Boda de Ro y Miguel Ángel

Amigos y amigas:

Hoy, pese a mi problema de visión borrosa, quiero compartir con ustedes algo maravilloso que me ocurrió a mediados de diciembre del año pasado.

Una persona volvió a mi vida para darme el agua que no podía beber, la realidad que no podía alcanzar y el amor que se desdibujaba en mi memoria.

Esa persona se llama Miguel Ángel Hernández y juntos decidimos contraer matrimonio luego de que él me sorprendiera entregándome un anillo de compromiso en el restaurant Camp David Ranch.

El amor no sabe de tiempo, ni de edades, ni de fórmulas. El amor sólo sabe amar y espera ser amado en la misma medida.

Por eso, luego del dolor y el miedo, decidí dar el paso contando con el apoyo sincero de mi familia.

Así que el 19 de diciembre Miguel Ángel y yo nos casamos en el mismo lugar en donde él me pidió la mano, desde donde se ven todas las luces de la ciudad como si fueran estrellas en la tierra.

La ceremonia fue bellísima y allí sólo estuvieron nuestros familiares más cercanos, ya que quisimos hacer algo íntimo, propio de las cosas que a mí me gustan.

Tengo que agradecer a Hanser Rosario, mi cuñado, que para la boda se convirtió en mago y resolvió todos los problemas que se presentaron a último minuto.

También debo darle las gracias a Fátima Hernández, la hermana de Miguel Ángel, encargada de comprar los billetes de avión de toda su familia y quien me acompañó por varias tiendas de España para que yo escogiera mi traje de novia. Por suerte encontré algo que me gustó: sencillo, elegante, que recordara a las diosas griegas.

Una persona a la que le debo muchísimo es a Emmanuel Bretón, mi amigo del alma, quien fue el encargado de la música y además de las fotos. Gracias a él tenemos un archivo de fotos preciosas de ese día. También Judit Fernández se esforzó y colaboró con nosotros haciendo las invitaciones, las fotos del backstage y más fotos durante la boda.

Agradecer a mi hermano Rafael Silverio quien aceptó ser el padrino del enlace y estuvo totalmente a la altura. Estaba guapísimo y dio un discurso sorprendente.

No puedo olvidarme de mi generala, Dahiana Silverio, quien fue la persona que coordinó todo desde República Dominicana, y cuando digo todo es todo, desde la tarta, el salón y su decoración, los papeles que había que entregar al juez civil, contratarlo, preparar el vestuario para el cortejo, maquillarme a mí, calmarme los nervios con un pequeño golpecito en un hombro y sacrificarse durante toda la noche pues la persona que hizo los trajes se equivocó y él de ella era por los menos dos tallas menos de la real.

Le doy las gracias a todos la Familia Hernández, en especial a Mauri, quien fue la madrina de la boda, por haber hecho ese largo viaje para estar con nosotros en el momento más importante de nuestras vidas. Ahora sé que aquí en España tengo otra familia.

No puedo dejar de mencionar a mi amiga y periodista Grisbel Medina, quien publicó una crónica de la boda titulada «Besos en la cúspide». Gracias, hermana.

A Julio César Valentín por ser cómplice de este amor.

Por último, a mi madre. Quien no fue madrina ni nada pero es mi puente hacia la vida, uno de mis amores más enamorados. Gracias, madre mía, por apoyarme y entenderme, por estar ahí ese día, por ser lo que eres, por darme tanto amor que cuando pienso en ti tiemblo de emoción.

Algunos detalles:

Lugar de la boda: Camp David Ranch.
Día: Sábado 19 de diciembre.
Hora: 7:00 p.m.
Música: Emmanuel Bretón y Goretti Crouset de Bretón.
Fotografías: Emmanuel Bretón y Judit Fernández.
Música de entrada de la novia: El Canon de Pachelbel.
Cortejo nupcial: Amy y Alba (pajes), Eridania Silverio(dama), Yasmin Peralta (dama) y Dahiana Silverio (dama de honor).
Padrinos: Rafael Silverio y Maurina Pastor.
Canciones que bailaron los novios: «Para ti» de Emmanuel Breton y «Si tú no bailas conmigo» de Juan Luis Guerra.
Poema que se leyó al inicio de la ceremonia: «Llevo tu corazón conmigo» de E. E. Cummings, en la voz de Dahiana Silverio.

