Poesía y crisis

La poeta de origen belga y nacionalizada española, Chantal Maillard, ha dado recientemente unas declaraciones en la que dice que no es posible escribir un buen poema si no se está en crisis.

La autora del libro Matar a Platón (Premio Nacional de Poesía de España, 2004) piensa que la poesía siempre está en crisis y que algunos de los asuntos fundamentales que refleja la poesía son aquellos “a los que un ser humano se enfrenta”, tales como el “dolor, la convivencia, la dificultad para vivir en la unidad y en la diferencia”.

Me ha parecido muy interesante lo que dice Maillard porque es un tópico en torno al cual reflexionamos quienes sentimos pasión por la escritura.

La idea de que el escritor debe estar al límite, al borde del precipicio para hacer su obra, siempre ha fascinado a muchos. La imagen del autor atormentado, en constante crisis existencial atrae más de lo que algunos puedan imaginarse.

La vida de un buen puñado de poetas es un verdadero ejemplo de esto. Podría citar una larga lista de escritores que han tenido una vida tortuosa y que incluso han terminado suicidándose.

Pero ¿qué tanto hay de cierto en esto?, ¿viven los poetas en “crisis” o la propician para crear su obra?, ¿es necesario pasar por algo como esto para escribir un poema que valga la pena?

Yo creo que hasta cierto punto el poeta es un inconforme, es una persona que no está de acuerdo con su realidad ni con lo que sucede en el mundo. Es una persona que siente la necesidad de decir algo, de compartir con los demás la manera en que percibe las cosas. Siente que tiene un punto de vista distinto, escudriña lo que hay en su interior y lo que pasa alrededor como un filósofo; crea teorías, se libera mediante la escritura, exorciza sus demonios o los inventa, es un gran fingidor, un ser que muchas veces se cree más especial de lo que es.

Para mí el poeta es alguien que tiene la singular capacidad de comunicar su verdad, de cuestionar las cosas o de explicarlas a través de la palabra. En algunos casos actúa de manera más encubierta y en otras se permite mostrar toda su vulnerabilidad. Escribe de aquello que le importa o que le ha marcado, de aquello que no entiende o que quiere revelar, de aquello que le angustia o le produce un gran placer.

Ahora bien, la pregunta clave es la siguiente: ¿necesita realmente el poeta estar en “crisis” para escribir un buen poema?

No me siento con la suficiente autoridad como para responder esta pregunta. Quizás algunos de los amigos y amigas que visitan este blog y escriben poesía, puedan dar una opinión mucho más certera y sustancial que la mía.

Pero sí puedo dar mi testimonio, hablar de mi experiencia personal. Aunque soy una poeta que está aprendiendo y que está conciente de que todavía no ha escrito nada que a ella misma la sacuda y la haga pensar que tiene algo realmente valioso entre las manos, puedo decir que algunos de los poemas que he escrito y con los que me siento más conforme no necesariamente han sido escritos en momentos de crisis.

Sí he tenido experiencias dolorosas que me han marcado y otras totalmente vivificadoras que también han dejado su huella. Ahora viene lo raro, y es que independientemente de en qué estado escribo mis mejores poemas, creo que han sido justamente las vivencias más tristes las que de alguna manera me han ensanchado la mirada, las que me han empujado a madurar y me han permitido darle una connotación más profunda a mi poesía más reciente.

Sé que debería ser diferente y que mi valoración de las cosas puede que no sea la correcta. Sé que quizás yo debería darle mayor crédito a esas experiencias gratas que he tenido pero la verdad es que no es así y siempre que estoy a solas siento que se me encoge el pecho por todas las cosas que quisiera no haber vivido, por todas las cosas de las que jamás hubiera querido ser testigo. A estas alturas, como anda todo, deberíamos nacer con una coraza mucho más fuerte de la que yo poseo.

Estamos en un mundo inclemente en donde hay cosas maravillosas, pero no creo que todo lo maravilloso que puede tener el mundo compense el desastre en el que lo hemos convertido y lo angustiosa que puede resultar la existencia para quienes que poseen una sensibilidad más marcada.

Y esto me lleva a una entrada que leí hace mucho tiempo en el blog Apostillas Literarias de Magda Díaz y Morales en la que comentaba el Diario Personal de la poeta argentina Alejandra Pizarnik.

Magda cita un párrafo del Diario y luego comenta lo siguiente:

«Podemos observar cómo el lenguaje se convierte en referente explícito al hacerlo objeto de su reflexión, ello conlleva una concepción filosófica adonde tocamos esa soledad que tanto dolía a su sensibilidad, que la hacía preguntarse, cuestionarse, exigir respuestas a través del lenguaje. De ahí sus cuestionamientos, su reflexión constante que desvela ese deseo de querer desenterrar un mundo a través de la palabra y su silencio. Ese silencio adonde habita ese mundo que ella tanto anhelaba y que quizá no pudo hallar porque decidió irse cuando apenas tenía 36 años después de "una tormentosa existencia que la condujo de la adicción a los tranquilizantes y los estimulantes al ingreso en un hospital psiquiátrico".

La soledad es dura de vivir para ciertos espíritus sumamente sensibles, para seres que les duele ver un mundo de injusticias, pobreza, abuso del más fuerte, y solamente, quizá, tienen a la palabra para enfrentarlo…»

Quizás ahí esté la clave del porqué Chantal Maillard dice que la poesía siempre está en crisis. Talvez se deba precisamente a que los poetas adolecen de una exacerbada sensibilidad que muchas veces los hace padecer y los empuja a escribir y refugiarse en la palabra.

Aunque todavía sigo pensando que no es cierto que el escritor deba estar en crisis para escribir un buen poema. Cada autor tiene su manera de crear y supongo (sólo supongo) que grandes obras se han gestado desde la preocupación, pero también desde la paz y la quietud. Habría que ver si los grandes poemas de la literatura han sido escrito por poetas en crisis, pero es algo que no me propongo investigar porque tampoco el asunto va para tanto.

Tan sólo quería reflexionar un poco, decirles lo que pienso y que ustedes también, si les apetece, me cuenten lo que opinan sobre este tema.

*Imagen: Fotografía de Chantal Maillard en La Trenza de Sor Juana