Libros

Desde que me casé he colonizado todos los rincones de la casa de mi marido y yo. He cambiado parte de la decoración, he tirado todo aquello que no me gustaba y lo he sustituido por cosas que sí me agradan. Como muchas mujeres, me he convertido en la reina y señora de mi hogar, sin embargo el otro día me di cuenta de que todavía había un rincón de la casa que permanecía intocable, como si se estuviera sublevando ante mí. Me refiero a la estantería que tenemos con libros. Ese lugarcito no fue arreglado por mí sino por mi esposo. El día que lo hizo lo miré espantada y le dije: «¡Eso no me representa para nada!».

Esta exclamación merece una explicación: Mi esposo había ordenado los libros de una manera extraña, poniendo en primer plano aquellos ejemplares de menor calidad y que a mí no me gustaban. Así que le expliqué que para mí el mueble de los libros era importante y tenía que representarme (y representarnos) como escritora y lectora, tenía que reflejar nuestros gustos y contener aquellos libros que han significado algo en nuestras vidas, ésos que nos han marcado y nos resultan inolvidables, libros escritos por autores que admiramos mucho.

Siempre me he preocupado porque la librería de la casa no sólo sea un reflejo de mis gustos más selectos, sino que además sea un rincón que invite al visitante a mirarlo y a curiosear entre los volúmenes que allí se exponen.

Mi esposo me dijo que ordenara los libros a mi gusto (los hombres a veces son muy sabios), pero nunca he sacado un poco de tiempo para esto ya que el día a día me absorbe. Pero en estos días he sentido la imperante necesidad de por fin ordenar los libros de la casa y colonizar el último rincón que no lleva mi bandera. Mi idea es poner en el lugar más importante aquellos ejemplares que más nos gusten a mi esposo y a mí, y desaparecer a Carlos Ruiz Zafón, Paulo Coelho y otras malas hierbas que le han regalado a mi marido y que él ha guardado por aprecio y yo aquinilaré por vendetta.

Para algunos esto quizás sea una tontería pero para mí es algo muy importante. Siempre he estado rodeada de libros y éstos se han convertido en mis grandes amigos y confidentes. Desde pequeña los libros han sido mi pasaporte hacia la felicidad, mi refugio cuando todas las tormentas se desataban a mi alrededor. Mi vida ha sido libros, libros y más libros. Libros con los que subes a un avión, libros con los que esperas un tren o un autobús, libros que lees a la luz de las velas o con una linterna debajo de las sábanas, libros que robas de la librería, libros que prestas a un amigo y que con alivio recuperas, libros que te consuelan cuando lloras y estás deprimido, libros que te transportan a una isla paradisíaca o a un desierto, libros que no te dejan dormir y te provocan pesadillas, libros que te convierten en súper héroe o en villano, libros que te causan heridas y otros que las curan, libros que te hacen mejor persona y otros que despiertan tus bajas pasiones, libros con los que te masturbas, libros que reposan en la mesita de noche y miran mientras haces el amor con tu marido apasionadamente, libros que se convierten en tus mejores amigos, libros tan valiosos que sin ellos no concebirías tu vida.

Por todo esto y pese a mi desgano, sacaré tiempo para arreglar por fin mi estante y darle a mis libros el lugar que se merecen.