La opinión del lector

Cuando una persona se dedica a mi oficio, debe estar preparada no sólo para los halagos sino también para las críticas. Algunos escritores no pueden vivir sin la adulación, mientras que otros son conscientes de que no son moneditas de oro para gustarles a todo el mundo y que habrá un porcentaje de los lectores que rechazarán su trabajo.

Como escribo desde muy joven estoy acostumbrada a todo. No soy tan sensible a los comentarios negativos como cuando empecé a escribir. Con el tiempo uno va aprendiendo a que no es inmune a la crítica y a que alguien te puede querer mucho como persona y no necesariamente gustarle lo que escribes. Si no nos mentalizamos psicológicamente para esto estamos jodidos. Tendremos que vivir siempre en la mentira, fingir que a todo el mundo le fascina lo que hacemos cuando la realidad es que no es así. Puedes incluso ser un autor muy exitoso, ganar premios importantes como el Nobel, y no gustarle a todo el mundo. Siempre habrá un detractor detrás de la puerta. Pero lo peor de todo es que puede que ese detractor tenga la razón. Quizás por eso la mayoría de los escritores somos tan inseguros y sensibles a la crítica. Nos cuesta aceptarla, lidiar con ella y capear los golpes de los lectores cuando algo que hemos escrito no les gusta o no les llena.

En mi caso en particular, siempre he tratado de que la gente cercana a mí me diga lo que realmente piensa sobre mi obra ya que eso es para mí como un entrenamiento, me ayuda a enfrentarme a la crítica y a resistir las embestidas cuando todo el mundo te dice que lo que has escrito es, en buen dominicano, pura porquería.

Sin ir más lejos, el otro día un lector anónimo, al leer la entrevista que me hicieron para la sección Ventana del Listín Diario, me envió este mensaje:

«Pues a mí no me ha gustado nada. Tienes mejores cosas, Rosa. Es mucho mejor tu poesía de aquellos tiempos en que empecé a leerte, hace ya algunos, a veces no se mejora con el tiempo.Un saludo.»

Vamos a contextualizar: el amigo anónimo ha leído la entrevista que me hicieron luego de ganar el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2011. Evidentemente esta persona no ha leído el poemario premiado, «Arma Letal», ya que todavía no ha sido publicado (al menos que sea alguien que haya tenido acceso al libro a través del Ministerio de Cultura, institución que organiza el certamen), pero deduzco que quiere decir que no le gusta lo que actualmente escribo (lo que supone que ha sido premiado) y que prefiere aquella poesía que escribía en mis comienzos.

Yo en particular no estoy de acuerdo con este lector. Creo que mi poesía actual es mucho mejor que la de mis primeros años como poeta, en especial la poesía que estoy escribiendo desde hace tres años. Sin embargo, me parecía hasta antidemocrático no compartir aquí el comentario que él me envió y que necesitaba mi aprobación para ser leído por todas las personas que visitan esta página. Así que aquí lo publico porque entiendo que quien lo ha escrito tiene derecho a tener sus propios gustos, porque es una opinión válida aunque yo no la comparta y porque ese es uno de los precios que conlleva escribir: aprender a lidiar con las opiniones negativas y a darnos cuenta de que no somos dioses aunque cuando escribimos nos sentimos como tales.