El Premio Nacional de Poesía de Frank Báez

El escritor dominicano Frank Báez obtuvo el Premio Nacional de Poesía con su libro Postales, publicado en Costa Rica. Ese libro ha circulado muy poco aquí y para obtener un ejemplar hay que comprarlo por Internet, a menos que usted sea amigo del autor y éste le dé una copia. En mi caso lo leí gracias a un amigo común de Frank y yo, quien me lo prestó. Como me gustó mucho y además de eso el escritor siempre me ha interesado, decidí hacerle una entrevista para este blog.

Luego de eso Frank ganó el premio. Participaron 50 poemarios de distintos autores dominicanos. El jurado estuvo compuesto por los escritores Claudia Hernández de Valle-Arizpe (México), Carlos Francisco Monge (Costa Rica) y Enrique Eusebio (República Dominicana). Enrique Eusebio le negó su voto al libro, pero por mayoría Frank ganó.

Después de conocerse el veredicto, comenzó a circular por Internet un e-mail enviado por Eusebio a todos sus contactos, a la gente del Ministerio de Cultura y personas vinculadas al quehacer literario. Este mensaje a su vez fue reenviado y ahora es prácticamente del dominio público. No me detendré en todo el contenido del mensaje, pero sí me permito contar que Eusebio ratificaba que no votó por Postales porque era malo (lo que me parece válido) y porque, y cito sus palabras: "En este concurso están participando poetas nacionales que ya han obtenido este premio y son reconocidos tanto a nivel nacional como internacional y antologados y valorados ampliamente". Además se detiene a poner en duda la formación crítica y analítica de los otros dos jurados internacionales y de paso agrega una posdata en la que dice que el libro que envió otro autor al concurso era “pésimo”. Por último, incluye una selección de algunos poemas de Postales.

Este e-mail ha sido reenviado a muchísimas personas y a partir de entonces ha habido mucha desinformación y muchas opiniones emitidas sin conocimiento, en la mayoría de los casos con el deseo expreso de crucificar a Frank Báez y su poemario.

Hoy me detengo aquí para hacer algunas puntualizaciones sobre todo esto, ya que me parecen necesarias.

1- Resulta preocupante que una persona que fue contratada para ser jurado de un concurso ventile las interioridades del mismo sólo porque el veredicto no fue de su agrado. Si aceptó ser jurado de ese premio, sabía que corría el riesgo de que los otros dos jurados apostaran por un texto distinto al que él seleccionara, así que no veo porqué tanta indignación. Además, en acta consta que la concesión del premio fue por mayoría y no por unanimidad. Si esto no le era suficiente lo que debió hacer era renunciar.

2- El hecho de que enviara un e-mail a medio planeta hablando de todo esto, poniendo en tela de juicio la capacidad de sus colegas y criticando también el libro de otro escritor que participó, me hace pensar de inmediato en cuánto puede haber de ético en esto.

3- El libro Postales está compuesto por 33 poemas agrupados en tres partes. En la última parte aparece el poema que le da título al libro y que está integrado por 150 postales o dedicatorias “antipoéticas”, de esas que escribe en una postal y luego manda por correo.

En una entrevista que saldrá muy pronto en la revista Global, realizada por Jimmy Hungría a Frank Báez, éste se refiere a la última parte de su libro: “La idea de postales más que de contenido era de forma. Como te decía anteriormente, acá de nuevo hay unas mezclas de géneros, debido a que la técnica que yo utilizo en esas secuencias es la del collage. Muchas de esas secuencias son meras descripciones de fotografías o resúmenes de artículos policiales del periódico. ¿Qué intenté hacer? Crear la misma atmósfera que hay en los coros de las tragedias griegas. Por consiguiente, me deshice de la retórica y de cualquier elemento subjetivo. De los textos del libro, creo que es el más arriesgado, no sólo por la forma experimental, sino por el contenido y la ausencia de tropos y de adornos tan comunes en la poesía. Yo me propuse desvestir el lenguaje y presentar postal tras postal de la manera más cruda e hiriente posible. Pienso que Postales es la parte de desnudos del libro; la parte que es más incómoda de leer, no por la forma sino por el contenido; la parte que si hubiera censores literarios, le pondrían restricción para mayores de 18 años.”

Creo que Frank explica muy bien esta tercera parte de su libro y sus 150 postales que constituyen el 25.48 % del poemario.