La ceremonia empezó con la entrada del cortejo, luego entré yo. Quise entregarme yo misma porque ése fue un acto voluntario, de amor y porque no necesito que nadie me entregue, cuando soy yo la que voy a los brazos del amado con total libertad. Después vino la lectura del poema «Llevo tu corazón conmigo» en la voz de Dahiana Silverio. A eso le siguió los anillos y la lectura de los votos que tanto Miguel Ángel como yo escribimos para cada uno. Luego vino el clásico beso y después un brindis en donde el padrino, el novio y la novia dijeron algunas palabras. Más tarde vino la cena, el baile de los novios y de todos los familiares que estaban ahí presentes.

Aquí los dejo con con algunas fotos y un video que incluye una selección de fotos del backstage, la boda y la luna de miel que fue en el Hotel Bahía Príncipe El Portillo, en Samaná.







Películas

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Salir del clóset II

Hace días escribí una nota que titulé «Salir del clóset». Fue el primer título que se me ocurrió pero aclaro que no lo decía porque yo me sintiera encerrada en un armario, porque siempre he sido franca con la gente que hablo y si en algún momento no lo he sido con alguien es porque esa persona no me interesa y tampoco quiero compartir con ella mis cosas.

Dentro de los comentarios que me dejaron está el de la libertad sexual y me emocionó ver cómo los comentaristas entendían a lo que yo me refería. En el blog siempre me han preguntado: «¿Eres lesbiana?», y yo nunca he respondido de una manera directa porque pienso que eso es un asunto de mi intimidad y además porque nunca he querido convertir el blog en un circo, ni quiero que me etiqueten. Pero todos los que me conocen saben que mi opinión es la siguiente: Creo en la libertad sexual, en el derecho que cada ser humano tiene a elegir su pareja sin importar si es hombre o mujer. En mi caso, cuando me he fijado en alguien, cuando alguien me ha atraído, no ha sido porque sea del sexo opuesto, sino porque entre esa persona y yo surge algo, las feromonas se despiertan y empiezan a comunicarse, el pensamiento del otro me atrae, me atrae su piel, me atrae su mirada, me atrae la idea de lo que sería compartir de manera más íntima con ese alguien que puede ser cualquier sexo.

No me gustan las etiquetas, por eso yo no me pongo ninguna. Creo que las sociedades deben trascender eso porque lo único que hace es distanciarnos, alejarnos los unos a los otros, en lugar de acercarnos y aceptarnos. La mayoría de un grupo es totalmente intolerante con las otras minorías. Y eso me enferma. Una de las cosas que debería aprender la raza humana es que la diferencia es interesante y que la tolerancia es obligatoria. Tú no tienes que aceptarme si no quieres, pero debes respetarme y tolerarme, darme un trato justo, a la altura de lo que cualquier persona nacida se merece.

El otro punto que comentaron algunos amigos es la creencia de Dios, algunos me dijeron, incluso por carta privada, que se entristecían mucho porque yo no creía en Dios, porque era una atea (otra etiqueta) y algunos me recomendaron con mucha educación y cariño buscar la senda del Señor.

Yo no digo que no soy creyente para hacerme la diferente, ni porque me guste ir contracorriente. A esa convicción he llegado luego de estudiarme todas las religiones, de ir a diferentes templos y sentirme vacía en cada uno de ellos.

¿Cómo puedo creer en un Dios que no se deja ver? ¿Por qué no va a CNN y dice: Éste soy yo, Dios? ¿Por qué mantener tanto misterio, por qué destruir lo creado con un diluvio, por qué hacer pasar a Job por todas las desgracias que vivió? ¿Por puro egocentrismo?

A mí me resulta imposible creer en aquello que no puedo percibir a través de mis sentidos. Ustedes dirán, pero tú crees en el amor y eso no lo percibes a través de tus sentidos. Sí, es cierto, creo en muchos conceptos abstractos como el amor, la bondad, la justicia, ente otros, pero todos esos conceptos son llevados a cabo por los seres humanos, por gente que yo puedo sentir, oler, ver y tocar.

Mi mente es muy racional para algunas cosas y no cede con facilidad ante aquello que se impone como una regla que no se puede criticar ni debatir.

Hace un tiempo, leyendo «El guardador de rebaños» del heterónimo de Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, leí un hermoso poema en el que el poeta explicaba desde una filosofía panteísta la existencia de Dios. Me pareció tan bella que ahora quiero compartir algunos fragmentos con ustedes y con esto dar por terminado el tema.

4

«No creo en Dios porque nunca lo he visto.
Si él quisiese que yo creyera en él,
seguro que vendría a hablar conmigo
y entraría por mi puerta
diciéndome: ¡Aquí estoy!

