resulta de un acto reflexivo más que intuitivo, e incluso hablas de dos tipos de escritores, los sanguíneos y los calculadores o reflexivos. Sobre esto quería preguntarte si acaso tú piensas que todo buen poema nace de una emoción estudiada y si no crees en la inspiración o en esa especie de “trance” del que hablan algunos poetas que en el que caen cuando empiezan a escribir un texto.
FC:
Antes que en trances místicos o míticos, antes que en las posibilidades del Médium, creo en el oficio y en el manejo de las herramientas, que en este caso, remiten a los recursos de la lengua y sus potencialidades figurativas. Esto no invalida existencia de momentos y circunstancias en que la sensibilidad asome enriquecida; de hecho Bretón y los surrealistas, entre ellos nuestro Freddy Gatón Arce, celebraron como método la escritura automática en procesos en donde, aseguran, aflora el subconsciente espontáneamente, según ellos, libre de censuras y condicionamientos. Sin embargo, entiendo que apostar a pescar eventualidades, es tanto como jugar a la lotería o a la ruleta rusa; existe la posibilidad matemática, aun infinitesimal, de quedarte, con un solo golpe, a pura suerte, con todo; pero mayor es la probabilidad de que sólo te mantengas entretenido en la acción de jugar, con poco o ningún resultado. El dejarse fluir a la deriva puede resultar adecuado sobre todo en aspectos de fondo, temáticos, al dejar abierta la posibilidad de que coincidan, con el lance de dados diría Mallarme, como en las técnicas de análisis denominadas tormentas de ideas, asociaciones semánticas insospechadas. Sin embargo, para la forma (y tanto arte como poesía son fundamentalmente forma) se requiere de una intervención consciente, dirigida. En el texto que refieres señalo que el verso que aparenta fresco, no necesariamente lo fue en su concepción, porque probablemente ha costado mil fraseos echados afortunadamente al zafacón. A propósito Paul Valery alega que "los primeros versos vienen de los dioses; el resto, del trabajo", afirmación con la que coincido en el planteamiento final de ese ensayo: “La poesía, Ítaca, se alcanza haciendo deambular las abstracciones definitorias de lo humano (pensamientos y sentimientos) sobre lo físico del lenguaje, las palabras; este proceso de plasmación requiere significativo esfuerzo, probablemente la relación sea de un momento de inspiración por diez de arduo oficio.”

RS: La pregunta anterior me lleva a otra y es a lo que dijo T. S. Eliot en una entrevista en la que señaló que todo gran escritor es aquel que logra evocar una emoción y escribirla tal y como si la estuviera viviendo en ese instante. ¿Crees tú que el escritor debe llegar a un nivel de madurez en el que no escriba por impulso, por asaltos de la inspiración, sino que escriba como una disciplina, como un acto de reflexión y meditación profunda y dilatada?
FC:
La historia de la literatura es la de las obras escritas, no de las soñadas, sospechadas o intuidas; de ahí que lo que define al escritor, en nuestro caso al poeta, es el ejercicio cotidiano de uso de los capacidades figurativas de la lengua: por un lado, en acción de escritura, enfrentando continuamente la página o pantalla en blanco y llenándola de palabras, organizándolas, depurándolas, hasta que conformen un fraseo que se acerque a lo pensado; y por el otro lado, en función de lectura, en tanto contacto empírico con las fuentes reales y concretas (el mundo, la realidad), pero sobre todo como involucramiento frecuente y profundo con el ámbito de tradición simbólica de las letras, a fin de cuentas materia prima del oficio, abrevando de los universos creativos, de la cultura y pensamiento, de otros autores. Aprender de otros, como en el taller medieval, no solo es enriquecedor sino imprescindible; se requieren las claves conocidas por el maestro al desarrollar las herramientas necesarias para plasmar con éxito el tiempo presente.

RS: Escribes poesía, ensayo y narrativa, sin embargo ha sido en el género poético en el que más has descollado, tanto así que tres de tus cuatro poemarios publicados han sido premiados. ¿Qué constituye para ti la poesía?
FC:
Así es, la poesía es el género al cual le he dedicado más tiempo y esfuerzo, en su seno he tenido la oportunidad de afianzar mi vocación y afinar los aperos creativos.

En respuesta a qué constituye para mí la poesía, te confieso que coincido con Mijaíl Bajtín en cuanto a que “escribir es dejar un testimonio personal de la constante mutación del mundo”; pero más que interpretación del mundo y su mutación entraña, además, una toma de posición consciente, personal; y en tanto compromiso, oriundo del asombro, procura conmover, reproducir el efecto emotivo, bien a través de elaborados versos como de textos prosados.

