Copia vs. Originalidad

Algo que siempre evitamos los escritores es que nuestra literatura se parezca a la de otro autor, por lo menos conscientemente. Siempre andamos en la búsqueda de nuestra propia voz, de nuestro propio universo lingüístico, de nuestro estilo literario. Lo que cada autor desea es que cuando la gente lea un texto suyo diga: esto lo escribió Juan Pérez.

Nadie quiere que lo conozcan como una mala copia de otro autor, mucho menos como un plagiador. Aunque un autor siempre tiene sus referentes e influencias, sus maestros, este siempre busca la originalidad.

Hace mucho leí un poema que era sorprendentemente parecido a mi texto «Hay que ponerle nombre a esta tristeza». No me gustó el asunto pero no le di mucha importancia. La autora es una joven dominicana que siempre leía (o lee) esta página y publicó su poema luego de que yo publicara el mío aquí, por lo que no me cabía la menor de que habían ocurrido una de dos posibilidades: o lo había copiado aposta o sin darse cuenta había hecho un calco de mi texto.

En ese momento no dije nada pero hace poco comprobé que esa joven había publicado otros textos muy parecidos a los míos, utilizando incluso las mismas palabras que yo, lo único que ordenándolas de manera distinta. Esto me pareció de muy mal gusto y por eso me decidí a escribir esta entrada como forma de denuncia, aunque no me interesa hacer «una tormenta en un vaso de agua» ni mucho menos hacerle daño a esa muchacha, aunque espero que lea esto para que tome conciencia de lo que ha hecho y lo evite.

Para que vean a qué me refiero, mi poema «Hay que ponerle nombre a esta tristeza dice: «Hay que ponerle un nombre a esta tristeza/ hay que ponerle un corazón/ un ojo de gato o de serpiente/ hay que ponerle un vestido/ tacones/ maquillaje…». Ella comienza su poema «Nombrarla… » diciendo: «Hay que nombrar de alguna forma a esta ausencia/ a esta soledad de manos alargadas y uñas afiladas/ a esta sombra que me persigue por las calles…».

Mi poema dice «Hay que saber que la tristeza no sólo existe/ sino que también tiene su espacio/ su rincón en el interior de cada cosa/ su propia coloratura,/ sus exigencias/ e incluso sus horarios…» y luego «Hay que entender que las cosas/ tienen un lugar geográfico/ una textura exacta y una forma…». Ella escribe: «Hay que llamarle de un modo, darle forma y dibujarla/ Hay que pintarle un rostro que parezca familiar, uno agujereado/ por los años…» y luego «hay que otorgarle un espacio y una cartilla de identidad, un número de seguro social y un boleto de ida de mi piel.»

Y así sigue su poema. Podría ponerlo completo para que se dieran cuenta de lo evidente que es la imitación, pero debo respetar sus derechos de autor.

También encontré similitudes más que sorprendentes de sus poemas con otros míos, como son: «Desnuda», «Este poema», «Ven…», «Interior» (la versión en prosa poética), «Vámonos», «Soy», etc, etc, etc…

Lo único que puedo decir, a modo de broma, es que si vamos a copiar, hagámoslo a lo grande, seleccionemos a autores consagrados y no a autores que apenas están abriéndose camino.