(Quizá suene esto ridículo a los oídos
de quien, para no saber lo que es mirar las cosas,
no comprende a quien habla de ellas
con la manera de hablar que enseña al observarlas.)

Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y la luz de la luna,
entonces creo en él,
entonces creo en él a todas horas,
y toda mi vida es una oración y una misa
y una comunión con los ojos y por los oídos.

Pero si Dios es los árboles y las flores
y los montes y la luz de la luna y el sol,
¿para qué le llamo Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y luz de luna;
porque si él se hizo, para que yo lo vea,
sol y luna de la luna y flores y árboles y montes,
si se me aparece en figura de árboles y montes
y luz de luna y sol y flores
es que quiere que le conozca como árboles y flores y luz de luna y sol.»

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Salir del clóset

Vivimos en un mundo lleno de tabúes y de silencio, de gente que muere asfixiada detro del armario.

No muchas personas tienen la valentía de decir lo que realmente son y piensan, porque quizás sería ir contra el «establishment», contra aquello que la sociedad considera bueno, puro y válido.

Por eso hay tantos homosexuales reprimidos, tanta gente con alguna enfermedad mental que intenta esconderla a toda costa para que no la menosprecien y la traten como si tuviera alguna enfermedad contagiosa. Porque en particular a estas personas se le menoscaba su dignidad, se burlan de ellos y sobre todo la vida se le hace más dura en una sociedad en donde la "diferencia y la tolerancia" no son entendidas.

En mi caso, a mi edad, no tengo ya tiempo para ocultar lo que soy y tampoco me da la gana. El largo trayecto de vida que he recorrido no ha sido fácil y ha estado lleno de alegrías pero también de mucho dolor y confusión.

Por eso quiero contar mi experiencia brevemente, salir del clóset (si es que alguna vez estuve allí porque soy muy franca) y decirle a mis amigos y a la gente que sí, que yo también soy un "ave rara", una mujer que no cree que para enamorarse hay que cerciosarse de si el otro es del sexo opuesto, tan sólo dejarse llevar por las feromonas y la empatía.

No compito con ningún hombre, pero no permito ningún tipo de vejación de parte de ellos sólo porque nosotras somos el "sexo débil". Yo no fui creada para quedarme sentada temblando de miedo y mirando una puerta, como «La mujer rota» de Simone de Beauvoir. Tampoco para difrazarme de hombre e intentar conseguir un mínimo de respeto como George Sand o la poeta dominicana Ylonka Nacidit Perdomo.

Yo soy mujer, compradora compulsiva, en especial de bolsos y zapatos, me encanta maquillarme, usar lencería y como buena caribeña también bailar. Asi como leo «La tierra baldía» de T.S. Eliot, en la peluquería me he leído las candentes historias de amor de Corín Tellado. No me gustan los grupos literarios. No me interesa pertenecer a ninguno ni intentar agradar para que me acepten. Prefiero la soledad, esta vida en silencio, desde donde puedo trabajar con mayor lucidez y compromiso que haciendo de escaparate en todos los eventos sociales.

No creo en Dios, sino en la bondad de los hombres. Sufro de depresión crónica y de TLP (Trastorno Límite de la Personalidad) desde los 17 años y a partir de entonces he estado en tratamiento psiquiátrico. Ahora que estoy en España, también .

No me gusta la hipocrecía, el cinismo, la falta de humildad, la falta de coherencia e incluso en muchos casos la falta de gratitud (aunque lo mejor es hacer las cosas sin esperar siquiera que te a agradezccan). Prefiero la verdad luminosa y transparente, el cariño real del ser amado y esas pequeñas cosas de las que habló Joan Manuel Serrat en una canción que para mí es inolvidable.

Para concliuir: No es fácil cargar con esta angustia, con esta alforja tan pesada, con los ataques de pánico o el luchar a diario por levantarme de la cama.

Pero ojo: No cuento esto para provocar lástima ni mucho menos, sino porque esa soy yo y estoy harta de que sobre mí se extiendan tantas leyendas urbanas. Además, cuando uno está viejo, ya no le importa contar su vida y sus más recónditos secretos. Hasta le produce risa esas morbosas leyendas. Puede que sea por las fotos que pongo en Facebook y en el blog. Esas fotos me recuerdan a Ana Frank quien solía mostrar suparte más payasa y divertida y guardarse para sí la parte sombría... la madeja. Ella se consideraba una mimosa sensitiva.

Y bueno, escribo pensando que quizás otros puedan salir de su closet y ser más felices o por lo menos aligerar la carga. También lo escribo con la vana ilusión de que cuando yo muera quede constancia de lo que soy y lo que he sido.

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