Me detengo en esto porque cuando vi el mensaje del señor Eusebio noté de inmediato que el adjunto que él envió es un extracto de estas postales, en lugar de enviar una muestra representativa de todo el contenido del libro (para lo que tenía que solicitar autorización de Frank) de manera que cuando las personas leyeran el documento, pudieran formarse una opinión más justa de este poemario. Incluso, da la impresión de que todo el libro Postales está compuesto por textos semejantes a los que aparecen en esa tercera parte, cuando no es así.

A mí en particular me pareció una jugada muy inteligente y también una forma de manipular la opinión de los demás, ya que es demasiado obvio que Eusebio escoge un extracto de esta parte del libro porque sabe que es la que puede causar mayor repudio e incomprensión en el lector. Estoy segura de que no habría sido lo mismo si en lugar de eso, hubiera seleccionado textos de las tres partes para crear un balance y ser más justo con el autor que sometía a juicio público.

4- Otro aspecto que llamó mi atención es cuando dice que le dijo a otro miembro del jurado que en el Premio Nacional de Poesía estaban participando poetas nacionales que ya habían obtenido ese premio, que son reconocidos en el país y en el exterior, que son antologados y valorados ampliamente, y que cómo iba a justificar eso ante ellos. Es decir, que para participar en ese certamen no hay que tener un buen libro, sino curriculum y hay que también rendirle cuentas a los otros participantes cuando, que yo sepa, un jurado no tiene por qué justificar su voto ante otros concursantes y este premio es incluso inapelable. Y, volviendo a lo primero, es bueno recalcar, para que no se olvide, que en ese concurso no se participa con un curriculum sino con un libro, y que no es el prestigio de un autor el que participa, sino la obra.

Esto puede mover a discusión ya que algunos pueden opinar que quizás un premio de esta envergadura debe tener unos parámetros más elevados y que no se debería permitir que un escritor novel participe, sino que quienes lo hagan tengan ya cierto curriculum que los avale. Yo estoy en contra de eso y creo que las bases del concurso deben quedarse como están, permitiéndole a cualquier escritor dominicano concursar con su libro, sin importar si es el primero o es su décima publicación.

Y digo que me opongo porque creo que el objetivo del Premio Nacional de Poesía es reconocer al que se supone es el mejor libro de poesía del año, publicado o inédito, escrito por un autor dominicano. Ese mejor libro no necesariamente será de un autor “consagrado”. Además, este concurso no debería servir para que las mismas “vacas sagradas” de siempre sigan abultando su curriculum, sino para estimular la creación literaria.

5- El último aspecto que también se ha puesto en discusión es la inclusión en el jurado de escritores internacionales. Hace un par de años el jurado que se seleccionaba para este concurso era netamente dominicano, sin embargo, esto ocasionaba muchos disgustos ya que es un secreto a voces que muchas veces un autor premiaba a su amigo para que luego su amigo, cuando fuera jurado, lo premiara a él.

A mí me gusta que incluyan jurados de otros lugares porque pienso que eso permite que la tasa de manipulación, conflicto de intereses y confabulaciones, baje considerablemente o desaparezca.

Los premios nacionales de nuestro país estaban (y todavía continúan así) desacreditados porque siempre se escuchaban historias de que si uno de los que estaba concursando llamó a uno que era jurado, o que si un jurado no quiso premiar un libro porque era enemigo de su autor. Todo eso le resta credibilidad a este premio tan importante para la clase literaria dominicana. Además, aquí estamos contaminados por las mismas estéticas, los mismos grupos, los mismos enemigos y los mismos cuentos desgraciados, por lo que buscar gente de otras partes, sin compromiso alguno con el medio literario local, me resulta saludable y abre una ventana muy interesante: ahora cualquier escritor puede ganar el premio si el libro le gusta al jurado, usted no tiene que ser amigo de nadie (o dejar de ser enemigo) para ganarlo.

Para la gente joven esto es significativo porque muchos muchachos y muchachas que sentían que no tenían acceso a este concurso porque carecían de un amplio curriculum o porque no eran parte de las “vacas sagradas”, a raíz de la concesión del premio a Frank quizás sientan que sí tienen una oportunidad y que vale la pena arriesgarse.

Dicho esto paso a hacer algunas aclaraciones importantes:

1- El poemario Postales con el que concursó el escritor Frank Báez en el Premio Nacional de Poesía 2008 de este país, es el mismo que fue publicado en Costa Rica. Ese libro consta de tres partes y la última, integrada por 150 dedicatorias a modo de postales, lleva el mismo nombre del título del libro.

