La relación hombre-mujer en "A mí no me gustan los boleros" de Jeannette Miller

Jeannette Miller es una autora que siempre me ha fascinado. Mi interés por su literatura data de años, desde que me encontré con su poesía y su narrativa descarnada, sincera y valiente. Ahora me encuentro con este racimo de relatos agrupados en el libro A mí no me gustan los boleros, un título sugerente que alude a un género musical que ha dejado su impronta y que en Latinoamérica en particular tuvo y sigue teniendo gran acogida por el carácter romántico de sus melodías que evocan el recuerdo, la intimidad, la tristeza y por supuesto que el amor y las relaciones de pareja en todas sus vertientes. Precisamente este último punto es el que pretendo abordar.

La literatura de Jeannette no sólo es un reflejo de la realidad socio-política y de la idiosincrasia dominicana, sino que además es un espejo de la mujer, su condición femenina y los retos que debe afrontar a diario en un país en donde predomina el machismo.

Existe una visión antropológica que sostiene que la distinción entre el hombre y la mujer, la manera de éstos interrelacionarse y asumir roles, es una construcción cultural más que biológica, y que lo que se asume como “natural” no es más que un comportamiento aprendido que ha impuesto una especie de misoginia colectiva que genera una serie de problemáticas que someten a la mujer a la marginación, la desigualdad y el abuso.

La antropóloga norteamericana Margaret Mead, una de las investigadoras y autoras más famosas en su campo, desarrolló pecisamente esta teoría avalada por una investigación que concluye con la denuncia de la injusticia que sufren las mujeres de occidente y recalca sobre todo el punto de que lo adjudicado a la mujer como algo “natural” no es más que una construcción cultural propia de nuestra sociedad.

Esta teoría encaja como anillo al dedo con las situaciones que viven los personajes femeninos de Jeanette Miller, la manera en que se dan sus relaciones desafortunadas con los hombres y cómo se convierten en el resultado de una sociedad todavía falocéntrica.

En A mí no me gustan los boleros la mayoría de los personajes protagonistas son mujeres que se corresponden con las de nuestra realidad contemporánea y lidian con los mismos problemas que debemos afrontar las dominicanas de hoy con los hombres. Estas mujeres reaccionan de manera distinta, algunas creando su propio mecanismo de defensa, otras rebelándose a su manera y la mayoría aceptando con resignación su situación.

Estamos hablando de relaciones hombre-mujer de carácter intenso y convulso, en donde están presentes el engaño, la subyugación y el abuso. Todo esto presentado con la crudeza y veracidad con que la autora siempre construye sus historias. En este caso nos encontramos ante un microuniverso que recrea algunos de los perfiles de nuestros hombres y mujeres, sumergidos en una dinámica triste del amor.

Entre los perfiles femeninos destaca el de la amante fiel y entregada, la dispuesta a satisfacer todas las necesidades de su hombre muchas veces por encima de las propias o porque se ha creado un vínculo de dependencia entre ella y su amante. Un ejemplo lo es la mujer del cuento La Clave: “Sí, había dicho que lo amaba y se entregaba a él como la esclava que todo hombre necesita”. Otro ejemplo lo vemos en el cuento A mí no me gustan los boleros, cuando su protagonista dice: “Lo que no entendía era por qué la buscaba a ella, que se le escondía con la esperanza de que algún día él se cansara de llamarla, de invadirla, de tomarla a su antojo como si fuera suya, incondicionalmente suya a cambio de nada, ni caricias, ni atenciones, ni bondad.”

También aparece en el libro la compleja relación de la amante que busca al amado, pese a ser conciente del daño que esto le ocasiona, como en el cuento Receta: “Me hacía falta verlo, y sin embargo era un suplicio estar con él”.

Otro caso curioso y típico es el de Martina, personaje que protagoniza el cuento que lleva por título su nombre. Esta doméstica proveniente del campo le explica a su señora qué es lo que hay que hacer con los hombres y al mismo tiempo le cuenta parte de su experiencia personal en donde el cariño y la satisfacción han estado ausentes, por lo que la manera de reaccionar de Martina es reduciendo la relación de pareja a lo utilitario: “No ‘ombe, doña, eso no tiene ciencia. Uno abre las pierna y se pone a contá. Lo importante e’un hombre que resuelva. Que te bujque tu techo y te mantenga loj muchacho.”

Pero debajo de este pensamiento aparentemente materialista, hay algo más complejo, que tiene sus orígenes precisamente en esa adjudicación de roles de la que habló Margaret Mead y de la que forma parte el de la esposa abnegada que debe estar con su marido pese a la falta de afecto o de algo tan básico como el placer, lo que menoscaba la autoestima femenina, que en este relato en particular sale a colación cuando Martina dice: “Yo ya voy pa’bajo. Dígame, ¿quién va a cargá con una mujer pobre de treintisei año?” .

Casos similares se dan en otros dos relatos que llamaron mi atención: Yo no quiero piedras en mi camino y Una chica cool. En el primero nos encontramos con una señora que además de sufrir la infidelidad de su marido, debe atender el hogar y a los hijos. Esta mujer, zaherida en lo más hondo, se abandona a sí misma y descuida su casa, como consecuencia de su infeliz situación marital. En Una chica cool aparece una joven de nuestros días, aparentemente trivial y promiscua, que en el fondo no es más que una muchacha con una gran carencia afectiva y una pobre valoración de sí misma.

En resumen, en los relatos de A mí no me gustan los boleros nos encontramos con unos textos que ponen de relieve las circunstancas difíciles y desgraciadas que deben enfrentar nuestras mujeres en sus relaciones de pareja, en donde ellas reaccionan y responden de la única manera que han aprendido, de acuerdo a lo que su educación y herencia cultural les permite. Estas mujeres viven sus historias con un bolero de fondo, asidas al cuello de su amante, embargadas por la tristeza de las separaciones, empequeñecidas por el engaño o ancladas por la resignación.

Con este libro Jeannette Miller, una de mis autoras de cabecera, nos demuestra una vez más su dominio narrativo y la asombrosa capacidad que posee para construir historias y personajes verosímiles en donde muchos de nosotros podemos vernos reflejados.