La poesía, repito, es primordialmente lenguaje —tanto que lo convierte en fin estético en sí—, su razón la constituye la crisis del individuo ante un universo que pudo ser perfecto. Basta mirar la historia del género para percibir el sentimiento de angustia, de incompletud, que las obras trascendentes contienen, refiriendo acaso la generalizada insatisfacción ante el fallo de la inteligencia que rige todo de no dotar la realidad, pese a su omnisciencia y omnipotencia, de los elementos necesarios para un estado perpetuo de armonía. El perenne vía crucis de la humanidad es tras la felicidad, no así del poeta —ser particularmente sensible— por la certeza de la propia incapacidad para concretizar esa aspiración, de ahí que procure artificios, tal vez los más sinceros, de enfrentar la terrible brecha entre ideal y realidad. Justa rebeldía nace de tener a la vista siempre el inexorable final; a la humanidad sólo resta el resabio como exorcismo, canalizado positivamente a través de las artes, o negativamente, mediante actos de violencia, desarraigo o el suicidio mismo. Los poetas siempre se suicidan en la palabra, en tanto aspiran a la tranquilidad que supone, pese a la paradoja implícita, el conocimiento.

RS: Fernando, no sólo eres escritor sino un gestor cultural que se ha esforzado por resaltar el arte y la cultura de nuestra Ciudad Corazón. ¿Piensas tú que un artista además de escribir debe hacer algún aporte a la sociedad?
FC:
La vocación de servicio es una opción personal, aún más, es un camino de realización como ser humano. Toda persona, independientemente de su modo de vida, debe asumir su cuota de responsabilidad por la calidad de vida de la comunidad a la que pertenece y, en sentido más amplio, de todo el planeta. No creo en el artista como un ser especial, sino, y en esto con Aristóteles, como ente social, que necesita de los otros para realizarse, y por lo tanto no está exento de aportar, además de sus creaciones, de forma humanitaria. Claro, servir a los demás no debe llevarse a niveles extremos de sacrificios, pero de alguna manera cada uno debe aportar a la armonía, a la convivencia, que a fin de cuenta redunda en un bien propio. Personas más realizadas, con mejor nivel de vida, con gustos culturales arraigados, necesariamente serán mejores vecinos y acaso mejores diletantes y lectores.

RS: Recientemente finalizó Arte Vivo, un festival cultural del que todos los artistas santiagueros se sientes orgullosos y que gracias a tu esfuerzo se ha realizado por muchos años. ¿Qué significación tiene Arte Vivo para ti?
FC:
Arte Vivo fue una necesidad expresiva de jóvenes artistas de vanguardia en una sociedad que, para mediado de los ochenta, era muy conservadora. Fue nuestra manera de ganar un espacio a fuerza de pura creación, provocación y, porqué no, de diversión. Tomar las paredes de Casa de Arte, llenarla de proclamas visuales y sonoras, dar a conocer que en Santiago existían creadores con aspiraciones universales fue toda una catarsis colectiva. Nos asombramos de la necesidad que tenía la población misma de expresarse libremente; creo, después de tanto tiempo, que fuimos sorprendidos en nuestra buena fe, fuimos por lana y salimos traquilados. Desde el inicio la actividad se convirtió más en expresión de la colectividad que de los artistas; de ahí que cada años recibamos una presión enorme de todos los sectores de la ciudad para que el evento se realice porque en realidad la comunidad se abre al contacto con lo mejor y más auténtico de la cultura dominicana y ahora también caribeña. Lo que distingue a Arte Vivo de otros festivales y manifestaciones culturales es la entrega absoluta de los involucrados: escritores, músicos, artistas profesionales (incluso de dimensiones mundiales como Johnny Pacheco, Pablo Milanés, Franketienne, Andy Montañez, Amaury Pérez, Danny Rivera, Mapeye, etc.), creadores emergentes, grupos sociales, folcloristas, activistas, que se desprenden del interés pecuniario en aras de una expresión solidaria, festiva, como contagiados por la fuerza renovadora de la primavera. En Arte Vivo todos postergan las urgencias económicas para expresarse de la forma más sublime posible, desde lo netamente popular hasta expresiones de naturaleza estéticas más elaboradas. Veintiún años después, Arte Vivo es una expresión que tiene vida propia y se sustenta en la identidad de los dominicanos, aportando en este proceso de acomodarnos a la globalidad sin perder de vista lo que somos. Todavía hoy —como fue ayer y será mañana— en Arte vivo, la indiferencia no está permitida…

RS: Hablemos ahora sobre tus proyectos. ¿Qué sigue ahora? ¿Cuál es tu próxima publicación y para cuándo la podemos esperar?
FC:
Para mí cada libro es un proyecto que se ha de concretar a largo plazo, casi siempre llevado en paralelo con otros, a veces de naturaleza distinta. En aspectos literarios, vengo trabajando otro poema-libro de aliento milenarista, apocalíptico; de hecho ya está totalmente listo, diagramado, en espera de mandarlo a imprenta. Asimismo, estoy recién finalizando un monográfico, tipo antología, sobre poetas dominicanos contemporáneos para la revista Blanco Móvil de México, a publicarse en los próximos meses. También, empecé la revisión final del segundo tomo de lecturas críticas de poesía dominicana finisecular, esto de cara al próximo año.