2- Las bases del concurso no prohiben que un libro de un autor dominicano, publicado en otro país o por una casa editorial foránea, pueda concursar. Lo que sí observa es que debe ser una primera edición, lo que cumple cabalmente el libro de Frank.

3- No es cierto que el libro que le publicaron a Frank en Costa Rica sólo estaba compuesto por las 150 postales. La edición costarricense que consta de 70 páginas y más textos que esa última parte, fue lo que Frank depositó acá para poder concursar. Esta aclaración es importante, sobre todo para la gente que ha leído algunas de las postales, no les han gustado, y luego han criticado el libro sin haberlo leído en su totalidad.

Aclarado esto paso al siguiente punto y para mí el más importante: mi opinión personal, nada académica, sobre el poemario de Frank Báez.

He leído el poemario Postales tres o cuatro veces y con cada lectura lo he disfrutado más y me he sentido mucho más conectada tanto con su contenido como con el autor. Este es un libro que se goza y divierte, pero que al mismo tiempo está impregnado de una gran nostalgia, de una melancolía que pone al descubierto el costado más vulnerable de Frank Báez, quien se muestra tal cual es y nos habla de sus treinta años, de sus caminatas solitarias, de su tristeza, de sus sequías creativas, de su relación con la palabra, de su vida y sus infortunios, y de su amor por Giselle, su novia, a quien está dedicado el libro.

Postales es también un libro irreverente, que transmite mucha frescura y da ganas de leer por entero, sobre todo porque no estamos ante una literatura acartonada en donde su autor trabaja las mismas fórmulas de siempre y recurre a las mismas figuras y recursos que ya conocemos y no nos generan ningún asombro.

Leer este poemario es como subirse a una montaña rusa. Frank nunca deja de sorprendernos con sus salidas, sus ocurrencias, con el tratamiento tan actual y cercano que le da al lenguaje, con las temáticas que explora que son los mismos temas que nos preocupan e importan a los jóvenes de hoy y que forman parte de nuestra realidad contemporánea.

Este es un libro desafiante en donde el autor se burla de todos e incluso de sí mismo. Hay en las páginas de Postales una crítica a la situación del país, al medio literario local e incluso una búsqueda personal y un enfrentamiento con su propia vocación creadora. Hay también soledad y el deseo desesperante de llenar esos vacíos con el amor. Porque sí, en Postales hay amor y una añoranza fervorosa de la amada que está distante y al mismo tiempo tan cercana en la memoria del poeta. Un amor que según el mismo Frank me señaló, en una entrevista que le hice hace tiempo para este blog, se extiende más allá de la amada y alcanza todas las cosas que menciona en sus textos que van desde los parques, las azoteas, los bares, los edificios, Santo Domingo y sus barrrios y sus personajes, y todo lo que conforma este pedazo de isla que en uno de sus poemas el autor convierte en un barco y lo echa a navegar en el mar.

Postales es un libro en donde Frank se permite experimentar, salirse de los cánones tradicionales y escuchar su voz interior, escribir con su propio acento, con su propio ritmo, a ratos sosegado y triste como en el poema Chicago y a ratos semejante a una fiesta de palos como en el poema La Marilyn Monroe de Santo Domingo. Hay también una gran belleza y unas imágenes que le calan a uno, como esa de los Beach Poets que escriben sus versos en las olas o aquella del poema Once estrofas para Giselle en el que dice que busca a su amada de la misma manera “en que Aristófanes comenta que se buscan las dos mitades en uno de los diálogos de Platón”.

Pese a que la última parte del libro es la que menos me gusta, con la que menos identifico, no creo que ésta sea determinante ni le resta interés o solidez al conjunto. En mi caso leí las 150 postales, capté el sentido de las mismas y el ánimo experimental y descarnado de este poeta que pese a su juventud tiene la valentía de arriegarse a ensayar con formas y a hacer su propia propuesta sin importar las ronchas o la incomprensión que pueda causar. Claro, porque uno sea valiente y escriba lo que quiera no significa que está haciendo algo verdaderamente innovador y de gran valor, no quiere decir que se vaya a tener éxito o que al otro vaya a gustarle eso, pero independientemente de si se logra algo, es respetable que alguien siga su instinto y escriba un texto que, como en este caso, aprecian unos lectores y otros no. Y ese es el riesgo que corremos todos los escritores cuando escribimos, que podemos encontrarnos con la celebración, o el repudio, o la incomprensión o con lo que es peor: la indiferencia. Yo puedo dar fe de que me he encontrado con todo esto.

