«Matar al padre»: Selección para abrir el apetito

2

Ahí va el gran ataúd
de tan ligero parece que flotara,
parece que va encima de una nube.
Lo llevan algunas manos torpes,
las otras están en la hora de la siesta.
Ahí va la caja negra,
adentro se mofa la carroña.
Ha dejado la desgracia en nuestras casas,
va dejando el rastro de la bestia.

¿Quién de ustedes será el enterrador?
¿A quién le tocará cavar la tumba?

Desde su ventana, una niña observa el cortejo.


26

Déjame acercarme a ti
por el camino acostumbrado
por la ruta que inventaste
para mi angustia
para ser yo misma en tus humedades
para encontrar en ti
lo que me fue negado

Déjame acercarme a ti
silenciosa y taciturna
con todas las heridas de guerra
con el lado izquierdo mutilado
teñida de azul para nuestro encuentro.

Déjame acercarme a ti
refugio imaginario
puente hacia la vida
arrecife escondido.

(Perdóname, padre,
por haber amado)


35

Ahora que puedo alejarme,
ahora que puedo dejar de sentir las cosas
y empezar a sentirme a mí misma a pesar de la materia.
Ahora que puedo recorrer los bordes y los centros,
volver a tejerme,
caminar por las plazas públicas sin miedo a los huracanes.
Ahora que puedo ser yo completamente,
enteramente,
en este instante preciso de la palabra,
es ahora cuando siento que puedo ver a la muerte de frente
y sobrevivir a su embestida,
puedo sobreponerme a los surcos abiertos,
nadar hacia lo oscuro y regresar sin mutilaciones.

Ahora sé que puedo descorrer los mantos,
cerrar todos los paraguas.

Llegó el tiempo de las reconciliaciones.
Salió el sol.


37

Se ha roto la telaraña, se llenó de agua la cuna,
se cayeron todos los puentes de la ciudad
y el cuervo vuela más bajo que antes.

¿Qué haremos para salvar a los inocentes?

Hay una  larga fila al final del túnel,
al borde del barranco.

En esa fila está tu madre y tus hermanos,
están tus hijos y mis hijos.

Las ingenuas hormigas van rumbo al matadero.

Nadie las detiene.
Nadie parece oponerse a su último acto.

Alguien tendrá que hacer algo,
alguno de nosotros debería impedir esa barbarie.

Pero todos preferimos jugar al escondite.


50

Padre mío, padre mío
aquí en la cruz tu hija agoniza
mira la herida en mi costado
mira la vil corona que me han puesto
mira los clavos que me cruzan.

Padre mío, padre mío
la masa de poetas ya se aleja
solo la madre me acompaña
el viento sopla con fuerza
y todo se ha oscurecido.

Padre mío, padre mío
estoy cerca de la hora
ya el buen ladrón se ha ido
y tu hija está cansada.

Padre mío, padre mío
por qué me has abandonado.



51

Versos menores
pequeñísimos
invisibles
insignificantes
más allá del imaginario.

Versos como búnkeres
como nudibranquios
como fantasmas.

Versos suicidas
de la pérdida
de la flagelación
y la locura.

Versos imposibles
infecundos
versos que no tienen nombre
ni escondite.


61

¿En dónde está mi amiga la hormiguita?

Ah, ahí la veo
va en una fila larguísima
junto a todas sus hermanas
lleva una partícula de azúcar
y va directo a su colonia.

¡Qué contenta va mi amiga
con su magnífico tesoro!

La miro y pienso
en la grandeza del mundo
y en la frágil pequeñez de algunas cosas.

Me levanto del asiento
entre el torpor y la abulia de la tarde
y con una humilde reverencia
aplasto a la hormiga
a modo de saludo.


63

Abre tu gran boca, Saturno
y cómete a todos los vástagos
que has abandonado en esta tierra.

Empieza por esta humilde servidora
que desde hace tiempo anda en busca de su muerte.

Abre tu gran boca, padre
y conviértete en el gran devorador
en la insaciable personificación del verdugo.

Ten misericordia de tus hijos
y muélenos en el gran molino de tu boca
antes de que la venganza nos cegue
y entre nosotros se alce el parricida.


© Rosa Silverio 2014
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