La importancia de la educación

República Dominicana es un país con muchos recursos pero muy mal administrado. Aquí unos pocos son muy ricos y la gran mayoría vive en la miseria. Estamos en el siglo XXI y todavía no contamos con agua potable, energía eléctrica continua, servicio de salud mínimamente decente y mucho menos recibimos una buena educación. Sobre esto último hay que decir que cada vez que hacen una evaluación República Dominicana queda en el último lugar, como el país que cuenta con el peor sistema educativo.

Esto parece importarle a muy pocos o a casi nadie. Durante cuatro años contamos con una ministra de educación ineficaz, prepotente e insensible, que estaba más dedicada a la política que a la educación dominicana. Una señora que sabía que a los niños y niñas dominicanos no se les estaba dando leche en el desayuno escolar sino suero desproteinizado, y que prefirió defender a los empresarios antes que a la niñez dominicana malnutrida y poco pudiente. Una funcionaria que debió haber sido cancelada en lugar de haber sido protegida por el Poder Ejecutivo.

Pero no sólo contamos con una ministra desastrosa (y con un nuevo ministro que todavía no ha dado señales claras de cuál será su política) sino que además contamos con un presidente que confunde la tecnología con la educación, que invierte millones en un metro que no estaba incluido en su plan de gobierno, para el que no hubo licitación alguna y en el que se gastó un dineral en detrimento precisamente de la Secretaría de Educación.

Por eso hoy nuestros niños y niñas van a escuelas superpobladas y se sientan en blocks de cemento o en el piso porque no hay butacas. Muchas veces los estudiantes deben tomar las clases en el patio de la escuela porque no hay aulas o porque el lugar está muy deteriorado. En muchos casos estos estudiantes ni siquiera disponen de un baño decente, sino de una simple letrina sucia y llena de gérmenes como la que hay en la escuela de Jarabacoa, justo al lado de donde la ex ministra de Educación, la señora Alejandrina Germán, construyó una mansión con fondos que todavía no ha justificado.

Pero el problema va más allá de la infraestructura y de un desayuno escolar que es un fraude. Estamos hablando además de un sistema educativo atrasado, con muchas deficiencias, de profesores poco preparados, mal pagados y poco motivados; de un currículo educativo lleno de fisuras y tan pobre que nuestros estudiantes no están a la altura de los de otros países por lo que luego, cuando son profesionales, se encuentran con que no tienen las suficientes herramientas para competir en un mercado que cada día se vuelve más exigente. Estos estudiantes llegan con esas carencias a las universidades dominicanas en donde se encuentran también con otro sistema deficiente, poco riguroso y permisivo, que les da un título sin estar realmente calificados.

Aquí, si los padres quieren que sus hijos reciban una formación promedio o por encima de ese promedio, deben contar con el dinero suficiente para poder pagar matrículas caras en instituciones privadas a las que evidentemente la gran mayoría no tiene forma de acceder. Sin embargo, no es un secreto para nadie que los mismos funcionarios que defienden el sistema educativo dominicano tienen a sus hijos estudiando en los colegios más caros y exclusivos del país y luego los mandan a continuar su preparación en universidades extranjeras.

Es una verdadera vergüenza que en nuestro país a la educación se le preste tan poca importancia y no constituya una prioridad para el gobierno actual (como tampoco lo fue para los anteriores).

Para mí la educación tiene un valor fundamental y es la base del progreso de toda sociedad. Un pueblo que recibe una buena educación tiene mayores oportunidades de avanzar y de competir que aquel que no lo está. Un pueblo educado tiene las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico y para tener una participación más activa, conciente y responsable en la sociedad. Las personas que han tenido la dicha de recibir una buena educación tienen mayores probabilidades de tomar decisiones correctas a la hora de elegir, precisamente porque conocen y porque gracias a eso tienen mayor discernimiento, una mirada más amplia, menos sesgada o ingenua. Además, las personas con una buena preparación son recursos valiosísimos para un país y pueden llegar a convertirse en verdaderos factores de cambio, mientras que un pueblo ignorante es más vulnerable y propenso al abuso de poder, la opresión y la explotación.

*Imágenes tomadas de diferentes periódicos dominicanos y blogs que denuncian el problema de las escuelas dominicanas.