Pero volviendo al poemario, Postales es un libro rico, interesante y lo más importante es que dice algo. En estos tiempos en los que nos encontramos con tantos textos que no nos transmiten ningún pensamiento y ninguna emoción, en estos tiempos en los que quizás en el medio local hayamos caído en la repetición de lo mismo, resulta más que agradable encontrarse con un libro que te haga cuestionarte algunas cosas. También tiene gran valor para mí el hecho de que el libro logra emocionarme y ya me imagino a Frank caminando solo por las calles de Chicago mientras cuenta los días para ver a Giselle, lo imagino en un banco de madera frente al río Moldava escribiendo unos versos, lo imagino sentado en un colmado del batey Alemán con las moscas dando vueltas alrededor de su cabeza y lo imagino convertirse en el poeta abucheado y apredreado de su texto Autorretrato.

Del libro, los poemas que más me gustaron son: Chicago, Once estrofas para Giselle, Uno para Alexei Kolesov, La Marilyn Monroe de Santo Domingo, Temporada en el paraíso, Nocturno, Esos días y Los Beach Poets.

En definitiva creo que vale la pena leer Postales, un poemario de un autor joven, talentoso, entregado por completo a este oficio que se nota le apasiona y ha convertido en su forma de vida. Aquí, Frank, el lector voraz, el hombre abrumado por la soledad y la realidad de su entorno, el treinteañero enamorado, nos da a beber estos versos auténticos que nos dejan con la sensación de haber estado ante un libro que recordaremos por el valor de su poesía y por lo que promete, porque sobre todo es un avance de lo que este autor nos dará en el futuro que, por lo que he leído, será todavía más importante.

Consideraciones Finales

Luego de haber escrito todo esto, sólo me queda recalcar para que hablar de un libro es necesario haberlo leído.

¿Cómo es posible que tanta gente esté juzgando una obra que no conoce? Eso sólo es una muestra de nuestra pobreza e ignorancia.

Algunas personas me han preguntado si yo considero que el libro de Frank se merecía el Premio Nacional de Poesía a lo que he respondido la verdad: creo que sí. Ahora bien, yo no fui jurado. No leí los otros libros. Puede que haya algún otro libro que concursó que para mí o para cualquier otra persona sea mejor que el de Frank, pero hay que estar claros en una cosa: el jurado es quien elige la obra, no uno. Además, no veo porqué tanto alboroto por un premio, ya que ganar un concurso sólo debería representar un estímulo para el autor, no una presea que hay que resguardar a toda costa como si eso convirtiera a la persona en mejor escritor.

De paso les digo que yo he leído libros que han ganado este mismo premio, de autores reconocidos, que a mí no me han gustado para nada. A mi juicio, ese premio lo han ganado otros libros con mayores deficiencias y pobrezas, pero parece que contrario al caso que nos ocupa, los autores de esos libros tenían padrinos que los protegieran y silenciaran cualquier tipo de protesta.

A mí me gustó Postales y me alegró mucho que Frank Báez ganara el premio porque como escritora joven esto es muy significativo para mí. Es una ventana que se abre para el resto de los muchachos y muchachas que estamos intentado abrirnos paso en el mundo literario. Además, para mí es evidente el talento de Frank y confieso que respeto mucho su trabajo y aprecio su poesía.

Sé que esto parece una defensa apasionada a Postales y en cierto modo lo es. Pero no me siento a escribir esto porque Frank sea mi amigo íntimo con el que me voy a beber cervezas los fines de semana, sino porque me preocupa que todo este circo y toda la desinformación que hay ensombrezcan lo realmente valioso: el hecho de que un autor de mi generación ganó un premio importante con un buen libro.

Me da mucha tristeza ver como los demás autores jóvenes se han quedado indiferentes o han gozado mientras las “vacas sagradas” crucifican a Frank y lo cualquierizan como si sus canas y su curriculum les permitiera faltarle el respeto a otra persona (sin importar su edad), ya que incluso han llegado al colmo de las ofensas personales.

Desde mi punto de vista esto se contradice con las quejas que he escuchado de los jóvenes y el reclamo de la mayoría de que se reconozca el talento emergente. Me da miedo pensar que estamos construyendo una generación de autores que no hará ningún cambio, que mantendrá el puño cerrado y que de paso se convertirá justamente en lo que más aborrece.

Por último, concluyo exhortándoles a todos que lean el libro en lugar de escuchar opiniones de terceros. Puede que Postales les guste, puede que no, pero de la única forma que lo sabrán es si lo descubren por ustedes mismos.