La lectura no es una competencia


Leer nunca debe ser una competencia. Utilizar la lectura para decir que se ha leído tantos libros al año me parece una tontería. También me parece una estupidez presumir de que se tiene mayor cultura solo porque cada vez que se conversa se tiene la memoria para recordar lo que dijo tal autor o tal filósofo. 

Yo soy muy olvidadiza. No me aprendo ni mis propios poemas. Así que no suelo recordar citas ni mucho menos acumularlas en mi cabeza para luego tener una conversación aparentemente "intelectual". Tampoco leo con rapidez para decir que he leído tantos libros a la semana porque lo importante no es la cantidad sino la calidad y al mismo tiempo la capacidad que se tenga para interiorizar lo leído. 

Pero es que no debemos olvidar ante todo que la lectura debería ser un placer, no una tarea forzada como si estuviésemos en la escuela o como si al leer nos estuviéramos metiendo en un campo de concentración. Evidentemente que en muchos casos hay que crear el hábito de la lectura, como pasa con otros pasatiempos. Una persona no puede saber que le gusta montar en bicicleta si no lo intenta. Y así como las personas aprenden a montar en bici, se puede educar el hábito de la lectura orientando a las personas para que descubran qué tipo de literatura y de autores van con su sensibilidad. Así tendremos gente que no solo escucha música o ve televisión, sino que también disfruta del maravilloso universo de los libros. 

Pero insisto, la lectura no puede ser una imposición o una competencia, y siempre el lector podrá ejercer el derecho a dejar un libro que no le guste. Sin embargo, lo importante será siempre que quien lea goce plenamente, que viva profundamente lo leído y que incluso aprenda. 

Por eso yo me tomo mi tiempo con cada libro. Lo saboreo despacio y vuelvo hacia atrás cuando he leído un pasaje que me gusta mucho. Incluso me detengo cuando en una novela he leído algo que me ha emocionado porque no quiero seguir adelante sin antes haber asimilado del todo la emoción del momento que he vivido a través de ese capítulo o fragmento. Lo mismo me pasa con los libros de poesía. Leo un poema, sigo hacia adelante, pero a veces vuelvo atrás o me detengo porque un poema tiene muchas lecturas o porque sencillamente me cautiva y tengo la necesidad de saborearlo muchas veces. 

Esto, pienso yo, es disfrutar plenamente del mundo de los libros, de la lectura. Y esto es lo que da conocimiento, lo que da cultura.