El acto

Tengo las manos manchadas de sangre
Arderé en el infierno
He matado el fruto con seis pastillas
Me las vendió una joven ecuatoriana
y como una profesional me explicó cómo usarlas.

He tenido suerte
No tuve que recurrir a perchas de acero
ni a extraños brebajes recomendados por brujas
Yo he sido más elegante
He utilizado un mejor método
He estado tumbada en una cama
con las pastillas en el estómago y en el útero
destruyéndome en el dolor y el delirio
rehaciéndome en la seguridad de mi acto
acalambrada, doblada en dos por los cólicos
viendo el espeso mar rojo que salía de mí misma
maullando por lo que nunca se ha tenido
escuchando en mi interior el graznido del cuervo
tejiendo mi futuro sin peso en la conciencia.

Hoy, después de que todo ha sucedido,
le he tomado prestada la vasija a Pilatos
me he lavado las manos lentamente
y las he secado con el pañuelo más fino.


© Rosa Silverio 2007
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